El arte de regalar en San Valentín

El arte de regalar en San Valentín

A veces un ramo de rosas puede llegar a «humillar» en vez de halagar

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

<embed type="application/x-shockwave-flash" src="http://s0.videopress.com/player.swf?v=1.03" width="478" height="270" wmode="direct" seamlesstabbing="true" allowfullscreen="true" allowscriptaccess="always" overstretch="true" flashvars="guid=1ydRWagD&amp;isDynamicSeeking=true"></embed>

Colaboración de Mila Cahue para MeeticAffinity.es

Y llegó el 14 de febrero... El día de los enamorados ha tenido, y tendrá siempre, sus defensores y detractores. En función de la situación amorosa en la que se encuentre cada uno, esperará la llegada de este día con mayor o menor ilusión.

Aún así, algunas personas, tanto si están en pareja como solas, prefieren ignorar esta fecha. Hay otros grupos para los que esta festividad resulta especialmente comprometida: las parejas que acaban de comenzar una relación, las que están en crisis, o las que hace tiempo que han dejado de serlo pero siguen juntas. En estos casos, lo habitual es que uno de los miembros de la pareja tenga más expectativas que el otro sobre lo que puede ocurrir durante esta jornada. Uno estará deseando recibir un detalle especial, y el otro estará contando los minutos para que se acabe el día.

«Para estos casos, sin duda, se trata de una situación realmente incómoda —aclara Mila Cahue, del área de pareja del Centro de Psicología Álava Reyes—. En muchas ocasiones se opta por "tirar" del ramo de flores o de la cena, pero suelen "entrar" mal, muy mal. Lejos de producir el efecto deseado, halagar, en ocasiones llegan incluso a humillar. ¿Por qué? Porque parece que hemos hecho algo, cuando realmente no se ha hecho nada que sea auténtica y profundamente significativo. Y ésta es la clave de San Valentín».

El regalo se supone que tiene que ser más que un mero trámite y debe estar destinado a agradar al que lo recibe, pero no al que lo da. Es cierto que nos sentimos muy bien cuando hacemos regalos, pero este bienestar debería de ser una consecuencia del éxito de lo regalado (a posteriori) y no por el mero hecho de haberlo comprado (a priori).

Hay que olvidarse de tópicos, de apariencias, o de estrategias fáciles. «Si queremos hacer algo especial por nuestra pareja —aconseja—, tenemos que sorprenderla con algo que ponga de manifiesto que estamos atentos a sus deseos y necesidades; que nos hemos tomado la molestia de buscar eso que el otro espera; que disfrutamos con la felicidad de la persona a la que queremos. En definitiva, queremos sentirnos especiales y únicos para la persona amada».

No hay mejor manera de ponerle chispa a la relación. Las parejas enamoradas y sanas afectivamente, probablemente tienen muchos «sanvalentines» particulares a lo largo del año. Pero tampoco desaprovechan esta oportunidad para dar «vidilla» a la pareja y que sirva como un refuerzo para alimentar una relación bien establecida, para recargar las pilas y profundizar en la calidad de la experiencia mas gratificante que se puede vivir.

Mila Cahue hace una última advertencia: «si el ramo de flores, o cualquier otro regalo, tienen por objeto solucionar una bronca o malentendido, éste no puede regalarse antes de haber aclarado la situación y de haber conectado directamente con la parte emocional de la otra persona, pues el detalle que ésta esperando es escucha, comprensión y solución. Solamente después de este regalo, puede llegar con éxito una buena flor, o un buen beso. Muchas veces, la inversión personal obtiene mejores resultados que la económica».

Apúntate a la newsletter de Familia y recibe gratis cada semana en tu correo nuestras mejores noticias

O súmate a nuestro whatsapp, y recibe cada día en tu móvil lo más interesante de ABC Familia