La entrada de los mariscos y la salida de los novios

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Palabras de Ana Rosa Quintana, con su retranca habitual, al finalizar el programa a las 12.36: «Hemos vivido un momento histórico en la televisión. Hemos retransmitido la boda que no se ha producido». Y eso lo dijo tocada con una pamela de leopardo, que para eso Bibiana Fernández ejerce magisterio en el programa («Vamos a ver qué nos ponemos para la boda a la que no nos han invitado»). La despedida de Ana Rosa es síntoma y demostración de lo que Maxim Huerta ha denominado «despropósito». Maxim ha sido la contracrónica, el poli malo en el despliegue de cursilería y desmesura mediática en torno a la boda de Cayetana Alba y Alfonso X. Como siempre, se ha encargado de leer tuits(cosa que también hacía Antena 3). Un ejemplo: «La tarta la cortarán con la Excalibur, espada que Cayetana tiene desde que hizo un Erasmus».

Por supuesto, no ha sido Telecinco la única que ha retransmitido la nada, que hemos estado todos, pero aquí va la frase tempranera de una de sus reporteras destacadas en Las Dueñas: «Ya han entrado los mariscos». El resto de los invitados, salvo los hermanos Rivera Ordóñez (los guapos) o los Victorio & Lucchino, entraron en el palacio más ocultos que los bogavantes. También se vio al impecable novio saliendo del hotel Eme (con protesta) y, sobre todo, a la madrina, Carmen Tello, esperándolo en la calle con los Victorio & Lucchino. Como se echó a la calle antes de tiempo, la guapa mujer de Curro Romero casi dio una rueda de prensa que se le debió de hacer eterna. «¿Ya?», preguntó más de una vez. Se produjo un momento fascinante en la película de la boda. El espectador sabía más que los personajes. En La 1, la madrina, de plantón: «Me han dicho que el novio ya ha salido del hotel». Pero si te ibas a Telecinco, que tenía plano fijo y lila en la puerta del hotel, sabías que Alfonso todavía no había salido. Lo hizo más tarde para que viéramos que la educación y la caballerosidad están reñidas con las calles estrechas y el asalto de la prensa porque el novio no salió del coche para abrir la puerta a la madrina (habría sido como bajarse del Land Rover en un safari-park).

Con tan pocos figurantes, no obstante, las televisiones llenaron horas (algunas, como Telecinco y Antena 3, sin que la boda hubiera empezado). Con directos todo el rato en los «puntos estratégicos», incluida la clínica Ruber Internacional, adonde a «La mañana de La 1» mandó a una reportera en cuanto supo el ingreso de Eugenia Martínez de Irujo por la varicela. Porque la hija de la duquesa habrá contraído esa enfermedad, pero los demás también hemos pillado algo. Seguramente un brote de Huxley, que en «Un mundo feliz» profetizaba una sociedad distraída por trivialidades y encantada de estarlo. Como Neil Postman sintetizaba glosando a Aldous Huxley, tenemos una vida cultural convertida en perpetua ronda de entretenimiento y una conversación pública transformada en habla infantil. Un pueblo convertido en un auditorio, y sus intereses públicos, en un vodevil. Entre todos esos directos imprescindibles, en La 1 sacaban a una señora que ha hecho una «escultura de ganchillo» de la duquesa de Alba (también tenía a Manolo Blahnik o a Macario, el muñeco de José Luis Moreno).

Unos diez minutos después de las dos de la tarde, los recién casados salían a la puerta de Las Dueñas para saludar a la gente y la prensa, para lanzar el ramo y hasta para bailar (ella). Slo pilló en directo a Cuatro, a Hilario Pino en su informativo. Minutos más tarde, la boda que ya se había producido fue titular en los de Antena 3, Telecinco y La 1.