Así debes guiar a tus hijos para ayudarles a elegir una carrera
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Así debes guiar a tus hijos para ayudarles a elegir una carrera

La última decisión siempre la tienen los studiantes

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Los estudiantes siempre tienen la última palabra a la hora de decidir la carrera que quieren realizar. Sin embargo, su veredicto final puede estar «distorsionado» por intereses encontrados o por la influencia de los amigos. Los educadores y, sobre todo, los padres tienen un papel de guía esencial en esos momentos de gran incertidumbre.

Según Amparo Acereda, profesora de Psicología de la Universidad Abat Oliba CEU, los adolescentes no están preparados para decidir lo que van a hacer los próximos 40 años. «El papel de los padres debe ser de equilibrio entre la sobreprotección, la imposición de intereses paternales y el dejarles solos en la toma de decisiones más decisiva hasta el momento».

Para servir de perfecta guía, los progenitores deben contribuir a que sus hijos realicen un análisis introsprectivo de sus habilidades e intereses para que la conclusión final sea coherente con él mismo. «Lo que el hijo requiere de sus padres es que lo ayuden a conocerse y reconocerse. A descubrir cómo es, cómo piensa, cuáles son sus verdaderos intereses, potencialidades y recursos», apunta.

En su camino de «despertar su vocación», si es que no la tiene claramente definida, existe una serie de recursos que la familia puede poner en práctica: aportarle anécdotas, recuerdos, juegos y características de su niñez que pueden aportarle pistas al adolescente sobre sus gustos y deseos.

Un error muy grave

Un error muy grave es el de los padres «que ya tienen decidida la carrera profesional para sus hijos sin ni siquiera consultarles e, incluso, hay casos en los que les amenazan con no financiarles otra carrera que no sea la que ellos han elegido para su vástago», advierte Amparo Acereda.

Aún así, esta profesora de Psicología también llama a la calma al recordar que se tome la decisión que se tome «no es necesariamente un camino sin retorno». Si, una vez iniciada la carrera, el estudiante llega a la conclusión de que no está estudiando lo que realmente quiere, ha de comentar esta situación a sus padres con «sinceridad y talante de futuro». «No existe el fracaso en sí. Todos tenemos derecho a equivocarnos y rectificar a tiempo».

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