Una exitosa bodacasi imposible

Hoy hace medio siglo se casaron Margarita y Simeón de Bulgaria. El obispo de Friburgo tildó a la novia de apóstata

RAMÓN PÉREZ-MAURA
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Fue un quebradero de cabeza eclesiástico-diplomático. El Rey de los Búlgaros, un ortodoxo exiliado en la católica España del general Franco, quería casarse con una aristócrata española, huérfana de «Caídos» y autoemancipada de sus tutores al llegar a la mayoría de edad. El noviazgo que empezó en el verano de 1959 sería un calvario que duraría más de dos años y en el que Simeón II tuvo tres audiencias con el Papa Juan XXIII buscando la aprobación al matrimonio.

A favor jugó la relación de Juan XXIII con Bulgaria. El Papa había sido nuncio en este país durante el reinado de Boris III. La gran dificultad estaba en las cauciones que se exigía a los novios: debían comprometerse a que sus hijos serían educados en la fe católica. Eran problemas que ya habían sufrido su padre, Boris, y su abuelo, Fernando. Simeón sabía que su heredero debía ser ortodoxo y él no podía romper ese vínculo de la dinastía con la Iglesia ortodoxa. Como ocurriera con los Reyes Boris y Juana, el problema realmente era para su novia, Margarita, la única a la que podían alcanzar las sanciones de la Iglesia católica. Juan XXIII se mostró comprensivo en todo momento, pero tenía que cumplir las normas. «Era muy receptivo, pero el pobre me dijo un día “hijo mío, si dependiera de mí te diría ahora mismo “sí”. Pero como estoy en este sillón —y perdona la falta de modestia— no lo puedo hacer”», explicaría Simeón.

Simeón y Margarita pusieron su caso en manos de un abogado matrimonialista que encontró un precedente en un matrimonio de un gobernador japonés sintoísta y una católica, y lo aplicó al caso. Fue un poco DeusEx Machina.

El matrimonio se celebró en tres ceremonias. La primera, católica, tuvo lugar en el despacho de Simeón en su casa de Madrid el 14 de enero de 1962. Fue casi en secreto —ni siquiera asistió su madre—, pues el airearla dificultaba la posterior ceremonia ortodoxa: a todos los efectos canónicos los matrimonios celebrados en el seno de una de las dos iglesias eran ya entonces válidos en la otra. El 20 de enero de 1962, los casó civilmente el alcalde de Lausana (Suiza), y el día 21 tuvo lugar la ceremonia principal en la iglesia ortodoxa de Vevey. Pero el secreto se desveló y dos días antes de esa ceremonia ortodoxa el arzobispo ruso que debía presidirla dijo que no lo haría porque se había enterado de que ya estaban casados. «Yo le dije que tendría que pasar por la vergüenza de que un verdadero ortodoxo no pudiera casarse por su rito y quedarse en lo civil. Cedió», explicaría Simeón. Se completaron, por lo tanto, las tres ceremonias, y Simeón gusta apostillar que «como diría Margarita cuando nos peleamos, “es demasiado complicado, porque deshacer tres bodas… imagínate, es imposible”». Una semana después de la boda, el obispo de Friburgo hizo leer en todas las iglesias una declaración llamando a Margarita apóstata. Una de los feligreses que lo escucharon fue la Reina Victoria Eugenia, que se lo contó al joven matrimonio. Posteriormente, el obispo se disculpó.

De aquel matrimonio hubo cinco hijos y once nietos. Ambos llevaron una vida de familia madrileña de la clase alta, en la que él dedicaba la mayor parte de su tiempo a su trabajo y una parte no menor a su actividad política al frente de una causa aparentemente utópica: una Bulgaria democrática. Hasta que el 10 de noviembre de 1989 cayó la dictadura de Teodoro Yivkov. Y el domicilio madrileño de Simeón y Margarita se convirtió en un santuario lleno de peregrinos. El 25 de mayo de 1996 cientos de miles de personas colapsaban Sofía para recibir a su Rey que volvía del exilio medio siglo después de partir. Para Simeón era una reivindicación de su labor, para Margarita una afirmación. Y cinco años más tarde, fruto de la libre voluntad de los búlgaros, su depuesto Rey se convertía en primer ministro tras ganar las elecciones. Y Margarita seguía a su marido, por quien se había convertido en Reina por matrimonio, y quien ahora le llevaba a Bulgaria a ser consorte del jefe del Gobierno. Un papel muy distinto.

Anoche Simeón y Margarita celebraron estas Bodas de Oro en familia.