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El último aullido del «lobo de Wall Street» de DiCaprio

Leonardo DiCaprio bordó el papel de «El lobo de Wall Street» porque vivió con uno de ellos. El actor ascendió al estrellato, mientras que el «lobo», fallecido la pasada semana, descendió a los infiernos

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

«El lobo de Wall Street» es una película protagonizada por Leonardo DiCaprio y basada en las memorias con el mismo título firmadas por Jordan Belfort, un corredor de bolsa que tocó el cielo de las finanzas y acabó en prisión por corrupción y fraude. DiCaprio se estudió el libro y trabajó con Belfort para entender el mundo frenético y despiadado de Wall Street y la bacanal que le acompaña por la noche. Pero a DiCaprio no le hacía falta imaginarse un personaje de ese tipo, ni construir su mirada inyectada de ambición y desprecio, su pose de ganador, su lujuria desatada.

Él había conocido bien a un «lobo de Wall Street». De hecho, había vivido con él. Se trata de Dana Giacchetto, un personaje de película -aunque esta no fuera «El lobo de Wall Street»- que ha aparecido muerto esta semana en su apartamento del Upper West Side de Nueva York. Giacchetto deja detrás una vida que fue una montaña rusa de operaciones multimillonarias, fraudes, famosos, temporadas en la cárcel, drogas, orgías y muchos famosos.

Giacchetto fue una estrella financiera del Wall Street de los años 90. Extrovertido, charlatán y fiestero, cultivó el favor de muchos famosos de Hollywood, que recurrieron a él para gestionar su dinero. Le sobraban los apodos: el «broker» de las estrellas, el «broker» del rock & roll, el gestor de fondos de la Generación X de Hollywood… Cameron Díaz, Tobey Maguire, Ben Affleck, Courtney Cox o Matt Damon formaron parte de su clientela. También músicos, como Alanis Morrisette o Michael Stipe, el líder de R.E.M. Y grandes nombres del entretenimiento, como Michael Ovitz, que llegó a ser president de Walt Disney Company.

Pero su ojo derecho fue DiCaprio. Era la época previa a «Titanic», cuando era un actor de éxito, pero no la superestrella en la que le convertiría la película de James Cameron. «Leo DiCaprio es como mi hermano pequeño», dijo Giacchetto en una entrevista a «The Hollywood Reporter» en 2014. El actor se ha negado a hablar de la relación con el asesor financiero, pero lo cierto es que llegó a vivir temporadas en el loft en el Soho de Giacchetto, el cuartel general de sus desmadres. «El sexo, las drogas y la decadencia en mi vida eran diez veces peor que en la película, fue una orgía bacanal que duró diez años», aseguró en esa entrevista.

Él era doce años mayor que DiCaprio, y no escatimó en fiestas con él ni en consejos financieros. Incluso le dio una visita en la Bolsa de Nueva York para que «desmitificara» los mercados de capital.

La de Giacchetto fue una historia de un ascenso improbable. Nieto de un panadero italiano, nacido en Medford (Massachusetts), empezó a trabajar en banca a los 19, mientras estudiaba y tocaba en un banda de punk rock. Fundó una gestora de fondos con los ahorros de su madre y combinó el acierto en las finanzas con una pose de rockero deslenguado. Por la noche, en su loft se mezclaban las supermodelos y las prostitutas, el alcohol y la cocaína, a menudo con invitados de lujo: Johnny Depp, Winona Ryder, Kate Moss, Mark Wahlberg o John F. Kennedy Jr.

Las burbujas del champán empezaron a perder fuerza a finales de los años 90. Sus inversiones no funcionaban y en vez de afrontar las pérdidas y decírselo a sus amigos, optó por cubrirlas con nuevas inversiones de otros clientes. Un esquema Ponzi en toda regla, por el que defraudó entre cinco y diez millones de dólares -una miseria comparado con el de Bernie Maddoff- y que dio con sus huesos en la cárcel en 2001. Antes de eso, cuando estaba pendiente de juicio, fue detenido en el aeropuerto de Neward con 44.000 dólares en billetes de avión de primera clase y otros 4.000 en efectivo. Las autoridades creyeron que pretendía huir. El adujo que iba a Roma a pedir matrimonio a su novia.

Con la aparición de los problemas legales, las amistades de Hollywood se esfumaron. Tras cumplir su pena, buscó otros negocios, desde una línea de comida gourmet a producir un show en Las Vegas. En 2014 volvieron los problemas legales por el uso fraudulento de tarjetas de crédito.

Jordan Belfort, el personaje en el que se basa «El lobo de Wall Street», renació tras su paso por la cárcel: cobra entre 30.000 y 80.000 dólares por conferencia sobre asesoría financiera. Giacchetto, el personaje que de verdad conoció DiCaprio, nunca se recuperó de su caída en desgracia. El pasado domingo por la noche se fue de juerga, bebió, se peleó con los porteros de un club del Lower East Side. Más tarde, se le descubrió muerto en su cama, con espuma en la boca. Giacchetto alardeó de ser el inspirador de DiCaprio para el personaje, pero siempre negó ser un «lobo», cometer fraudes como Belford: «Yo soy el cordero de Wall Street», aseguró.