Un momento del desfile de Carolina Herrera en la Semana de la Moda de Nueva York
Un momento del desfile de Carolina Herrera en la Semana de la Moda de Nueva York - REUTERS

La ecléctica nueva imagen de Carolina Herrera

Wes Gordon, el sucesor de la emblemática creadora venezolana, aún no ha encontrado un hilo conductor sólido para sus colecciones

NUEVA YORKActualizado:

Sustituir a un creador de modo abrupto y por intereses empresariales cuando aún sigue vivo, no suele ser fácil. Un ejemplo de ello son los desastrosos años de Tom Ford a cargo de un Yves Saint Laurent apartado de la marca que fundó al ser comprada por el Grupo Gucci. O la sustitución del entonces aún dinámico Hubert de Givenchy tras la compra de la marca por LVMH en 1988, por John Galliano, Alexander McQueen o Julien MacDonald. No ha sido hasta la muerte de Givenchy y la llegada de Claire Waight Keller que la casa francesa ha vuelto a renacer. Algo así puede ocurrirle a la marca Carolina Herrera por deshacerse de su cerebro gris sin necesidad.

Y es que el ADN de una marca que funciona y que ocupa un lugar sólido en la mente de la prensa y el consumidor, es un activo de gran valor en el competitivo mundo de la moda, tan lleno de recién llegados probando suerte. María Carolina Josefina Pacanins Niño, casada con Reinaldo Herrera, construyó durante décadas su marca con un estilo inconfundible, con la clase y la elegancia que tantas mujeres buscan a la hora de ir vestidas en un día importante. Sin tener que recurrir a grandes influencias externas, Carolina retomó prendas fetiche de su propio guardarropa para adaptarlas a todos los físicos, repitió su magníficas y suntuosas faldas de vuelo en tejidos ricos y colores sobrios y llenó los vestidores de sus clientas de magnífica camisas blancas de corte atípico pero intemporal.

Es por ello que el desafío que Wes Gordon tiene ante si, es de envergadura. Gordon, un joven norteamericano de Chicago que en su día realizó prácticas con Oscar de la Renta y Tom Ford, creó en 2009 su propia marca, tras acabar sus estudios en la Saint Martin’s de Londres. Un año antes de retomar la dirección creativa de Carolina Herrera en 2018, ya se le contrató como consultor externo, para que fuera familiarizándose con la casa y pudiera dar el salto. Y probablemente sea Wes Gordon un profesional con gran potencial.

Pero la colección que ha presentado durante la Semana de la Moda de Nueva York, ha mostrado de nuevo no tener un hilo conductor sólido o claro. La empresa ha declarado que se trata de una colección inspirada en los bodegones florales de Robert Mapplethorpe. Pero Mapplethorpe, fotógrafo nacido en Nueva York y tristemente desaparecido en 1989 víctima del sida, fue más prolífico por sus excelentes retratos de desnudos masculinos en blanco y negro, tachados a menudos de pornografía. Y este trabajo no parece estar reflejado en los vestidos de colores amarillos y naranjas de enorme vuelo presentados ayer por la nueva casa Herrera.

El esmoquin negro cortado en diagonal a la altura de las costillas parecía más bien influencia de colecciones pasadas del Balenciaga de Alexander Wang, mientras que los voluminosos vestidos de volantes gigantes y mangas excesivamente largas recordaban a las prendas que Demna Gvasalia, actual creativo de Balenciaga, presenta para su propia marca, Vetements. Los atuendos amarillos están inspirados -según la nota de prensa distribuida por la propia empresa- en los taxis de Nueva York, una evocación poco romántica de un sector polémico, cuanto menos. Y los vestidos hechos con en tejidos brillantes y atados a un solo hombro con un lazo, combinados a su vez con pantalones negros de corte básico, tampoco parecen ser un buen anzuelo para la elegante y sobria clientela que la señora Herrera había conseguido fidelizar durante décadas.