50 años de West Side Story
George Chakiris, en el centro, durante la primera escena del filme, coreografiada por Jerome Robbins - ABC

50 años de West Side Story

Madrid se suma a los actos de homenaje por el medio siglo de una de los mejores películas musicales de la historia

FEDERICO MARÍN BELLÓN
MADRID Actualizado:

En España se estrenó con un año y medio de retraso, lo que tampoco era un desfase exagerado en los años sesenta. El 18 de octubre de 1961, hace justo medio siglo, «West Side Story» irrumpía en la cartelera de la Gran Manzana procedente de Broadway, estación de paso de un tren cuyos orígenes se remontan al siglo XVI y a la mayor fuente de argumentos que ha encontrado el cine, William Shakespeare. Lo excepcional de esta adaptación es que cincuenta años depués nos siga pareciendo moderna ya desde los títulos de crédito, obra de un Saul Bass que aún es imitado sin pudor.

La primera idea fue convertir a los dos amantes de las familias Montesco y Capuleto en un chico cristiano y una joven judía. Se habría titulado «East Side Story», pero el plan fue desechado con una sencilla mudanza. Finalmente, las dos familias veronesas de «Romeo y Julieta» se transformaron en bandas juveniles que luchaban por el control del barrio neoyorquino del West Side. La causa del cambio, además de los recelos del productor, fue la explosión inmigratoria llegada desde Puerto Rico en los cincuenta. Así, Los Sharks, de origen puertorriqueño y liderados por Bernardo (George Chakiris), se enfrentan a los Jets, de origen anglosajón y dirigidos por Riff (Russ Tamblyn), en una guerra tribal sin apenas connotaciones xenófobas.

Alineación de genios

El drama, pese a todo, se desencadena cuando el jet Tony (Richard Beymer) se enamora de la shark María (Natalie Wood), una muchacha recién llegada de Puerto Rico y hemana de Bernardo, para mayor desgracia. El resto lo hemos visto infinidad de veces, pero nunca con el ritmo, la gracia y, sobre todo, la música con que Leonard Berstein vistió el libreto de Shakespeare ni la coreografía que inventó un tercer genio, Jerome Robbins, codirector de la cinta junto a Robert Wise (el cuarto de la lista). Cuatro años después, este dirigiría la más blandita pero también efectiva «Sonrisas y lágrimas», pese a unos antecedentes que no hacían sospechar ninguno de estos títulos, por cuanto había firmado filmes como «Ladrones de cadáveres», «La ley de la horca», «¡Quiero vivir!» y «Marcado por el odio». Tuvo que pasar casi medio siglo (fue hace cuatro años) para que dos directores volvieran a compartir el Oscar, algo que los Coen lograron con «No es país para viejos».

El festival de estatuillas de la cinta, diez en total, tiene un mérito especial al pertenecer a una cosecha con la que al cinéfilo todavía se le saltan las lágrimas: «El buscavidas», «Desayuno con diamantes», «¿Vencedores o vencidos?», «Esplendor en la hierba» (impresionante el año de Natalia) y hasta «Los cañones de Navarone», «Un gángster para un milagro» y la injustamente olvidada «La calumnia» pugnaban por las migajas.

El único pero que pudo ponerse a la inolvidable actuación de Natalie Wood en su temporada mágica fue que también ella fue doblada, en su caso por la voz de Marni Nixon. Las letras de las canciones fueron además alteradas respecto al musical teatral por una mezcla de corrección política y de acción directa de la censura. También es cierto que la protagonista tuvo la suerte de que Audrey Hepburn, a quien ofrecieron el papel, quedara embarazada (de Mel Ferrer, para los cotillas).

Entre los actos de homenaje por el aniversario destaca el organizado en España por el canal de televisión MGM (Metro-Goldwyn-Mayer), que rinde tributo a esta obra maestra en colaboración con ONO, en pleno centro de Madrid. La Plaza de Callao será hoy escenario de un gran acto que contará con la actuación de una veintena de bailarines y la representación de los principales números, alternada con la proyección de las coreografías originales en varias pantallas gigantes situadas en la plaza.