El Príncipe Alberto recibe como regalo de boda un test de paternidad

Se enfrenta al rumor de un nuevo hijo ilegítimo, confirmado por fuentes próximas al Palaciode los Grimaldi

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ENVIADO ESPECIAL A MONTECARLO

Alfred Hitchcock advirtió a quien fue su icono, Grace Kelly, la mujer más bella del mundo, rival de Marilyn Monroe: «Tú rechazas vivir la vida para vivir una fábula». También la campeona de natación sudafricana Charlene Wittstock, de 33 años, ha dicho dos veces «sí quiero» al Príncipe Alberto, 20 años mayor que ella, y al destino de los Grimaldi. Y cuando apenas se han apagado los focos de tres días de fiesta en Mónaco, la Princesa Charlene deberá afrontar su primera prueba: estar al lado de su marido en los test que se le harán, quizás en los próximos días, sobre la eventualidad de una nueva paternidad. La agencia France Press (AFP) confirmaba, tras la ceremonia civil, que había existido una crisis entre el Príncipe Alberto y Charlene, y añadía que fuentes próximas al palacio de los Grimaldi habrían confirmado la «veracidad» del rumor.

El escándalo parece imparable. Algunos periódicos lo resaltan en sus primeras páginas: el «Sunday Telegraph»titula: «Pétalos para la princesa… y test de paternidad para el príncipe». Algunos medios van más lejos. El sitio web francés public.fr ha escrito que el Príncipe Alberto tendría un hijo natural de 18 meses con una mujer italiana que ahora estaría dispuesta a vender la historia. Habría sido esta noticia la que causó la furiosa reacción de la exnadadora sudafricana, detenida por policías del Principado antes de coger un avión para abandonar la Costa Azul.

El sitio francés también resalta: «Algunos dicen que el príncipe habría tenido también un segundo hijo natural con Nicole Coste» (ex azafata de Togo, con la que tuvo a Alexandre, de 7 años). Este rumor ganó cierta credibilidad cuando Coste, de 40 años, que le sacó una suma multimillonaria al príncipe, fue vista el jueves en Montecarlo.

Los abogados del soberano monegasco desmienten los rumores, pero esa misma estrategia siguieron antes de que el príncipe tuviera que reconocer a sus dos hijos naturales, Alexandre y Jazmín, esta última nacida en 1992 de su relación con una excamarera californiana, Tamara Rotolo. Conociendo sus antecedentes y su fama de libertino, a nadie sorprende hoy el chisme que se cierne sobre el príncipe.

Frédéric Laurent, un fino conocedor de Mónaco, sobre el que ha escrito varios libros, confiesa que «el Principado tiene todos los atributos de un país, pero no es más que un pueblo que adora los rumores». Y el Principado no solo vive de rumores mundanos y palaciegos. Mónaco también es un paraíso fiscal de «opacos negocios» y «blanqueo de dinero», según sostiene Vincent Piolet, un profesor universitario francés experto en esos temas.

Con su boda, el Príncipe Alberto ha intentando dar al mundo una nueva imagen de Mónaco. Esperaba con la bella sudafricana Charlene recuperar el encanto y glamour que un día trajo de Hollywood Grace Kelly. Pero esa magia es solo un recuerdo. La nueva princesa de Mónaco es una escultural nadadora sudafricana, que aun vestida impecablemente de reina por Giorgio Armani, parecía una bella actriz secundaria de una telenovela, mientras el Príncipe Alberto, con uniforme de gala militar, tenía el aire de un personaje caído casualmente en el escenario. La sensación es que faltó algo en la fábula de los príncipes de Mónaco: faltó la emoción, la sorpresa, los gestos de amor.