Flexibilidad ante todo

Por JOSÉ LUIS GARCÍA GARRIDO
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Las rigideces siempre han sido inoperantes en educación. Pero si a ellas unimos determinados planteamientos de origen ideológico que, lejos de atemperarlas, las exacerban, lo que ocurre entonces es que los problemas que intentan resolverse se complican todavía más. Es lo que ha ocurrido cuando, en materia de Educación Especial (tratamiento educativo de los alumnos con deficiencias de algún tipo o con dificultades especiales) se ha hecho del igualitarismo la norma habitual de planteamiento. Es este uno de esos casos donde lo igualitario se convierte en todo lo contrario de lo equitativo, porque no se da a cada uno lo que se le debe (el tratamiento educativo que le corresponde), sino lo mismo o casi lo mismo que al vecino de al lado, cuyas dificultades y circunstancias están lejos de ser idénticas.

En este caso, lo peor es que es muy fácil caer en la demagogia. Pocos padres y madres hay tan sensibles como los de un niño con deficiencias físicas, psíquicas o motóricas. Son, por lo general, gente particularmente generosa y sufrida, que harían por su hijo cualquier cosa que le acercarse a ser como los demás. Cuando, como viene ocurriendo desde hace años, se les convence de que lo mejor es que el niño o la niña se incorporen a las aulas normales y sean tratados sin distingos, se entregan ilusionadamente a esta convicción. Y es cierto que, en muchos casos, la integración de este tipo de alumnos funciona razonablemente bien por distintos motivos: características del propio alumno, recursos adecuados del centro, entorno escolar y familiar favorable, etc. Pero también lo es que, en otras muchas ocasiones, la cosa no marcha; que el alumno y sus padres están, por lo menos, perdiendo un tiempo precioso, lo que acaba por ponerlos en situación de crisis; y que el centro, obligado a dar de si lo que no puede, se torna cada vez mas ineficaz en su rendimiento con esos niños y con todos los demás. En materia de Educación Especial, la flexibilidad debería ser la regla suprema. Es adecuado practicar la integración de los alumnos de este tipo en las aulas ordinarias siempre que se pueda, pero para que este principio funcione tienen que darse determinadas condiciones nada fáciles de conseguir. Las buenas escuelas especializadas siguen siendo mas que necesarias, y una moderna concepción de las mismas no tiene por que aceptarlas como lugares de segregación, sino todo lo contrario.

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