Vendedores de humo

POR F. MARÍN BELLÓN
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MADRID. Que Hollywood nos ha vendido ingentes cantidades de humo en el último siglo es algo notorio, pero hasta ahora nadie había documentado los contratos secretos firmados por la industria tabaquera para promocionar su droga. Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California han analizado hasta 292 documentos confidenciales en los que no faltan nombres (Charles Boyer, John Wayne, Gary Cooper, Henry Fonda, Joan Crawford, Clark Gable...), fechas (de 1927 a 1951, por lo menos) ni cantidades: las principales estrellas cobraban 10.000 dólares de la época (equivalentes a 146.000 de nuestros días de crisis, si se tiene en cuenta la inflación) por aparecer junto a ese pequeño cilindro convertido en objeto de deseo para millones de jóvenes.

La revista británica «Tobacco Control», perteneciente al mismo grupo que la prestigiosa publicación «British Medical Journal», publicaba ayer un extenso reportaje en el que analiza los efectos de esta fructífera unión, al menos desde el punto de vista económico, entre el celuloide y la nicotina. Los estudios más beneficiados fueron Warner Bros. y Paramount, que, a cambio de ceder gran parte de su firmamento, conseguían costear la promoción de sus películas en campañas de radio y prensa escrita. Marcas como Lucky Strike, Chesterfield y Camel, por su parte, lograron una notoriedad impensable sin el apoyo del mundo del cine.

Pero no sólo los actores servían para vender el producto. Raoul Walsh y King Vidor fueron algunos de los realizadores que también protagonizaron anuncios en pro del vicio. Hoy es imposible no tomarse a chirigota la frase que acompaña a la foto del director de «Guerra y paz» en los anuncios aparecidos en prensa: «Es maravilloso encontrar un cigarrillo que relaja tus nervios y al mismo tiempo te protege de la irritación de garganta, mal al que los directores son propensos».

No menos cómica resulta la pretensión de las tabaqueras en 1927, año en el que se inauguró oficialmente el cine hablado con «El cantor de jazz». Lucky Strike afirmaba sin rubor que sus cigarrillos «previenen las afecciones de garganta de los fumadores y protegen sus voces». El propio Al Jolson, protagonista de esta película fundacional, llegó a decir -previo pago, por supuesto- que mantenía clara su voz gracias al tabaco. Hasta los fabricantes de caramelos protestaron por el abuso de estas campañas, que empezaban a socavar su cuota de mercado. Que la Asociación de Productores de América llegara a prohibir de forma explícita estas prácticas sólo tuvo un efecto: los contratos se redactaron con más cuidado y los actores actuaron con más disimulo. Quién mejor que ellos.