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La Venezuela de aquí

Todos ellos apoyan a Juan Guaidó como nuevo presidente del país

MadridActualizado:

Boris Izaguirre tiene, desde siempre, algo de anfitrión de sí mismo, pero además cumple de anfitrión de las amistades de venezolanos en Madrid, desde Eliza Arcaya, alma del Café Murillo, frente al Museo del Prado, hasta Yvonne Reyes, que es venezolana de médula, aunque lleve aquí décadas. Eliza Arcaya es una empresaria de vitola que echó a funcionar el Café Murillo, pero también un restaurante de moda en el barrio de Salamanca, tras algunas otras aventuras profesionales, a veces componiendo un dúo con Adriana Carolina Herrera, otra venezolana de itinerarios madrileños, hija de la archicélebre Carolina Herrera.

En esta órbita de venezolanas de mucha empresa nos sale Lilia López, que en temporadas no remotas asomó en las fotos por sus vínculos dulces con Palomo Linares. Ella, y su hija, Lilia X. Guzmán de Frutos, quien hizo buena liga con el hijo del torero, Miguel Palomo Danko.

El coro de venezolanos más o menos resonantes, en lo público, lo pueden completar Margarita Vargas, esposa de Luis Alfonso de Borbón, y el cantante Carlos Baute.

Boris Izaguirre es un autodandi que escribe libros, trabaja en la tele, y se empeña en ver en la vida una fiesta. Se ha hecho un estilo, y no para. Dice que los venezolanos tienen más éxito en el glamur que en las matemáticas, y acaso lleva razón. Ivonne Reyes vino a Madrid cuando estallaban de popularidad los culebrones venezolanos, a la hora de la siesta, y se quedó a vivir de plató. Ivonne Reyes sale mucho en las fotos, y Margarita Vargas no. Quiero decir que se intuye en Margarita una mujer de poco estruendo, con las ideas bien abrochadas, y encima de muy buena lámina. Es joven madre de tres hijos, tiene marido de tronío, Luis Alfonso de Borbón, y podría presumir del estatus que quisiera, porque es rica heredera de sonora familia venezolana, los Vargas Santaella. Su boda, en Santo Domingo, fue un acontecimiento de apellidos de oro que salen en las revistas y también de los que no salen, o salen poco, que a veces son los que más cotizan.

Esto pasa mucho entre los venezolanos, que saben que la vida mejor es la vida sin escaparate.

La mujer de Carlos Baute, Astrid Klisans, es también familia de venezolanos. Baute es un apolo de simpatías que enseguida se apunta a censurar las penurias de país de Maduro, y promueve campañas de ayuda a sus compatriotas de allá. En estas faenas echa a menudo una mano Fabiola Martínez, la mujer de Bertín Osborne, que es venezolana de sosiego.

Por el restaurante de lujo de Eliza Arcaya asoman a veces la artista plástica Emilia Azcárate o la soprano Elvia Sánchez, que engrosan y prestigian este linaje de caraqueños en el foro, de venezolanos de aquí.