Vestuario Estilismo, Historia y punto de cruz

POR JOSÉ EDUARDO ARENASHay que diferenciar la profesión de diseñador de vestuario para el cine y la de modisto o modista. A grandes rasgos, el modisto hace sus creaciones sin saber qué tipo de gente

Actualizado:

POR JOSÉ EDUARDO ARENAS

Hay que diferenciar la profesión de diseñador de vestuario para el cine y la de modisto o modista. A grandes rasgos, el modisto hace sus creaciones sin saber qué tipo de gente la va a llevar, mientras que el diseñador de cine dibuja para caracterizar personajes. Su destino es el de ayudar al equipo artístico para componer los personajes de una película. Un trabajo creativo, por supuesto, y también de investigación. Si hay algo seguro son las horas que echan en su desarrollo y el acumular responsabilidades, especialmente cuando se trata de una película de época, «aunque todos los géneros tienen que tener para nosotros la misma importancia», concreta Yvonne Blake, quien después de obtener el Oscar al mejor vestuario por «Nicolás y Alejandra» se enfrentó a las pruebas -casi un casting- del cineasta Norman Jewison, antes de concentrarse en el estilismo de «Jesucristo Superstar».

Visten a los personajes a partir de la dramaturgia y el análisis de su comportamiento psicológico en la historia. Un ejemplo obligatorio en este menester es Javier Artiñano -seis premios Goya-, que ahonda con pasión en la exploración de detalles para ser fiel a una época determinada en un complejo estudio de las costumbres «de cómo vestía la clase social en un siglo determinado, por ejemplo». Artiñano, como los directores de fotografía, posee una biblioteca fuente de inspiración. De ahí su fama en la recreación de los tejidos, pieles, joyas y complementos con una prolijidad que refleja al detalle la calidad de sus ropajes históricos. «En mi última película, «La conjura de El Escorial», casi toda mi documentación, por no decir toda, viene de pintores, especialmente de Sánchez Coello, que es el pintor que retrató la época de Felipe II». Por «Lázaro de Tormes» y «Juana la Loca» obtuvo dos Goya consecutivos «y, curiosamente, no he tenido ninguna oferta en los siguientes 5 años. Ahora he cogido el reto con entusiasmo».

Yvonne era muy joven cuando hizo «Jesucristo Superstar» con Jewison, «por eso es posible que tuviera algún tipo de recelo. Y eso que ya me habían premiado. Tras 40 años en el oficio, ya me conoce todo el sector», añade. Pese a todo, no está sola en los malos momentos. Artiñano cree que haya «una leyenda negra cuando creen que soy un profesional caro de contratar. No es cierto, me gustan las películas de bajo presupuesto», aclara.

Al final de los rodajes abundan los actores que creen que el vestuario les ha ayudado a componer sus papeles. Artiñano tiene un ejemplo: «En el rodaje de «El bosque animado», el gran Alfredo Landa me dijo: «Fíjate, estaba buscando el personaje y cuando me he puesto la ropa lo he encontrado». Es un halago para nosotros».

Blake confiesa que todavía le dan miedo las grandes producciones. «Pienso que no voy a poder hacerlo. Siempre me parece difícil. Ese miedo, y la inseguridad, es lo que te lleva a hacerlo lo mejor posible, intentando no cometer errores». No cabe duda de que es un puntal en la profesión, pero el miedo es inherente al creador. Y si no, que se lo digan a Sonia Grande con Woody Allen en «Vicky Cristina Barcelona», al que tacha de maravilloso. «¿Podré superar esta oportunidad con un mito viviente?», me preguntaba. Y eso que el mito es asequible, según ella. Cree que «el cine contemporáneo es muy difícil para crear bocetos interesantes. La gente no lo entiende. Hay que hacer muchas más cosas por eliminación, con un gran trabajo de cabeza y de contención. Ser muy preciso y tener claro qué desea el director sin tener demasiados apoyos, como fue con Woody. Los actores tenían más de sesenta cambios de vestuario. A Woody Allen le enseñas lo que has pensado para una película y tienes sólo un par de conversaciones más. Luego te deja trabajar, manipular a los actores, con los que igualmente hablas. Él da libertad hasta que llega el día de la prueba de cámara. Estuve muy nerviosa hasta que me hizo un gesto de O.K. con la mano. Un genio así es capaz de ver más de 160 cambios de ropa en una sola jornada. ¡Una barbaridad!».

Directores, actrices y actores forman parte de sus vidas. Sophia Loren se conserva especialmente preciosa para Yvonne. «Y es muy sencilla en el plató. Interpreta y a la vez cocina pasta para todo el equipo. Hace años ya era como una madre. Los grandes respetan tus ideas». Recuerda el rodaje de «Fahrenheit 451», como difícil y maravilloso. «Tenía 23 años y era mi tipo de filme y de diseño. Crear desde cero e imaginar un país en el futuro es maravilloso. Tuve una relación muy buena con François Truffaut y con el director de arte y el decorador Tony Wolton, ex marido de Julie Andrews». A continuación señala a Julie Christie, Audrey Hepburn, Marlon Brando, John Sturges, Richard Lester, Peter Bogdanovich, Garci, Vicente Aranda, y especialmente, a Gonzalo Suárez.

Sonia Grande se ha vuelto a encontrar con Almodóvar en «Los abrazos rotos». Dice de la protagonista, Penélope Cruz, que «está cogiendo un punto en el que las mujeres están estupendas. La veo más interesante que nunca. Hemos coincidido en 6 películas». La figurinista intervino en «Mar adentro» y en «Los Otros» con otras dos mujeres espléndidas, Belén Rueda y Nicole Kidman: «Actrices de una gran facha física y personalidad. Belén es como Catherine Deneuve, europea, tierna y sensible; la otra increíble, con una altura importante. Se parecía a Grace Kelly. Hierática, un poco espectral. Si le pones un color berenjena a esa piel sale un Rembrandt. Estamos más acostumbrados a las bellezas latinas». Ultima sus declaraciones con una reivindicación: «Lo que hace falta en España es una escuela seria para enseñar el oficio. Y no la hay, ni seria, ni graciosa. Si no hay una seriedad con el diseño de vestuario nunca tendremos una tradición honrosa».