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La crianza positiva en edades tempranas podría ayudar a prevenir los síntomas del TDAH en los niños

Investigadores de la Universidad de Montreal (Canadá) creen que esta relación puede explicarse por el hecho de que menores que tienen un mejor control inhibitorio pueden prestar más atención a las acciones de sus padres y, como resultado, estarían más influenciados por los comentarios positivos que se hacen sobre ellos

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Con cariño, amor y respeto; animándole a que sí puede hacerlo, analizando por qué actúa de esa manera y no de otra o creando un clima de confianza son algunas de las pautas por las que se rige la educación en positivo, la cuál puede ser de extrema utilidad en los casos de niños con TDAH.

Un reciente estudio de la Universidad de Montreal (Canadá) ha demostrado que es posible reducir las manifestaciones del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en los niños mediante la adopción de prácticas de crianza positivas, como alentar y tranquilizar a los nipequeños, estructurar sus tareas y por supuesto, dándoles amor y cariño.

En concreto, la investigación, que se ha realizado durante 7 años con 195 madres de Montreal, ha analizado el efecto de la crianza positiva combinada con la capacidad del niño para suprimir comportamientos inapropiados (lo que se conoce como control inhibitorio). Y lo que descubrieron podría conducir a intervenciones más específicas para prevenir la aparición y exacerbación de los síntomas.

Los investigadores examinaron la relación entre la crianza positiva de las madres cuando su hijo tenía cuatro años y el control inhibitorio del niño de seis años para predecir los síntomas del TDAH a los siete años.

«Medimos la crianza positiva al observar la interacción entre las madres y sus hijos en actividades en las que tenían que realizar ciertas tareas, como leer o dibujar por números», apunta Charlie Rioux, una de las investigadoras.

Un efecto combinado positivo para los niños

Los resultados indican que la crianza positiva, evaluada cuando el niño tiene cuatro años, está fuertemente asociada con síntomas más bajos de TDAH a los siete años. Pero el vínculo es más fuerte cuando el niño tiene un mayor control inhibitorio a los seis años.

Esta relación puede explicarse por el hecho de que los niños que tienen un mejor control inhibitorio pueden prestar más atención a las acciones de sus padres y, como resultado, estarían más influenciados por los comentarios positivos que se hacen sobre ellos.

En contraste, los niños con un control inhibitorio más bajo y las madres con menos prácticas positivas de crianza tenían síntomas de TDAH más pronunciados.

«Nuestros resultados muestran que una intervención dirigida a prácticas positivas de crianza podría reducir o prevenir los síntomas del TDAH. Sin embargo, para los niños con un control inhibitorio más débil, las intervenciones sobre las prácticas parentales deben combinarse con la intervención dirigida a las habilidades inhibitorias del niño», explica la experta.

Los autores del estudio creen que, al mejorar las capacidades inhibitorias del niño, éste se vuelve más receptivo a las prácticas de crianza positivas, «lo que puede dificultar o prevenir el desarrollo de síntomas de TDAH».

Lo importante es que los progenitores lleven a cabo buenas prácticas de crianza pero sin caer en la búsqueda de la perfección. «Nadie es perfecto y lo importante es tratar de mejorar sus habilidades en una escala continua», recuerda la investigadora.

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