Los españoles, no al velo y sí a la Cruz Nos identificamos con la bandera nacional

A. ACOSTA | MADRID
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El uso o no del velo en los centros educativos se ha convertido en un asunto que preocupa no sólo en España, sino también en buena parte de los países de nuestro entorno. Un estudio de la Fundación BBVA sobre identidad, visión y valores de los europeos concluye que la exhibición de signos religiosos como los velos o la kipá (prenda con la que se cubren la cabeza los judíos) en centros educativos es rechazada por una mayoría de los europeos.

Aunque el estudio de campo se realizó en los meses de noviembre y diciembre de 2009, con encuestas a 21.000 ciudadanos de doce países de la Unión Europea (Bélgica, Bulgaria, Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Polonia, Portugal, España, Suecia y Reino Unido), más Suiza y Turquía, lo cierto es que los resultados han llegado en un momento en que la utilización del velo ha vuelto a llenar páginas de periódicos, tanto en nuestro país, con el caso de Najwa, la adolescente que insiste en acudir al instituto cubierta con el velo islámico, como en Francia, donde el Gobierno presentará el próximo 12 de mayo un proyecto de ley para prohibir el uso del «yihab» y el burka en todos los espacios públicos.

Precisamente Francia (con un 68,7% que se opone), junto a Bulgaria (84,3%), Alemania (66,3%), Grecia (59,7) y Bélgica (59,9), son los países donde más rechazo suscita la posibilidad de exhibir el velo en centros educativos, ya sean escuelas, institutos o universidades. España se sitúa en una posición intermedia: sólo el 28% de los españoles está de acuerdo con la exhibición del velo, frente al 49,6% que lo rechaza, en la línea de la media de la UE.

Unos porcentajes que casi no difieren si lo que se pregunta es por el uso de la kipá, salvo en Turquía, donde de un rechazo moderado al uso del velo (39,9%) se pasa a uno mayoritario (57%) si de lo que se habla es de la prenda con la que se cubren la cabeza los varones judíos.

A favor de los crucifijos

Frente a la gran controversia que suscita en Europa la posibilidad de exhibir símbolos musulmanes (velos) o judíos (kipá), no ocurre lo mismo con la posibilidad de mostrar signos religiosos cristianos en los centros educativos. En este caso, sólo un 24% de los españoles encuestados se muestra en contra, frente a un 49,3% que apoya la presencia de estos símbolos en los colegios e institutos.

Unas respuestas que chocan con la intención del Gobierno de Rodríguez Zapatero, que estudia introducir en la nueva Ley de Libertad Religiosa la jurisprudencia del Tribunal de Estrasburgo, que en una sentencia de noviembre del año pasado ordenó la retirada de los crucifijos de un colegio público de Italia.

Y esto a pesar de que el nivel de religiosidad de los españoles es medio-bajo, según lo manifestado por los encuestados, con una mayoría que expresa asistir a ritos religiosos más por costumbre que por su significado religioso. No obstante, siete de cada diez españoles dicen pertenecer a una religión.

Esta dicotomía entre una religiosidad media pero apoyo a la presencia de cruces, se percibe también en los países europeos, salvo en Polonia, Grecia e Italia, donde la presencia de los símbolos va acompañada de un nivel de religiosidad alto. También en Turquía, aunque en este caso, por motivos obvios, la presencia de cruces en las aulas sólo la apoya el 27,4%.

La explicación a este apoyo mayoritario a los símbolos cristianos en los países europeos se achaca a que «forma parte de la cultura, más allá de lo religioso», según Mariana Szmulewicz, del departamento de Estudios Sociales de la Fundación BBVA. Una conclusión que se apoya en que ni la religiosidad ni la identificación ideológica diferencian el nivel de aceptación de las cruces. En cambio sí «existe resistencia a los símbolos de otros», en palabras de Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA, «pues tienen otras connotaciones culturales o políticas».

Eutanasia y aborto

El estudio también entra en aspectos de índole moral sobre algunas prácticas sociales «contemporáneas», como vivir en pareja sin casarse o ser padre o madre soltera. En general, son situaciones claramente aceptadas por los europeos -salvo Turquía, donde el rechazo es total-, y la valoración de los españoles para ambas cuestiones está por encima de la media de la UE.

No ocurre lo mismo con el aborto, donde la opinión de los españoles está claramente dividida, ni con la eutanasia, donde los españoles muestran una aceptación superior a la media de la UE, si bien hay que matizar que la pregunta se refiere a prestar ayuda médica a enfermos en fase terminal. En el mapa de aceptación de cuestiones con trasfondo moral y/o religioso nuestro país se sitúa en la parte media-alta del mapa, junto a Bélgica y Francia.

Los europeos tienen un alto grado de identificación y orgullo nacional, según se desprende de los resultados del estudio realizado por la Fundación BBVA. El alto nivel de identificación nacional no impide que la mayoría prefiera pertenecer a Europa antes que a otro continente, idea que se acentúa en Bulgaria, es menor en Francia y se revierte en Turquía. De la misma forma que la encuesta confirma tendencias que ya conocemos, como el antieuropeísmo creciente en Turquía, también desmonta algunos mitos.

Así, pese a la idea existente de que el español se identifica menos que otros ciudadanos con su bandera, la encuesta revela que el grado de identificación con nuestra bandera es de 6,9 sobre 10, superior a la aceptación de su símbolo patrio por parte de los franceses (5,8 sobre 10), y en consonancia con la media de los doce países de la UE analizados.

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