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Familiares de enfermos mentales piden una mayor atención psicológica en el aula

Los profesores exigen que los padres asuman su parte de responsabilidad en la educación de sus hijos

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La trágica muerte el pasado lunes de un profesor presuntamente a manos de un alumno de 13 años que, según los primeros indicios, se encontraba en pleno brote psicótico, vuelve a poner encima de la mesa un problema muchas veces oculto y que afecta a numerosas familias de este país: los trastornos mentales. Según la presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente (AEPNyA), Josefina Castro, entre el 10 y el 20% de la población infantil está afectada por uno de ellos (depresión ansiedad, problemas de relación), aunque sólo un 1% presenta un trastorno grave. Además, asegura, «la mayoría de ellos se detecta a tiempo, muchas veces referidos por los propios padres o incluso, los profesores del niño».

En este sentido se manifiesta José María Sánchez-Monge, presidente de la Confederación Española de Agrupaciones Familiares de Enfermos Mentales: «Sería interesante que en los colegios hubiera mayor presencia de profesionales especializados en Psicología, orientadores y otros perfiles para ayudar a los maestros a hacer una detección temprana de problemas de conducta pero, sobre todo, como prevención». La realidad es, reconocen desde el portavoz del Sindicato de Profesores de Secundaria de Cataluña (Aspepc-Sps), Xavier Massò, «que la figura del psicopedagogo escolar tiene un margen de actuación escaso».

Integración social

El estigma de este colectivo, en cualquier caso, es evidente, y máxime si va unido a hechos como el gravísimo suceso ocurrido en un instituto de Barcelona. «A la sociedad le cuesta entender el trastorno mental, pero son enfermos a los que no se les debería apartar por completo de la vida social». En este punto coincide la psiquiatra Montse Pamiès, presidenta de la Sociedad Catalana de Psiquiatría Infanto-Juvenil de la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares: «La psicosis no se cura. El tratamiento es sobre todo, farmacológico, pero se debe complementar con tratamientos psicosociales. Se trata de ayudar a estos enfermos a hacer una incorporación paulatina en la sociedad».

«Hecho aislado»

Si bien existe unanimidad entre la comunidad educativa al considerar tan dramático suceso del Instituto de Barcelona como «un hecho aislado y excepcional», los docentes no dejan de insistir en que lo ocurrido en el instituto barcelonés es «el máximo grado de una violencia que se produce todos los días en muchos los centros del país», denuncia el responsable del área educativa del sindicato CSIF, Adrián Vivas. «Es una violencia de baja intensidad —matiza—. Chantajes, desplantes, insultos, amenazas... se están normalizado en las aulas y, si no se cortan a tiempo, pueden llevar a situaciones extremas como ha podido ser la de Barcelona. Hemos descuidado lo básico: enseñar a los chavales a ser ciudadanos de bien».

En esta misma línea se expresa el portavoz de Aspepc-Sps. En su opinión se ha tenido que producir una muerte para que se hable de una situación insostenible y que desde este sindicato se viene denunciando desde hace tiempo. «El suceso del lunes es la expresión más trágica de una dinámica que ha ido a más desde hace mucho tiempo, que es un problema estructural que tenemos en muchos institutos, y que hasta ahora no se ha sabido ni se ha querido afrontar: el problema de la convivencia y la disciplina. Y también afecta a muchas familias, que han delegado la educación de sus hijos en escuelas e institutos como si fueran contratas. Y estas instituciones no están para esto. Hay aspectos de la educación de un individuo que ni puede ni debe hacer un profesor, porque corresponden a la familia», aseguran.

Caldo de cultivo

A esto se suma que, para este sindicato, «la mayoría de agresiones al profesorado, verbales o físicas, acostumbran a quedar en la más absoluta impunidad o en una pequeña sanción». Uno de los barómetros que mejor puede tomar el pulso a la situación que se vive en los colegios e institutos es el servicio del_Defensor del Profesor que puso en funcionamiento el sindicato de docentes ANPE en 2005.

Desde entonces ha recibido 25.657 llamadas de profesores. El 27% lo hacía por las faltas de respeto que recibía; el 25% porque tenía problemas para dar clase y el 22% por falsas acusaciones de padres y/o alumnos. Había un grupo que sufría los peor: el 16% acoso y amenazas por parte de los estudiantes; el 14% insultos y el 7% incluso agresiones. Unas conductas en las que las familias tienen mucho que ver como asegura Jesús Niño, coordinador del Defensor del Profesor de ANPE. «La familia —afirma— tiene que implicarse en la tarea educativa de sus hijos mucho más. Se ha alejado de sus funciones. Y los padres pasan poco tiempo con los hijos. Creemos que bastantes casos de violencia se pueden evitar poniendo límites y normas desde casa».

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