Las razones que han llevado a un profesor a adaptar Fortnite para educar a sus alumnos

Victor Arufe convierte los elementos violentos en valores individuales y grupales para sus estudiantes

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El famoso videojuego Fortnite, que cuenta con más de 125 millones de usuarios registrados, hace furor entre niños —y eso que está recomendado por el Código PEGI para mayores de 12 años— y adolescentes. En cada partida deben luchar a vida o muerte para sobrevivir ante una serie de avatares. Gana el último que siga en pie. Este contenido ha sido considerado por muchos expertos, familias y docentes como violento, lo que ha hecho que sea duramente criticado.

Aún conociendo estas críticas, Víctor Arufe, profesor de la Universidad de A Coruña, se ha atrevido a retar dichos comentarios y a adaptar el famoso videojuego para que el profesorado de Educación Física en Primaria, Secundaria y Bachiller lo pueda aplicar en su aula, como una propuesta innovadora. Este docente no niega que en el juego haya escenas de violencia pero, en su opinión, esto no implica que genere violencia. Explica que hace años, por ejemplo, los dibujos animados de El Coyote mostraban a los niños miles de tácticas para acabar con la vida del Correcaminos. «Ha llevado un cuchillo en sus manos para pincharlo, le ha lanzado una roca de gran tonelaje para aplastarlo, le ha puesto dinamita…Y pese a estas escenas de violencia, nos hemos reído y hemos crecido sin ser seres violentos».

Considera que, en ocasiones, nos alarmamos excesivamente y quedamos atrapados en la cerrazón sin ver las posibilidades u oportunidades que nos puede generar este juego. «Detrás de lo aparentemente negativo, siempre hay algo positivo con lo que podemos trabajar», añade.

Inculcar valores

En su particular adaptación del juego asegura que no hay que matar a humanos, se trata de sobrevivir en una isla fantástica y ser el más estratega de todos los participantes. En él hay seres no reales, a veces los alumnos juegan con una hamburguesa, otras con un plátano, etc. «Cuentan también con participantes humanos, y especialmente tiene muchas mujeres, algo importante porque en los juegos de lucha se peca de poner siempre a hombres, acentuando así el rol y estereotipo de género, y relacionando la masculinidad con la fortaleza, los héroes y la resistencia».

También ha incluido una modalidad por equipos en la que colaboran y cooperan con otros jugadores, realizando un trabajo de cohesión grupal, también de liderazgo, valores que Arufe considera necesarios para los niños y adolescentes. «Basándome en los contenidos de la Educación Física intenté reproducir las condiciones del videojuego en la vida real y, de este modo, desarrollarlo en el polideportivo del colegio. A mis alumnos les doy el pistoletazo de salida y compiten entre ellos con gran motivación. Numerosos profesores de Educación Física que ya lo han llevado al aula me aseguran que ha sido un éxito rotundo porque lo que les gusta hacer a los alumnos en su tiempo de ocio, ahora lo tienen también en el colegio y aprenden con ello», puntualiza.

Con este nuevo diseño del juego los niños trabajan la resiliencia, el compañerismo, el liderazgo, el juego limpio, la honestidad, generosidad, respeto, disciplina, creatividad, socialización, estrategia, autoestima, hábitos saludables, habilidades comunicativas, saber ganar/perder entre otros. Y a nivel físico, la resistencia, velocidad de desplazamiento, velocidad de reacción, fuerza, lanzamientos, recepciones, manipulaciones, pensamiento táctico, estructuración espacial, expresión corporal, ritmo, coordinación óculo manual, coordinación dinámico general, control tónico entre otros.

Para acallar a aquellos que critican la violencia en los videojuegos, este docente matiza que «atribuir a un videojuego el comportamiento violento de un niño es una forma muy sencilla de no aceptar que hemos fracasado como padres con la educación de nuestros hijos. Los factores que influyen en el comportamiento violento de un niño son muchísimos, y no es culpa de un videojuego, sino de una mala educación en muchos casos. Los niños no pueden estar horas y horas con videojuegos, hay que dosificarles el uso de estos, y especialmente controlarles y supervisarles. No podemos permitir que niños de 7 años estén jugando solos al Fortnite, hablando con adultos desconocidos online y pasando 5 horas seguidas delante de la pantalla».

Motivos de comportamientos violentos

Explica que si un niño solo ve este mundo tendrá un problema de salud, pero no por culpa del videojuego, sino por culpa de los progenitores. «El comportamiento violento tiene muchísimas raíces, entre ellas la falta de una buena educación, de la autogestión emocional, ver conductas violentas en progenitores y conflictos familiares, el ambiente social, las adicciones, los estilos de crianza, castigos físicos, amistades antisociales, falta de educación en valores, falta de afecto y apego...».

Este docente incide en que desde muy pequeños, con 4-5 años «jugamos a un tipo de juego denominado juego simbólico, donde el niño asume roles de adultos, por ejemplo, podemos ver a un niño de 5 años con su mano colocada en forma de pistola y que dice «¡PUM, PUM, te maté!». Es un juego necesario para el ser humano, es un medio de aprendizaje, y por jugar a policías y ladrones, o vaqueros, piratas o indios, que disparan flechas o balas, no vamos a tener a un niño agresivo, es simplemente un juego. También se jugaba hace años con “tirachinas” elaborados artesanalmente con el cuello de una botella de plástico y un globo y a través del cual disparaban garbanzos, maíz o alubias, que impactaban en otro niño y a veces, incluso, dejaban un moratón o hematoma. Estoy seguro de que muchos quienes jugaban a esto son personas no violentas. Se trataba de un juego y si había una buena educación detrás no tenía por qué generar un comportamiento violento», concluye.

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