Educación

Hay vida familiar después de los suspensos

Ante un boletín de malas notas, no deberíamos suspender las vacaciones

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Las notas de junio marcan cómo van a ser las vacaciones de muchas familias. Es el momento en el que llegan los boletines a casa y muchos padres se sienten desilusionados y sobre todo, desorientados ante los suspensos de sus hijos. Ese es el momento en el que muchos se preguntan por dónde atacar el problema. ¿Nos quedamos todos sin vacaciones? ¿Buscamos ayuda externa? «Pocos son los que van al origen real del asunto», indica el profesor Fernando Alberca, profesor de instituto y autor de numerosos libros educativos, entre ellos, el de «Tu hijo a Harvard y tú a una hamaca». Para este docente, «no se fracasa escolarmente por falta de inteligencia, o por falta de capacidad. Al menos no actualmente».

Lo que ocurre en nuestros días, explica Alberca, «es que la realidad del mundo actual y el sistema educativo, excesivamente evaluativo, van por mundos distintos, lo que requiere de una seria revisión». Así lo certifican al menos las cifras publicadas el pasado 2 de junio el último informe del Consejo Escolar del Estado sobre el porcentaje de abandono escolar del curso 2013-2014, que alcanzó a un 21,9% de la población. «Es decir, que en nuestro país casi uno de cada cuatro alumnos no termina sus estudios obligatorios mínimos la Educación Secundaria Obligatoria. Y dos de los tres restantes, los que la superan, lo hacen con notas mucho más bajas de las que desearían», según Alberca.

Los motivos por los que un número muy elevado de alumnos suspende habría que agruparla en varias áreas pero la principal, la que aducen todos los expertos consultados, es la «falta de la cultura del esfuerzo». «Hay, sin duda, una pérdida importante en lo que podríamos llamar pérdida de voluntad, que hace que muchos chicos y chicas hayan perdido la capacidad de sacrificio, de aplazar la gratificación, por otra parte necesaria para alcanzar cualquier logro en la vida, también los logros académicos», apunta Alfonso Aguiló, presidente de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE).

Lo que dicta la Ley

Es verdad que la legislación tampoco ayuda mucho en este sentido. Hasta el momento la LOMCE indica que el alumno solo puede repetir una sola vez en toda la etapa de Primaria mientras que en Secundaria los que repiten es porque han tenido una evaluación negativa en tres o más materias, o en dos muy concretas (Lengua Castellana y Matemáticas). Teniendo en cuenta que las competencias educativas están transferidas, esto es lo que ocurre, por ejemplo, en Andalucía, según explica José Carlos Aranda, profesor del IES El Tablero de Córdoba y autor de numerosos libros educativos:«En esta Comunidad tenemos el PIL (Promoción por Imperativo Legal). ¿Esto qué quiere decir? Que no se puede repetir más de un curso por ciclo, y que si el niño ha repetido una vez, el año que viene, tenga las notas que tenga, promociona, independientemente del número de suspensos que saque, por falta de laboriosidad, trabajo o esfuerzo. No está motivado, porque no hay nada que lo motive».

La motivación, corrobora Carlos Pajuelo, psicólogo, profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura y autor de «Cómo sobrevivir a los suspensos de tus hijos», es otro de los factores clave que influyen en la actividad académica de nuestros hijos. «Muchos padres se preguntan si pueden motivar a un hijo. La respuesta es que NO. No podemos motivarles, pero podemos actuar de tal manera que les incitemos a aprender a motivarse. La motivación surge del interior de cada persona, y en ese sentido es tarea de los hijos desarrollarla». «Mi consejo a los padres que quieran motivar a sus hijos es que actúen, piensen y vivan como personas motivadas. Que sean personas que se muestran constantes, porque saben qué es lo que quieren conseguir».

Cómo actuar

La situación que vive el alumno en el hogar, corrobora el presidente de CECE, también tiene consecuencias importantes en los estudios. «Es en la familia desde donde se debe actuar. Hay que procurar que el ambiente de casa favorezca el interés por el estudio y la cultura, que haya una buena sintonía con los profesores y el centro educativo, y que el ambiente en general sea más positivo», recomienda. «En efecto—prosigue el profesor del IES El Tablero—, debe haber un caldo de cultivo. Si no existe, es muy difícil que el niño sea dócil o receptivo al aprendizaje. Además la familia debe comprender que todos los actores implicados han de actuar coordinados en el proceso. Familia y escuela no deben ser dos universos enfrentados. Si nuestro hijo ha suspendido hay que ayudarle a superar las dificultades, pero no excusarse en el enfrentamiento o en la demonización del profesor».

Por esta misma razón este maestro propone, sobre todo, enseñar al chico que ha suspendido a ser autónomo. «Es un error muy frecuente que cometen los padres. "Como el niño ha suspendido, le ponemos profesores particulares, o le metemos en una academia todo el verano", cuando en realidad lo que hay que hacer es enseñar a ese chaval a ser autónomo, para que no necesite ni de la supervisión de los padres ni un apoyo externo continuo. Hay que trabajar además la metodología de trabajo, e incidir mucho en las técnicas de estudio...». Pero sobre todo, insiste Aranda, «debemos conseguir que los alumnos sean capaces de enfocar solos el problema. Si le ofrecemos la solución al niño, este no se sentirá comprometido, y esto funciona de la misma manera independiente de la edad que tengan los hijos. Desde muy pequeños debemos tratar de acostumbrarlos a plantear sus propias soluciones, y nosotros guiarlos en ellas».

El clima familiar

Por último, y no menos importante, hay que tener en cuenta que por muy malas que sean las notas, concluye el autor de «Tú hijo a Harvard y tu en la hamaca», «nunca deberían socavar las relaciones familiares, porque la relación padres e hijos se cimenta en el amor, y los padres somos padres en el éxito y el fracaso». No faltan aquellos que, tras la llegada de unas malas calificaciones en junio, explica este profesor y conferenciante, pierden de vista este punto, e incluso anulan sus vacaciones. «No sería este mi consejo. Por muy malas que sean las notas, siempre deberíamos compartir momentos de ocio y de calidad con nuestros hijos. No debemos condicionar nuestro descansoo nuestro momento de crecimiento personal y familiar a un boletín de notas. Porque el que ha suspendido es el niño. Él es el que tiene que cargar con las consecuencias

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