Dos duquesas

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MANUELA MENA

La imaginación popular ha unido por el nombre, entre otras cosas, a la 13ª y la 18ª duquesas de Alba. La primera, de vida breve (1762-1802), se llamaba María del Pilar Teresa Cayetana. No usó nunca el último nombre, impuesto por su bautizo en la parroquia de San Cayetano, a la que se adscribía el cercano palacio de los duques de Alba. Como Cayetana no firmó jamás María Teresa ni su correspondencia ni los documentos oficiales. La muerte de su padre cuando ella tenía 8 años la convirtió en heredera por derecho propio del título y para mantenerlo y perpetuarlo la casó su abuelo en 1776, a los 12 años, con José Álvarez de Toledo, heredero del marquesado de Villafranca, que se comprometió a anteponer al suyo, para que no se perdiera, el título de Alba. Esperaban tener muchos hijos, pero no llegó ninguno y murió sin descendencia, dejando sus bienes a sus servidores y pasando el título a la casa de Berwick.

Su vida, rodeada de arte y buen gusto, transcurrió en las animadas tertulias de su época, reuniendo a su alrededor a un grupo selecto de poetas y autores teatrales, y favoreció con su ayuda a algunos actores. En las poesías de Meléndez, Quintana o Arriaza, se hace hincapié en su belleza, comparándola con Venus, y se resalta su ingenio, su alegría y su generosidad para con los necesitados. Su primo Carlos Pignatelli, que la acompañó en los duros meses que siguieron a la pérdida de su marido en junio de 1796, describía el dolor de María Teresa por la muerte de aquel, que se prolongó en el tiempo. A su nombre, sin embargo, quedó unida una fama injusta de veleidosa por las libertinas historietas de un libelo publicado en 1793 por Nicolas de Chantreau, que usó la popular imagen de la duquesa, querida por el pueblo por su gran belleza y su donaire, para atacar a la Reina María Luisa, haciéndolas aparecer como rivales en inventados amoríos muy al uso del tiempo. Tal vez sí hubo uno, bien escondido, con Godoy, porque la Reina parece referirse a ello en una cruel carta de 1800 dirigida al favorito: «La de Alba está hecha una piltrafa, bien creo no te sucedería ahora lo que antes y también creo estás bien arrepentido de ello». Hubo posiblemente un segundo marido, al que se refiere la condesa de Montijo en 1802, aunque sin mencionar su nombre, tal vez el caballero que aparece en el medallón que sostiene la duquesa en un retrato de hacia 1800, aún joven y bella. Por cierto, ni rastro de amores con Goya. ¿Historias paralelas entre el pasado y el presente? No, no lo parece.

MANUELA MENA ES JEFA DE CONSERVACIÓN DE PINTURA DEL SIGLO XVIII Y GOYA DEL PRADO