Angela Merkel
Angela Merkel - EFE

El kimono de Merkel

En el diario «Bild», tras párrafos de análisis, declaran orgullosos que la Canciller compra su ropa ella misma

Actualizado:

Ángela Merkel es única en su género. Ya se sabe que en estas cuestiones de estilo nada como los dirigentes de la antigua Europa del Este para darnos unas cuantas «lecciones rápidas» a los occidentales. La discípula de Erich Honecker (los muy jóvenes pueden pensar que se trata de una marca de calderas) es la reina de los estilismos demodés.

Práctica como nadie, rauda y veloz para recortar gastos, es la primera que predica con el ejemplo. Utiliza prendas una y otra vez, durante años. Alabamos que así sea, en realidad. Pero es cierto que Angela Merkel no tiene un especial sentido del estilo; su físico tampoco es muy agradecido y su corte de pelo es letal. No obstante, sus votantes buscan en ella esa austeridad monacal, esa seriedad estajanovista con la que es consecuente.

Frau Merkel tiene uniformes de trabajo, hasta para la ropa que considera más sofisticada. Como otras líderes mundiales, es respetada porque ya tiene una edad, unos kilos y se piensa en ella como una «papisa mandona» más que como en una mujer. A los ejemplos me remito.

Pero hete aquí que la canciller alemana se repite también con los modelitos más fashion, que recupera desde nada más y nada menos que hace 18 años. Acompañada de su apuesto marido, Joachim Sauer, ha asistido a un concierto del Festival de Salzburgo hace unos días con un kimono que ya ha utilizado en numerosas ocasiones previamente. Nada tenemos en contra de los kimonos, todo lo contrario. Pero el especimen que lució Angela Merkel esta semana lo había comprado en California hace varios lustros y era -como poco- difícil de llevar.

Lo tiene amortizado: al menos lo ha utilizado en público en 1996, 2002 y 2014, desde luego, digno de alabanza. Repetir y reciclar es algo que la Reina Letizia o Michelle Obama hacen aún con más frecuencia, un hábito que ni Sarah Palin ni Kate Middleton han hecho suyo. Lo malo es que este kimono en concreto, le queda como a un cura dos pistolas. En el diario "Bild", tras párrafos de análisis, declaran orgullosos que la Canciller compra su ropa ella misma. ¿Quién si no le aconsejaría semejante disfraz?