Educación

«Es una locura que un niño de tres años se responsabilice de la mascota de clase un fin de semana»

La psicóloga infantil Carmen González afirma que lo importante es mostrar, desde el colegio, la finalidad de la actividad, el sentido que tiene para el pequeño y la familia

Un padre relata el «despampanante» fin de semana que pasó cuidando al muñeco de la clase de su hija

MadridActualizado:

«Este fin de semana toca cuidar a la mascota de clase». Esta frase puede hacer que los días de descanso sean el cielo o el infierno para el niño. Hay quienes ansían que llegue el viernes para saber si son los afortunados de la semana; otros, en cambio, salen por la puerta del colegio y se olvidan de que, durante dos días, serán uno más en casa. No le dan ningún valor.

Ahí, precisamente, reside el problema. En darle el sentido que esta actividad requiere. Hace unos días se hizo viral el fin de semana de un padre, que firma como Eugenio d'Ors en Twitter, que tuvo que cuidar de Trapitos, la mascota de clase de su hija. Y sí, le tocó a él hacerse responsable de todo porque su pequeña se olvidó del peluche al minuto de abandonar la escuela.

¿Dónde reside el problema de esto? ¿Por qué algo que debería ser responsabilidad del niño terminan siendo deberes y un castigo para los padres? «Con tres años (y con cuatro o cinco), que una niña se responsabilice de algo todo un fin de semana es una locura», comenta la psicóloga infantil Carmen González, a raíz de este viral.

La experta afirma, en primer lugar, que el origen de esta actividad debe residir en cómo se explica. Es decir, «si la maestra expresa, correctamente, a la familia y al alumno el motivo de cuidar a la mascota, se entenderá el sentido de la misma».

«Si el por qué de la actividad es el sentido de pertenencia, de sentirse especial por tener la mascota de clase en casa, de responsabilizarse del muñeco y la niña se olvida de él desde el minuto uno, se pierde absolutamente todo», insiste González.

No hay que forzar nada

Esta psicóloga infantil reconoce que el estrés que conlleva la vida laboral en una familia es muy grande. No hay tiempo para casi nada. «Pero estoy segura que si a unos padres el profesor les explica el sentido de la actividad, lo van a comprender. Y, es más, seguro que sacarán tiempo, durante el fin de semana, para estar con la "mascota"».

Asimismo, González recuerda que es una actividad que se tiene que disfrutar en familia, pero hay que mostrar la realidad del fin semana. «Si el sentido es que la pequeña se sintiese bien pero ella no quería jugar con Trapitos, se deja al peluche a un lado, no se hace nada con él, y el lunes se le lo ocurrido explica a la maestra», continúa.

«Si para la niña Trapitos no tiene valor, no tiene sentido que se lo lleve todo el fin de semana a casa. Y que, para colmo, se ocupe su padre del peluche. La menor puede pensar: ¿por qué me va a obligar mi progenitor a estar con Trapitos? ¿Por qué tiene que estar él agobiado por cuidarlo y protegerlo?».

La actividad de cuidar a la mascota de clase se hace por responsabilidad, pero para el niño no para los padres. «Si en el colegio le piden que cuenten su fin de semana y el niño no sabe escribir, no escribirá. Para mostrar que ha ido al parque puede bastar con pegar una hoja de árbol en el folio o pintar un garabato, que al final es lo que el pequeño sabe hacer», subraya la especialista.

González, co-fundadora de la escuelita Kikirikí, concluye con la idea de que el fundamento y el sentido de la actividad debe ser expresado y comprendido de forma correcta por ambas partes —familia y colegio—. No le parece una mala acción, pero recuerda que «los padres no necesitan crear un vínculo con la mascota de clase, sino los niños».

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