Sabueso de Baviera cobrando una cierva S. SEGOVIA

Perros especialistas

El arte de rastrear es una asignatura pendiente en la caza actual que, hoy,es necesario recuperar

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Dice un viejo refrán que «quien caza sin perros, anda por los cerros». No se entiende la cinegética sin la compañía de uno o varios perros, según la modalidad que practiquemos, aunque imprescindibles en todas ellas. Qué triste es contemplar a algún cazador sin perro, dando patadas a las matas a la espera de que salga el conejo o levante el vuelo la perdiz. Si hablamos de caza mayor, ni se plantea el hecho de no llevar perros que busquen y levanten las piezas.

Para todas las modalidades mencionadas hay múltiples razas que cumplen con creces su cometido. En cambio, nos queda una asignatura pendiente en estos rastreos: en el seguimiento de las piezas de caza mayor heridas, lo que se conoce en el lenguaje del monte como los «rastros de sangre».

Toma de conciencia

Muchas son las piezas que se van heridas y que quedan en el monte, condenadas a una muerte lenta y cruel. Poco a poco, los cazadores van tomando conciencia de este problema e intentan evitar que este lamentable hecho se produzca. Fruto de esta preocupación, hace unos años se creó AEPES (Asociación Española del Perro de Sangre. www.aepes.es), cuyos objetivos fundamentales son sensibilizar sobre la necesidad de utilizar perros de sangre y formar a los conductores de los mismos, así como proporcionar apoyo en el entrenamiento y en el rastreo; también, defender, ante los organismos competentes, dicho rastreo con perro de las reses heridas como disciplina complementaria a la acción de cazar y como contribución a la gestión de los territorios y a la promoción de una práctica ética y responsable. 

El rastreo con perros de sangre es una disciplina para canes especializados en esta tarea, con una preparación específica y con pruebas de aptitud tanto para el animal como para su conductor.

Cualquier perro con instinto, si es con la preparación adecuada y con el buen hacer de su entrenador, puede ser aprovechado en la búsqueda de piezas heridas. Sin embargo, solo hay dos razas desarrolladas y fijadas para ser utilizadas sobre el rastro de piezas de caza heridas. Estos perros son los que podríamos denominar «especialistas»: el sabueso de sangre de Hannover y el sabueso de montaña de Baviera.

En un segundo apartado podemos incluir aquellas razas entre cuyas pruebas de trabajo se encuentra el rastro de sangre. Se trata de animales muy polivalentes, entre los que podemos destacar el teckel, jagdterrier, dachsbracke, tiroler, bracke, brandl bracke, drahthaar, braco alemán, langhaar y munsterlander. Por último, hay otras razas también aptas y utilizadas, como son el jack russell, foxterrier, labrador, kopov, norwegian elkhound, fauve de Bretaña o beagle.

Una práctica antigua

El arte de rastrear forma parte de la cultura venatoria española desde al menos el siglo XVII, quedando relegado al olvido en estos tiempos en los que AEPES se está encargando de su recuperación.

Hoy más que nunca, con los miles de cazadores practicantes del rececho, se hace casi una obligación acompañarnos de un buen perro de rastro que evite la lenta agonía de muchas piezas. Por ética y por respeto a los animales cazados.