Cuando la madre es la que no se adapta a la vuelta al cole
Los sentimientos de culpabilidad atenazan a muchas madres cuando dejan a sus pequeños en la escuela infantil o en el cole - fotolia

Cuando la madre es la que no se adapta a la vuelta al cole

Diez consejos para superar la angustia de las primeras semanas

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En España la educación no es obligatoria hasta los 6 años lo que significa que los niños, si sus padres así lo desean, pueden decidir dejarlos en casa hasta que ese día llega. Sin embargo, esa situación no es posible en muchos hogares porque los dos miembros de la pareja trabajan, no hay abuelos y los padres deciden entonces llevar a sus hijos a las escuelas infantiles.

Es entonces cuando surgen sentimientos de culpabilidad, muchas veces generados por otras madres menos solidarias que ponen en cuestión la decisión de estos padres. El peso de las críticas se hacen sentir sobre todo en las madres que no trabajan y deciden llevar a su hijo unas horas a la guardería, como es el caso de Susana, una joven de 28 años sin empleo. «Cuando mi hija cumplió 13 meses —recuerda— coincidía con septiembre y había quedado una plaza en la guardería de mi barrio. Así que decidimos llevar a la pequeña a una escuela infantil para que yo me pudiese organizar mejor con la casa y gestionar otros asuntos que llevo a medias con mi marido, papeleos, etc… Sin embargo, sé que muchas me criticaron por hacerlo porque creían que sólo es buena madre la que está 24 horas al día con el bebé. Si no trabajas no justifican que dejes a la niña en la escuela. En el fondo, me recuerdan a mis bisabuelos que opinaban que una mujer tenía que estar en casa con sus hijos y lo demás sobraba».

Tener un espacio es beneficioso

No es una cuestión baladí. Marta González, psicóloga clínica, opina que «hay una vuelta a lo de antes mezclada con un sentimiento de apego mal entendido. Una mujer, por el hecho de ser madre, no deja de ser mujer y dejar a tu hijo de un año en la guardería unas horas para poder hacer sus cosas no sólo no es malo sino que, además, es beneficioso. Sin embargo, muchas mujeres se ven cuestionadas por otras y eso es lo realmente preocupante».

Al margen de las críticas que alguna parte de la sociedad puede ejercer sobre las madres, está la lucha interna que a veces puede provocar verdadera tristeza. Marisa Moya, piscóloga de Escuela Infantil Gran Vía, ofrece una orientación y recomendaciones para sobrellevar y superar todos estos sentimientos y emociones encontradas:

—¿De dónde parte esos miedos e inseguridades?

Las escuelas también participamos en la crianza del niño—Partimos del esfuerzo grande que tienen que hacer los padres para superar los dictados del instinto de protección, especialmente en las madres, para confiar el cuidado y atención de su bebé a personas prácticamente desconocidas. Las dudas atenazan: ¿quién es esta mujer que rodeará a partir de ahora con sus brazos la fragilidad de mi criatura?, ¿le dará todo lo que necesita? Los miedos afloran: ¿habré sobreprotegido a mi hijo y no sabrá desenvolverse fuera de mi regazo? Hasta la culpa y los celos se hacen un hueco: ¿por qué tengo que abandonarte?, ¿por qué mi pequeño mira con ternura a otra persona si hasta este instante su mundo solo era yo? Los hábitos se cuestionan: Mi bebé mama a demanda ¿cómo aceptará unas rutinas diferentes o incluso alejadas de mis planteamientos? La familia no es un ente aislado, es un núcleo social y transmisor de principios y valores que van a dotar a los retoños de herramientas para adaptarse y acomodarse a la sociedad que les toca y, en el mejor de los casos, como seres competentes dotados de iniciativa autónoma y sentido crítico. Hasta no hace tanto esto que comento era así, pero la incorporación de la mujer al mundo laboral vino a trastocar este planteamiento. El niño ya no es sujeto dependiente solo del grupo familiar, las escuelas somos copartícipes de crianza y educación.

Presiones en las redes sociales

—Y si las escuelas son tan importantes en el ámbito de la educación y las mujeres están plenamente integradas en el ámbito laboral, ¿de dónde sale esa contradicción (tengo que llevarlo pero me gustaría quedarme en casa con él)?

Los sentimientos son los que más influyen en la adaptación —Podríamos deducir que este nuevo rol de educación compartida o complementaria es elegido, deseado por los adultos como algo positivo y benefactor para el desarrollo infantil. No siempre es así. Cada familia tiene su rompecabezas personal, para unos más difícil de armar que para otros, dependiendo de características personales, pero en casi todos los casos son los sentimientos, y no tanto los razonamientos, los que sobrevuelan la atmósfera de la adaptación. Sentimientos que nacen de criterios interiorizados, pero también sentimientos que sin ningún reparo se instalan en nuestras vidas, provienen de mitos, infundios y leyendas, más cercanos al estereotipo que a realidades y evidencias.

—También es muy importante la presión en las redes sociales, aunque sea menor está muy presente. Se trata de madres que cuestionan a otras por llevar a los niños a las escuelas infantiles

—Sí, se lee por doquier, en bitácoras y foros. El debate se traslada a recriminaciones en ambas direcciones, ejercicios de justificación de decisiones que pierden su verdadera finalidad y entran en terrenos escabrosos. Que si eres mala madre por llevar a tu peque a la escuela cuando no trabajas, que si un niño de un año no es capaz de socializar, que alimentas futuros traumas por apegos inseguros, que respondes a egoísmos personales… Si el periodo de adaptación conlleva poco esfuerzo, sumémosle incertidumbre y culpa, ¿no quieres té? ¡pues toma dos tazas!

El conocimiento de los padres sobre el niño

—¿Es cierto que los niños no socializan en la escuela tan pequeños?

—Todo tiene una explicación y los que somos apasionados de esta etapa educativa es conveniente que la busquemos y analicemos. La imposición de la escuela como casi única vía de acogida, guarda y custodia a los niños de madres trabajadoras antaño, la escasa formación del profesional docente en esa etapa y la desinformación de la verdadera naturaleza de la Educación Infantil dieron consistencia a un rosario de experiencias que mutaron en lastre rápidamente y que, a la hora de incorporar a un pequeño a la escuela y más si es menor de dos años, pesa sobremanera sobre las mentes de los progenitores.

Mucho hemos tenido que ver las educadoras que no hemos desempeñado el ejercicio de la labor que se merece esta etapa por nula o deficitaria formación, sumada a los tics de la época en materia educativa como el ocultismo y el alejamiento de las familias.

—Pero habrá más factores…

¿Conocemos las características evolutivas de nuestro hijo?—También ha tenido que ver el desconocimiento de la verdadera naturaleza del niño. Somos padres, no somos psicólogos, ni pedagogos, ni docentes. Tenemos hijos pero ¿conocemos las características evolutivas del pequeño? ¿alcanzamos las necesidades psicológicas que aseguran correcto desarrollo cognitivo, social y emocional? ¿es suficiente? ¿no entran en tus planes la colaboración para criar y educar? ¿metemos en el mismo saco necesidad del adulto y necesidad infantil? Y en relación a esto último, ¿pueden casar ambas necesidades sin que se cuestione la calidad de la maternidad?

Mucho ha tenido que ver la revisión de métodos de crianza. En España pasamos sin mesura del blanco al negro o viceversa. De la crianza impositiva y coercitiva a la crianza del apego sin despegarse.

La adaptación es un proceso complicado

—Y los extremos no son buenos aquí tampoco…

Ambas posturas extremistas pierden de vista al niño y en esto tiene mucho que ver el reduccionismo de un término grande, respeto. No hay respeto al niño si no hay margen para que en cada momento de su vida actúe, explore consecuencias y tome decisiones, sí, sí, hasta mover las manos es tomar decisiones. Rescatar continuamente al niño de las consecuencias naturales de sus actos es privar de la oportunidad de conocer, es no respetar.

El pequeño no es una propiedadY por último, mucho tiene que ver el sentido superlativo de protección. Lo que es instinto natural, que asegura supervivencia al niño si no se torna generoso y desprendido nos convierte en cancerberos de ansias de libertad y aprendizaje. Sin confianza en las posibilidades, sin la actitud de desprendimiento que exige reconocer que el pequeño no es una propiedad, sin oportunidades de desarrollo de habilidades y competencias personales, no estamos respetando al niño. El hueco que se genera con el corte del cordón umbilical no es simbólico, solo es un primer paso para que los padres, con actitud comprensiva y respetando los derechos del niño, deben hacer crecer.

Por todo ello, el proceso de adaptación presenta una estampa mucho más complicada. Los padres no solo deciden un centro, los padres muchas veces tienen que luchar contra las ideologías para vencer convencionalismos sociales que, a poco que se abra la mente y se reflexione sobre los innumerables aportes a la maduración y desarrollo infantil, no se sostienen de pie.

Enriquecimiento en la escuela

—¿Por qué tan endemoniada la idea de escuela infantil, entonces?

—Las escuelas no quitan espacio a las familias, las escuelas ganan espacio de enriquecimiento en oportunidades de aprendizaje para los niños, sean de la edad que sean. Oigo sin ningún tipo de reparos que un bebé solo necesita a su madre, un bebé necesita a su madre por encima de todo, pero si esta madre cuenta con el asesoramiento y el apoyo de un buen equipo de profesionales sin duda, se beneficia al niño.

Miradas multidisciplinares construyen infanciaHábitos imprescindibles para un crecimiento saludable (descanso, higiene, salud y alimentación), pautas de relación social (cuántos problemas se pueden restar a la vida familiar con normas de manejo emocional en los conflictos), entornos creativos facilitadores de experiencias que prenden en un sistema nervioso en plena formación y configurarán un conjunto neuronal que no solo refleje aprendizaje adecuado, sino optimización de desarrollo. Miradas multidisciplinares, no roban cariño, construyen infancia.

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