«Muchos se piensan que la familia es una "pyme emocional"»
Rosetta Forner presenta hoy su libro «Piensa como un hombre, siente como una mujer» - Ernesto Agudo
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«Muchos se piensan que la familia es una "pyme emocional"»

Rosetta Forner, autora de «Piensa como un hombre, siente como una mujer», asegura que empeñarse en que la pareja cambie es un gran error

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Para Rosetta Forner, la frase «todos los hombre son iguales» no tiene sentido alguno. «Es imposible. En lo único que se parecen es en que todos son humanos. Sin embargo, sí hay estereotipos aplicables a una gran mayoría. En mi último libro, «Piensa como un hombre, siente como una mujer» (Editorial: Zenith), descato hasta 13 tipologías diferentes: el hombre Ferrari, el jinete, el PC, el maquinilla de afeitar, el yogurín, el caja de herramientas...

—¿Pecamos las mujeres de no ponernos en el lugar de los hombres y esperar muy frecuentemente que hagan las cosas a nuestra manera?

—Sí, pero no las mujeres en su conjunto, sino la mujer inmadura, la que tiene tendencia a vivir como una niña con derechos, pero sin responsabilidades. El día que esa mujer madure, asumirá su responsabilidad y ya no le pedirá ni reprochará al hombre que no la haga feliz porque, en realidad, nadie, excepto uno mismo, te puede hacer feliz. A la mujer inmadura o damisela le es muy cómodo seguir acusando y quejándose de que su pareja no le hace feliz, en vez de tomar las riendas de su vida. A estas mujeres les viene muy bien todos los esterotipos de que los hombre no sienten, no padecen... porque es una cortina de humo que utilizan para disimular que ellas son incompetentes a nivel emocional.

En la sociedad actual, nos da la impresión de que hay más mujeres inmaduras porque hacen mucho ruido. La sociedad española está orquestada de tal manera para mantener a la mujer «estupidizada» y atontada. Y muchas se suman a ese carro creyendo que le va a venir bien. «La solución está en uno mismo, no en que el otro cambie»

—¿Qué se puede hacer para que cambien su actitud?

—Me he encontrado con muchos casos de mujeres que echan la culpa de su infelicidad a su relación con los hombres. La primera pregunta que les hago, y que les escuece mucho, es ¿cómo contribuyes, por acción y por omisión, a este resultado de tu vida que no te gusta? Su rápida reacción es: «¡Yoooooo, pero si el problema está en él! El hombre inmaduro también reacciona con la misma respuesta; echa el balón al tejado de su parea. Las soluciones están en uno mismo, no en que el otro cambie.

—¿Es también parte del problema la falta de comunicación entre ambos?

—Es un cúmulo. Un problema es que uno acuse al otro y se queje con demasiada frecuencia, otro que se deje de expresar lo que uno piensa y siente, y otro, básico desde el día cero de la relación, es que uno mismo no se pregunte cómo me gusta que me amen y cómo no me gusta que lo hagan y cuál es mi estilo de amar. A partir de las respuestas es como podemos saber si la persona que tenemos al lado cumple con esos requisitos. Todo eso supone un trabajo que la gente no está dispuesta a hacer.

—¿Por qué?

—Porque no viven el amor. Viven el miedo. prefieren pertenecer al club del redil y tener pareja como sea. No debe ser así. Muchas personas, en vez de esperar a tener la persona que le hable al alma, una relación de respeto..., montan «pymes emocionales» porque así les es más sencillo no estar solos, compartir pagos del alquiler, tener niños... En definitiva, tener una familia de pin y pon. «Los hombres son más prácticos cuando dicen "a" quieren decir "a"»

—Cuando una persona hace el análisis que mencionaba y se da cuenta de que quiere algo mejor, ¿opta por buscar otra pareja o por intentar que cambie la que tiene?

—Es un gran error que un hombre o mujer intente que su pareja cambie su actitud. El cambio escuece. Las personas no cambian, evolucionan como un proceso interior en el viaje de la vida. Si una persona no te quiere, déjala en paz.

—¿Por qué parece que son las mujeres las que se preocupan más de estos asuntos que los hombres?

—Sin duda son más prácticos, cuando dicen «a» es «a». Ellos también sienten y padecen, pero si son inmaduros se complican también mucho la vida.

—Sí, pero ¿es una tendencia mayoritaria de las fémina el no sentirse queridas y valoradas por los hombres?

—Efectivamente, es un problema cultural y que la mujer, de tanto usar este argumento como coartada, lo ha convertido en una verdad. La mujer no se siente valorada por el hombre porque no se valora a sí misma. Si tienes claro quién eres y crees en ti, tú no sacarás el dedo para apuntar que él no te valora. Si tú crees en ti y alguien no te valora, debes analizar la razón y, si al tercer intento estratégico no consigues lo que quieres, pues lo mejor es dar carpetazo al asunto. La mujer inmadura persiste en el intento. Es lo malo del síndrome de la mujer maltratada, que no asume que él es malo y no cambiará. Pero, lo peor de lo peor es que no asuma que ella es la dueña de su destino y que no tiene que quedarse ahí, con él. El que no te valora el primer día no lo hará después de tres años. El hecho de que no te quieran o no te valoren no significa que no valgas, simplemente significa que la otra persona ejerce su pensamiento a su libre albedrío.«Hay que estar convencido de que "soy lo mejor que me ha pasado"»

—¿Cómo puede una persona reconocer que no es madura?

—Lo que debe hacer es plantearse su vida y cómo la está gestionando. Si se sincera consigo misma y piensa que lo hace todo solo desde la queja, malo. Fatal. Pero si se queja y hace algo por resolver la situación, entonces muy bien. Debe plantearse si es feliz o no, si su pareja le trata y le ama como le gustaría... Es decir, en vez de acusar y quejarse todo el tiempo en un fuego cruzado, analizar de qué manera está contribuyendo para que la relación esté como está. Tiene que pensar si ha hablado de ello con la otra persona, si le ha propuesto un plan de mejora, si le ha secundado o no... Si lo gestiona de forma madura es porque es respetuosa consigo misma, busca su bienestar y tiene claro que nadie, excepto uno mismo es el que va a llevar las riendas de su vida. Hay que estar convencido de que «soy lo mejor que me ha pasado». Lo que ocurre es que nos ponemos mil excusas. Pero hay que ser realista: las relaciones de pareja no son de color rosa, ni como se presentan en muchas películas americanas. La madurez permite manejarse bien con la furstración: ¿puedo mejorar la relación? Sí. Pues lo intento. La vida diaria es a veces prosaica y aburrida y a las personas no suceden cosas en lo personal y profesional que no son agradables, y ni mucho menos idílicas: la casa se ensucia, uno se enferma, se pincha la rueda del coche...

—¿Resulta absurdo buscar a la pareja perfecta?

—Perfecto no hay nadie, si amas a uno lo amas con todos sus matices (que no defectos, porque lo que son defectos para uno, para otro son virtudes). Querer a una persona supone ser tolerante, generoso, ponerse en el lugar del otro.

—¿Qué es lo que más va a sorprender de este libro?

—Primero que, como poco hay 13 tipologías diferentes de hombres y si en la vida haces una buena estrategia, cualquiera de estas metas son, en un principio, suceptibles de ser alcanzables. En la vida, si no sabes dónde quieres ir, ¿cómo vas a llegar? La vida hay que currársela, incluso la relación con uno mismo.

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