<a href="/fotos-gente/20110214/vega-grammy-1401095848788.html">Elena Anaya en la alfombra roja.</a> - REUTERS

Ellas, de amor y lujo, y ellos sin corbata

Entre las más destacadas de la noche, Belén Rueda, Elena Ochoa y Maribel Verdú, tan elegantes como delgadas

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«España es tan sencilla, tan grandiosa, tan dramática... Vuelvo siempre a Velázquez y a Goya», decía Manet. Nosotros volvemos a los Goya, tan sencillos, tan grandiosos, tan dramáticos, tan anonymous. Y en el Teatro Real. Con las estrellas entrando desde la Plaza de Oriente. Antes se protestaba dentro por guerras lejanas, ahora se protesta fuera para que no nos quiten Series Yonquis. «Pancho, cágate», incitaban los manifestantes anti Ley Sinde al simpático perro de la Lotería, que atendió a la prensa con paciencia (parecía puesto de Trankimazin). Todo lo contrario que Javier Bardem, que pasó mirando de lado (su mamá también). Si no fuera porque Carlos Bardem, acompañado de Celia Blanco, la actriz porno, sí se dignó a hablar, pensaría que la familia es muda. Luis Merlo, «chevalier servant» de su cuñada Maribel Verdú (delgadísima, de Dsquared), no se explicaba la actitud de Bardem.

En fin, como no vamos a hacer una lista de antipáticos a lo Oriana Fallaci, la haremos de guapas. O de simpáticos. Entre otros, Imanol Arias y su novia, Irene Meritxell, con Goya encima. Un foulard con el careto del pintor de su firma, El valor de las ideas. Silvia Abril, actriz y novia de Andreu Buenafuente, tuiteaba todo. Como Dafne Fernández, vestida con un traje corto de Hannibal Laguna (Leire Pajín también tiró del diseñador alicantino). Entre los hombres hubo un brote de sincorbatismo. Prescindieron Juan Diego, Mario Casas, Hugo Silva y Leonardo Sbaraglia (con boina porque no tenía pelo). Alguna mujer, porque puede, prescindió de sujetador. Así, Belén Rueda, que se quedó la última en la alfombra roja, preciosa con un vestido marrón chocolate de Gucci y unos lagartos por pulsera que ni María Félix. La actriz va a hacer «La caída de los dioses» en el teatro. De la televisión que la empujó al cine, recordará «Médico de familia». Si tenemos en cuenta que por allí andaban Emilio Aragón, Isabel Serrano y Lydia Bosch (irreconocible y bronceada), parecía que hubiera una reunión de la serie de Telecinco.

Más señoras espectaculares. Najwa Nimri, en transparente encaje de Dolce&Gabbana; Aura Garrido (Oscar de la Renta color champán), Lady Foster (regia de Cortana), María Valverde, con un vestido corto de Cindy Figueroa cuya cola recogía («si no, puedo quedarme un poco en pelotas»), Emma Suárez, con su Gucci levantatetas, y Ana Belén, de Felipe Varela (y de rojo Letizia). Aunque el rojo ligado a la princesa es el de Caprile en Dinamarca. Lorenzo Caprile fue quien más versatilidad demostró en la noche goyesca. En el rojo diosa griega de Verónica Forqué, en el sobrio traje con pantalón y cuerpo de encaje de una atractiva Icíar Bollaín o en el vestido de sardina plateada de Anne Igartiburu. Y Sinde que no llegaba. Ni la descargaba el helicóptero ni salía del cabezón de Goya, que lo mismo era una tapadera a modo de entrada secreta de la TIA. Al final llegó (de Jesús del Pozo) en trío de ministras. Con Leire Pajín y Elena Salgado (de Juanjo Oliva, su diseñador favorito). Los Goya siguen siendo un acontecimiento. Tanto como para que el tonto de Jimmy Jump aparezca. Los anonymous son unos aficionados.