Harvey Weinstein, ayer, en una comisaría del Sur de Manhattan
Harvey Weinstein, ayer, en una comisaría del Sur de Manhattan - EFE

Caso Weinstein, así ha sido el cerco al «depredador» de Hollywood

La marea de acusaciones de violaciones y abusos sexuales contra el superproductor, siete meses después de su inicio, acaba con su detención en Nueva York. De momento está en libertad bajo fianza

Nueva YorkActualizado:

Harvey Weinstein se presentó ayer a una comisaría del Sur de Manhattan, cerca de donde estaba su oficina en Tribeca, para entregarse a las autoridades. Llegó temprano, hacia las 7.30 de la mañana, con tres grandes libros bajo el brazo. Quizá buscaba entretenerse entre esperas y procedimientos legales. Salió pocas horas después, sin los libros. No los podía cargar, con las manos esposadas detrás de la espalda, camino de una vista con el juez. Siete meses después de que se desatara una oleada de acusaciones públicas por decenas de mujeres de violaciones y abusos sexuales, el que fue considerado el productor más poderoso de Hollywood empezaba a sufrir las consecuencias penales de sus actos.

La acusación que escuchó: violaciones de primer y tercer grado y acto criminal sexual. Los cargos se refieren a dos incidentes con dos mujeres en 2013 y 2004. Este último está relacionado con Lucia Evans, por entonces una aspirante a actriz a la que Weinstein supuestamente le obligó a realizar una felación en su oficina neoyorquina, y que fue uno de los casos que reveló el pasado otoño la revista «The New Yorker». El de 2013 tiene que ver con una supuesta violación, pero la víctima no ha sido identificada.

Lucia Evans
Lucia Evans - ABC

Sin rastro de emoción

Durante la vista con el juez, Weinstein tuvo no mostró emoción. Igual que cuando salió y entró de la comisaría hacia el juzgado, con una leve sonrisa, entre los gritos de los periodistas y los fogonazos de los fotógrafos, una escena en la que era inevitable recordar los cientos de alfombras rojas que pisó el acusado, que en su día ponía y quitaba en la industria del cine. Solo se le vio hablar con su abogado, Benjamin Brafman, que en 2011 tuvo como cliente al ex director general del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, en una acusación de violación de una limpiadora de un hotel de Manhattan. Brafman ganó el caso buscando grietas en la credibilidad de la acusadora, una inmigrante africana.

El juez impuso a Weinstein una fianza de diez millones de dólares, de los que tuvo que depositar un millón en efectivo para no quedarse en el calabozo. Además, le colocó una pulsera de seguimiento, le retiró el pasaporte y le prohibió viajar más allá de los confines de Nueva York y Connecticut, donde el acusado tiene residencias.

La contraofensiva

Brafman compareció a la salida del juzgado para explicar la posición de su defendido, en la línea de lo que ha repetido Weinstein en los últimos meses: él no violó ni abusó sexualmente de nadie. «El señor Weinstein siempre ha dicho que nunca ha mantenido relaciones sexuales no consentidas. Nada de lo ocurrido hoy cambia su posición. Se ha declarado no culpable y espera ser completamente exonerado», aseguró el abogado. «Esperamos que las acusaciones sean desestimadas con rapidez. Creemos que no tienen el respaldo de las pruebas».

Una posición muy diferente a la que defendió ante el juez la fiscal principal de este caso, Joan Illuzzi. «Los cargos presentados hoy son el resultado de meses de investigaciones. El acusado utilizó su cargo, su dinero y su poder colocarse en una posición para violarlas. Animamos a otras a que den a conocer sus casos», dijo en referencia a la multitud de mujeres que se sospecha sufrieron los abusos de Weinstein.

Reportajes explosivos

Muchos de estos se conocieron en dos reportajes explosivos publicados el pasado otoño en «The New York Times» y «The New Yorker». En ellos, un aluvión de mujeres daba cuenta de el patrón de abusos y violaciones de Weinstein durante décadas. Actrices, colaboradoras y subordinadas de su productora se veían forzadas a mantener relaciones sexuales con el superproductor. Negarse era condenarse al ostracismo en Hollywood, como les dejaba claro Weinstein.

Los abusos de Weinstein eran «un secreto a voces en Hollywood», aseguraron entonces los medios. El poder y la influencia del productor consiguió silenciarlos durante años. Hasta esos dos reportajes, que valieron el Pulitzer para sus autores. Su publicación produjo una marea de acusaciones y un movimiento global para denunciar los abusos contra mujeres por hombres en posiciones de poder, bautizado como «MeToo». Desde entonces, personajes públicos de todos los ámbitos han sido acusados de abusos. El último, el actor Morgan Freeman: este jueves, varias mujeres aseguraron a CNN que se propasaba con comentarios y actos sexistas.

Las acusaciones destrozaron a Weinstein por todos los flancos. La mayoría de sus colegas le dieron la espalda. Los políticos demócratas -en su día, grandes aliados, por la capacidad de Weinstein de conseguir apoyo financiero en Hollywood- hicieron lo mismo. Su productora, una máquina de crear éxitos de cine independiente, se fue a la quiebra. Lo mismo ocurrió con su matrimonio. Weinstein ingresó en un centro para el tratamiento de adicción al sexo en Arizona y trató de aislarse del mundo.

Rose McGowan
Rose McGowan - ABC

Con los cargos presentados ayer, su purgatorio penal podría haber solo empezado. Hay otras investigaciones en curso sobre otros supuestos crímenes sexuales, desperdigadas en Nueva York, Los Ángeles y Londres.

«Hoy estamos un paso más cerca de la justicia», aseguró Rose McGowan, una de las actrices que acusó a Weinstein y que ha sido más activa en el movimiento «MeToo». «Te cogimos, Harvey Weinstein, te cogimos», escribió después en Twitter.