Familia

«¡Necesitamos informáticos de cabecera!»

Mucho respeto, e incluso miedo, es lo que sienten las personas mayores ante las nuevas tecnologías por el desconocimiento de su manejo. Por ello demandan personal cercano que les resuelva sus dudas, tal y como quedó patente en el encuentro «Conversaciones de Mayores», de ABC y Obra Social "la Caixa"

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José Lafuente coloca cada noche su móvil bajo la almohada y programa un audiolibro durante diez minutos, el tiempo que tiene calculado que tarda más o menos en dormirse. Por las mañanas, este hombre de 80 años acude de nuevo a su dispositivo, que casi siempre tiene que buscar entre las sábanas de su cama, para ver si tiene algún mensaje de sus amigos o de alguno de sus hijos. Tras responderles, lo mete en el bolsillo de su pantalón y le acompaña durante todo el día.

Lo curioso es que José Lafuente fue empresario, con más de quinientos trabajadores a su cargo, y nunca utilizó un ordenador. Su conocimiento sobre las nuevas tecnologías llegó justo cuando decidió jubilarse. «Debajo de mi casa abrieron una tienda de informática y como no tenía nada que hacer decidí comprarme un móvil. Un empleado del establecimiento me enseñó diversas aplicaciones y, poco a poco, he aprendido a sacar provecho de la tecnología, un asunto que antes ni me interesaba ni conocía».

Avanzar con seguridad

Reconoce que tener un profesor particular es una buena solución porque le dio pautas y en poco tiempo le hizo sentir más seguro, «y pude avanzar en el manejo de la tecnología. Lo malo es que es muy caro y no todo el mundo tiene disponibilidad económica».

Ahora, Lafuente no puede estar sin móvil. «Lo utilizo para medirme la tensión, las pulsaciones, el azúcar, los pasos que doy cada día, ver cómo puedo llegar a una calle e, incluso, cuando hay ceremonia familiar me encargo de hacer las fotos y se las envio a todos los invitados a través de Youtube de manera conjunta, no como antes que les tenía mandar las imágenes uno a uno», asegura.

Amparo Casasús, jubilada de 73 años, está totalmente de acuerdo en que las personas mayores deben aprovechar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías. Al menos así lo manifestó también durante la celebración de la jornada «Conversaciones de mayores», iniciativa de ABC celebrada en el marco del Convenio de Colaboración entre la Fundación Bancaria “la Caixa” y la Consejería de Igualdad y Políticas Inclusivas de la Comunidad Valenciana, que se desarrolla en los CEAM (Centro Especializado de Atención a Mayores).

En su opinión, los mayores no deben tener miedo a las nuevas tecnologías, «todo lo contrario». «Yo tengo tablet, ordenador y móvil –puntualizó Amparo Casasús–. Cuando me despierto cada mañana, lo primero que hago es encender mi ordenador, que tengo en la mesilla, y veo qué correos electrónicos tengo. Me gusta estar informada, leer las noticias y soy capaz de reservar entradas de cine y teatro o ver todo aquello que me interesa. Las nuevas tecnologías me dan sensación de libertad porque soy muy inquieta y me permiten acceder a mucha información de distintos lugares del mundo. Además, me aporta seguridad porque vivo sola y sé que puedo llamar a cualquier persona en el lugar que sea cuando lo necesite. Aunque cada uno debe hacer lo que quiera, no entiendo muy bien a las personas que se niegan o sienten cierto rechazo a las tecnologías porque aportan muchas cosas positivas para todos, pero sobre todo para las personas que somos mayores».

José Lafuente quiso matizar en el acto –celebrado en el auditorio de la Dirección Territorial de CaixaBank en la Comunidad Valenciana– que las tecnologías ayudan también a que los mayores se perciban menos solos«por que se sienten más conectados y con mayor accesibilidad a información o aplicaciones de su interés. Si me siento solo puedo jugar, por ejemplo, al ajedrez y entretenerme».

Miedo a lo desconocido

El problema, según Gerard Campanera, ingeniero de Telecomunicaciones y responsable de Sistemas y Servicios, Marketing y Programas en abierto de la Fundación Politécnica de Cataluña, es que a muchos mayores, por desconocimiento, les asustan las nuevas tecnologías. «Sienten un gran respeto, incluso miedo, y deciden finalmente que es un tema que no va con ellos. Necesitan un impulso motivador para adentrarse en su manejo, que normalmente viene dado por los familiares más cercanos, hijos y nietos fundamentalmente, o por los amigos que ya manejan determinadas aplicaciones y les enseñan a usarlas».

Este ingeniero de Telecomunicaciones insiste en que a las personas mayores les suele dar bastante reparo preguntar qué pasos hay que seguir para hacer una determinada acción desde su terminal. «Sobre todo cuando implica introducir un número de cuenta bancaria, ya que al desconfiar de la tecnología dudan aún más de lo que puede pasar con su dinero y es habitual que piensen que se lo van a robar. Sin embargo, cuando alguien de su entorno le muestra cómo lo hace él y las ventajas que obtiene al hacerlo, por lo general, se animan. El problema –puntualizó Gerard– es que carecen de información. Hacen falta más talleres formativos para que ante tal desconocimiento estas personas que son menos atrevidas se animen a investigar y a actuar por ellas mismas. Es un error que los mayores no se aprovechen más de las posibilidades de las nuevas tecnologías. Por cuestiones de edad nadie debe sentirse discriminado de su manejo. Los mayores tienen que perder el miedo y la falsa sensación de ridículo por preguntar. Debería ser algo secundario porque todo el mundo tiene derecho a equivocarse».

Eliminar impedimentos

Añadió Campanera que si vivimos en una sociedad avanzada «debería existir la figura del ingeniero de cabecera o tecnólogo subvencionado por el Estado, por ejemplo, para solucionar todas esas dudas y, del mismo modo, fomentar más talleres y ayudas para superar estos problemas. Creo que cada persona debe sentirse libre de elegir y manejar la tecnología, pero no encontrar impedimentos si desea acceder a ella».

Durante la jornada, los tres ponentes coincidieron al asegurar que las nuevas generaciones, las llamadas nativas digitales, disponen de mayor facilidad en el manejo de las nuevas tecnologías, y tanto Amparo Casasús como José Lafuente insistieron en que empezar de cero como adultos resulta más complicado. Gerard Campanera reconoció que, efectivamente, no es lo mismo haber nacido en la era digital que el hecho de aprender a ser digital, pero advirtió que «los mayores disponen de algo que los jóvenes no tienen: más tiempo libre para aprender».

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