Anne (izquierda) y Suvi (derecha) en la entrada del Colegio Finlandés de Fuengirola
Anne (izquierda) y Suvi (derecha) en la entrada del Colegio Finlandés de Fuengirola - abc

«Están matando el interés del niño por aprender»

Dos profesoras finlandesas cuentan a ABC sus impresiones sobre el sistema educativo español

m. j. pérez-barco
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Sobresaliente de nota media en Bachillerato y en lo que sería la Selectividad española. Esa fue la calificación que obtuvo Suvi Mattila, una profesora finlandesa que da clases de inglés, sueco y alemán en el Colegio Finlandés de Fuengirola, el único que existe en España con el sistema educativo del país nórdico. También su compañera Anne Niemi, profesora de español en el mismo centro, obtuvo un nueve de media.

Podrían haber accedido a Medicina o Derecho, pero eligieron ser maestras, convencidas de que es su vocación. «Es una carrera muy solicitada en nuestro país, pero solo entran entre un 10 y 15% de los que lo intentan. Hay que superar un proceso de selección muy difícil y estudiar y esforzarse mucho», dice Anne. Ella estudió Filología hispánica y un año de Pedagogía para poder ejercer como maestra. «Se hacen muchas prácticas en escuelas que tienen mucha experiencia. Das clases y observas cómo lo hacen otros. Te valoran tus propios compañeros y un tutor», explica.

«La entrevista es un filtro muy riguroso»

Suvi estudió Filología inglesa que completó con sueco y alemán. Después el año de Pedagogía para maestra. «Además de la Selectividad, cada universidad exige otras pruebas. La entrevista es un filtro muy riguroso. Suele ser en grupo e individual. Ven si eres socialmente capaz de hacerlo, cómo te relacionas con otras personas; expones un tema y observan si alguien no dice nada o si domina demasiado», cuenta Suvi.

Ambas reconocen que les gusta enseñar, que quieren lo mejor para sus alumnos y que es una profesión vocacional, porque si no «te quemas». «También es importante tener una buena formación —porsigue Suvi—, el profesor es el experto, sabe de lo que habla, sabe lo que hace y sabe cómo hacerlo. El alumno tiene derecho a que el profesor prepare su clase y que sepa lo que va a decir, pero los profesores tenemos derecho a que los alumnos respeten lo que hemos preparado y nuestro trabajo».

Una relación cercana

El gran prestigio del que gozan los maestros en Finlandia también facilita el ejercicio de la docencia. Por esa, entre alumno y profesor se establece una relación de confianza y respeto. «No somos amigos de los alumnos ni estamos por encima de ellos», explica. Hasta el punto que los propios estudiantes piden perdón a su maestros cuando molestan en clase. «Dicen: "lo siento profe, es que hoy estoy un poco travieso". Aquí es muy raro que un alumno conteste mal».

«El profesor finlandés no está todo el tiempo ejerciendo la autoridad»

En cualquier caso, no sólo son las formas sino también las técnicas para acercarse al alumnos son diferentes, comenta Suvi. «El profesor finlandés no tiene que estar todo el tiempo ejerciendo la autoridad. Intentamos castigar poco y hablar más con el alumno cuando hay problemas, con el objetivo de que piense por sí mismo. Intentamos crear un diálogo y hacerle más responsable en lugar de castigarlo o mandarle más deberes. Le explicamos: quiero ayudarte, tienes que intentar entender que si te portas así también se sienten mal tus compañeros, que si no estudias ahora cuando seas adulto lo vas a tener más difícil...».

También los padres apoyan a los docentes. «Si llamamos a casa o enviamos una nota a los padres por el mal comportamiento de su hijo, ellos piensan que será por alguna razón, no porque nos dé la gana. En Finlandia, nadie puede imaginar que un padre pegue a un profesor porque ha castigado a un alumno por mal comportamiento», dice Suvi.

Errores del sistema español

A Anne le han sorprendido otros aspectos del sistema educativo español. Sus tres hijos han estudiado en colegios españoles. «En las reuniones de padres me llamaba mucho la atención que los profesores siempre recordaran que no se hablara mal del colegio en casa. Ningún profesor finlandés diría eso, porque nadie habla mal de la escuela».

Para estas maestras hay muchos otros errores en el sistema educativo español. Las profesoras cuentan que los niños finlandeses comienzan a leer a partir de los siete años, que hacen deberes pero invierten como mucho treinta minutos, que las clases son de 30 alumnos y duran 45 minutos con un cuarto de hora «para jugar, correr y distraerse», que la ley educativa es respetada por los sucesivos gobiernos y no cambia, que los niños aprenden a pensar por sí mismos y «no copian lo que el profesor dice»... «En España, se enseñan letras con cuatro años. A los cinco ponen deberes. Así, cuando el niño tiene ocho está harto del colegio, cuando debería estar deseando aprender. Están matando el interés del niño por aprender, les exigen mucho trabajo muy temprano, cuando deberían estar jugando», dice Suvi.

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