Gregorio Luri durante su ponencia en el Colegio Entreolivos de Sevilla
Gregorio Luri durante su ponencia en el Colegio Entreolivos de Sevilla

Gregorio Luri: «Hay ocasiones en que no se puede calificar como incorrecta la respuesta del alumno»

Este maestro, filósofo y escritor explica que «hay docentes que van a "pillar" al alumno»

SevillaActualizado:

«Si estamos en una sociedad líquida habrá que buscar soluciones sólidas porque los conocimientos estables y las virtudes intelectuales son las que nos ayudarán a enfrentarnos a las cosas». Así de tajante se mostró Gregorio Luri, filósofo, pedagogo, escritor y, sobre todo, maestro, como él mismo aseguró en su intervención en el 39º Congreso de Fepace.

Precisamente centró su conferencia en una de estas virtudes: la conciencia crítica del error. Para ello acudió al termino «errorología», que es la perspicacia para el tratamiento del error, que cuenta con varios principios. Destacó que el profesor o el padre deben ser expertos en el análisis del error y observar la lógica subyacente al error.

«No existe la experiencia de estar equivocado, en todo caso reconocemos que lo estuvimos, pero nadie se equivoca conscientemente. En cada escuela, en cada familia, se cometen errores, y lo importante es ver cómo afloran».

Explicó que los humanos se equivocan por muchos motivos: Por desatención, falta de interés, por buscar excusas, por timidez, por fanfarronería... «Lo curioso es que cuando descubren que estamos equivocados tendemos a blindarnos, a buscar excusas del tipo "pues anda que tú". Nos cuesta mucho reconocer que hemos errado, mientras que somos extraordinariamente buenos en descubrir los errores de los demás. Todos somos fabricantes de errores y, lo peor del error, es que obstruye el crecimiento de la verdad».

Aseguró que siempre hay diferencias entre lo que se enseña y lo que se aprende; entre lo que el profesor explica y lo que el alumno entiende. «Parece que se ha puesto de moda que no pasa nada por equivocarse ¡viva el error! Pues no. Nos gusta la verdad. El buen profesor es el que es consciente de lo que el alumno no sabe de sí mismo. Si tus alumnos o tus hijos no hacen lo que les has dicho, quizá no les has enseñado bien a hacerlo. Hay que corregir el error lo antes posible», explicó en su intervención en el Colegio Entreolivos de Sevilla.

Según este experto, existe una tendencia espontánea de los padres y abuelos a decir que sus hijos y nietos son los más guapos, listos e inteligentes y el riesgo es que, de este modo, están educando a niños narcisistas con pánico al error. «Para no defraudarnos intentarán eludir los problemas que les pongan en cuestión. En vez de alabar su inteligencia, ¿por qué no alabamos su capacidad de trabajo? ¡Cuánto has trabajado, cuánto te has esforzado!», aconsejó.

También explicó al grupo de padres reunidos para la ocasión que cuando el alumno se equivoca en clase tiene una oportunidad de aprendizaje y, de igual modo, cuando se equivoca en casa está en el buen camino para aprender. «La constatación del error no puede ser nunca el último paso de un proceso de aprendizaje. Hay profesores que en el examen van a "pillar". Los alumnos se sienten más cómodos en un ambiente intelectual donde el error se trata de una forma positiva, sin ninguna duda. Lo importante es fomentar una actitud positiva hacia el error y lo menos importante es ponerle una cuestión para pillarle».

Algunas causas del error

—La ansiedad del alumno hacia el aprendizaje, como ocurre a veces en estudiantes cuando se enfrentan a ejercicios de matemáticas, dando por adelantado que las matemáticas son difíciles.

—La atención. A medida que realizan una prueba, la atención disminuye, en algunos alumnos en picado, lo que hace que consigan malos resultados. «La pregunta es: ¿esos malos resultados se deben a la falta de conocimientos o a la incapacidad de gestionar esos conocimientos por no poder mantener la atención? Si una misma prueba al principio la responden bien, luego regular y, después, mal, ahí está la prueba de que no es por falta de conocimientos. Estos errores son muy frustantes para el niño», confesó Gregorio Luri.

—La fuente del error es a veces por motivos lingüísticos, por cómo se formulan las preguntas. Si se dice en el enunciado "las vacas blancas dan leche blanca, ¿de qué color dan la leche las vacas negras?". Muchos niños cometerán el error de responder negra, cuando ellos saben que no existe la leche negra, pero la forma en que está escrita la pregunta les ha llevado a esta respuesta incorrecta. «Mi tesis —asegura— es que buena parte del fracaso en el aprendizaje es por motivos lingüísticos».

—Por su campo de conocimiento asociado. Los niños asocian conceptos y los relacionan con sus propias experiencias y lógica vivida.

En muchos casos, —como los que se adjuntan en las imágenes—, «no se le puede decir al alumno que esté mal la respuesta. Si se les tacha como incorrecta aprenderán a desconfiar de las preguntas y de ellos mismos, y no se les motivará a continuar en su inquietud por seguir aprendiendo. El niño siempre da la respuesta correcta a la pregunta que se hace él mismo. Por tanto, —matizó— la diferencia entre la pregunta que le hemos hecho y la pregunta que se ha hecho él es la diferencia de comprensión de un problema, y es muy relevante».

Además señaló que:

—Un alumno debe entender que no es lo mismo cometer un error que ser un ignorante.

—El error es un componente habitual de la vida y proporciona una oportunidad de aprendizaje (la "felix-culpa").

—Los alumnos se sienten más confortables en un ambiente en el que el error es tratado de manera positiva.

—En un diálogo siempre gana el que pierde. «Si en un diálogo yo parto con unas tesis iniciales y al final del diálogo sigo con mis tesis iniciales, ¿cuál ha sido mi ganancia? Ninguna, sigo igual. Sin embargo, el otro, las ha modificado, las ha enriquecido... ¿quién ha ganado?», cuestiona este experto.

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