¿De traje en plena ola de calor?

Las altas temperaturas estivales y las «batallas» en torno al aire acondicionado no impiden a este británico apreciar nuestra gastronomía

Reino UnidoActualizado:

Cuando me propusieron escribir mi impresión sobre el verano en España, pensé que sería fácil explayarme sobre las singulares delicias que tan solo aquí existen. Pero… ¿por dónde empezar?, y… ¿por dónde acabar?

El gazpacho es lo primero que se me viene a la mente. También el salmorejo, acompañado quizás por una buena sangría. Añade a eso cervezas gélidas por la noche junto a una piscina o, incluso mejor, junto al mar en una playa en cualquier parte.

Más allá de estas delicias gastronómicas existen múltiples misterios que pueden sorprender a los extranjeros. Por ejemplo, San Juan. Oficialmente, es el pistoletazo de salida del verano. En realidad, parece una explosión descontrolada en una fábrica de fuegos artificiales. Sería normal que más y más gente muriera cada año, pero, sin saberse bien cómo, no ocurren tantos accidentes mortales. ¿Es eso suerte? Sea lo que sea, en mi país el gobierno ya habría prohibido esta tradición hace años. Cuando fui a enterarme de qué era la noche de San Juan, pude escapar ileso mientras los fuegos artificiales chirriaban sobre mi cabeza y las chispas caían como metralla.

Luego vienen todas esas cosas que me resultan extrañas, aunque resida en España desde hace muchos años. Por favor, que alguien me explique cómo los españoles pueden llevar trajes en plena ola de calor. Yo me aso vivo, pero ellos parece que van fresquitos. ¿Somos físicamente diferentes? En esta línea, hay batallas por el aire acondicionado en las oficinas de todo el país. ¿Es un cliché decir que, por lo general, las mujeres no quieren trabajar con tan baja temperatura, pero que a los hombres les encanta? En la redacción donde trabajo los enfrentamientos por el aire acondicionado suelen ser civilizados, aunque cuando en la calle se superan los 40 grados se producen serios encontronazos.

La planificación de las vacaciones de verano por parte de los españoles es otra cosa que no puedo entender. Pregunte a un español cuál será su destino pocas semanas antes de partir y le dirá que todavía no lo sabe. Casualmente, las aerolíneas aprovechan esto para subir los precios de los vuelos, que se encarecen más y más con la indecisión de la gente. Mientras tanto, yo reservo mis vuelos en enero, como buen británico, solo para ver como estos se retrasan o cancelan cuando los controladores aéreos franceses inician su huelga anual.

Pasar las vacaciones en España no es algo que haga muy a menudo. Y no es por que tenga un problema con su oferta vacacional, sino más bien por razones relacionadas con mi bienestar físico. Si ya es difícil para mí soportar el calor cuando estoy trabajando, cualquier oportunidad de escaparme a algún lugar donde haga menos de 25 grados, o mejor, donde esté lloviendo, me parece irresistible. Las Highlands escocesas son bastante apetecibles, aunque sus mosquitos también pueden hacer la vida imposible. A esto se le añade la diversión de pasar dos semanas con los dedos como pasas por la humedad.

Francia suele ser mi elección. Está cerca, se puede ir sin necesidad de tomar un avión y tiene buenos vinos. Por supuesto, me veo obligado a chapurrear en francés con mi propia versión del idioma, algo que solo puedo calificar como «franglés». Al menos, estoy en paz durante dos semanas. Perfecto.