El día a día del comedor escolar es lo que apasiona a Trinidad Ponce.
El día a día del comedor escolar es lo que apasiona a Trinidad Ponce.

Trinidad Ponce, una empresaria con 12.000 hijos

La firma de la que es propietaria gestiona el comedor de 33 colegios de la Comunidad de Madrid

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Cuando Trinidad Ponce salió con 16 años de San Bartolomé de la Torre (Huelva) con su «maletita» para buscar fortuna en Madrid no imaginó que, 38 años después, sería una empresaria de éxito con 900 personas a su cargo.

Trabajó en varias empresas, pero fue a los 20 años cuando por fin sintió que había encontrado su sitio: el Colegio Ramiro de Maeztu. Allí empezó trabajando en el comedor, lavando platos, limpiando mesas y organizando la cocina, pero pronto la dirección se fijó en su talento. «Me encargaron la gestión del personal, elaboraba los menús, gestionaba los pedidos, controlaba la calidad. Sabía hasta los garbanzos que eran necesarios para cada plato. Me conocía al dedillo el día a día de un comedor», explica. Por eso, cuando poco después surgió la oportunidad de gestionar el servicio completo del comedor, no se lo pensó dos veces. «Aproveché esa oportunidad que me dio la vida, aunque tuve que proponer como socio al jefe de cocina para crear la empresa, pues entonces no estaban bien vistas la mujeres emprendedoras», cuenta. Así fue como con apenas 25 años lanzó su propia empresa, SECOE, que hoy, tras años de dedicación y esfuerzo, gestiona el comedor de 33 colegios de la Comunidad de Madrid, donde comen a diario más de 12.000 niños.

La consejera Engracia Hidalgo, junto a Trinidad Ponce, tras recoger su premio.
La consejera Engracia Hidalgo, junto a Trinidad Ponce, tras recoger su premio.

La empresaria acaba de recibir el Premio «Madrid Excelente a la Confianza de los Clientes» de la CAM. Un galardón con valor añadido pues los comedores están más vigilados que nunca. Dice que el secreto de su éxito es escuchar a los padres, apostar por la salud y la calidad de la comida y mantener su compromiso con la educación. Prueba de ello son sus iniciativas pioneras: el «papá o mamá comensal» (que permite a la familia comer en el colegio cuando lo deseen), la figura de la enfermera del comedor para atender urgencias (alergias, caídas, golpes, heridas...) y los cursos para que los alumnos aprendan a hacer la maniobra de «Heimlich», que ayuda a evitar el riesgo de muerte en los atragantamientos.

La historia del arranque del «papá comensal» es curiosa. Cuenta Trinidad que en uno de los colegios a los que daban servicio empezaron algunos padres a protestar sobre la comida, argumentando que no era lo suficientemente buena para sus hijos. «Propuse a la directora que les invitásemos a comer un día y quedaron encantados. Pero después dijeron que en realidad ese día nos habíamos esmerado porque venían ellos, así que decidimos fijar un día a la semana, los martes, para que pudieran acudir al comedor. Pero de nuevo dijeron que como ellos iban los martes lo hacíamos mejor los martes que otro día, así que decidimos abrir la posibilidad a que fueran los padres los que eligieran el día que querían ir al comedor». Ahora esta fórmula está en todos los colegios que gestiona SECOE y también en otros centros. «Me han copiado en otras empresas, pero no importa si eso va en favor de los niños, que son como mis hijos. Yo aprendí de la experiencia, ahora que otros aprendan de mí», comenta

No hay que obligar a un niño a comer

Su obsesión siempre ha sido que los niños coman sano. «Antes los menús se elaboraban según el deseo del AMPA y la dirección del colegio. Pero siempre he luchado porque los menús fueran variados y saludables. Los padres rechazaban las propuestas que incluyeran pescado, legumbres, frutas y verduras porque creían que esos alimentos no les gustarían a sus hijos pero yo decía: ¿Por qué tengo que darles macarrones si lo comieron antes de ayer?».

La clave está en la información. Trinidad Ponce reconoce que en los últimos años ha sido necesario concienciar a la sociedad de la importancia de que los menores coman sano. «Nunca se debe obligar a un niño a comer. Hay que negociar con él, ayudarle con juegos a que descubra nuevos sabores y nuevos alimentos y enseñarle cuáles son las vitaminas y los minerales que le aportan a su cuerpo. Y eso lo consiguen mis trabajadores, los que viven esta tarea con tanta pasión como la vivo yo», sentencia.

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