Antonio Banderas y Melanie Griffith a su llegada a la ceremonia

Los Tonys de Broadway se olvidan de Banderas

ALFONSO ARMADA
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NUEVA YORK. «Ser alcalde es estupendo, pero me encantaría ser Antonio Banderas». La CBS inició la transmisión de la entrega de los Tonys con Billy Joel tocando al piano en pleno Times Square «Nueva York es un estado mental» y haciendo una encuesta entre vecinos anónimos y famosos sobre su visión de la meca teatral de Broadway. Fue Michael Bloomberg, el alcalde, quien dejó fuera de dudas que el Banderas que conquistó Hollywood ya se ha convertido en una figura de Manhattan. Pero a pesar de que partía como favorito para alzarse con el primer Tony a un actor español por su papel protagonista en el musical «Nine», fue «Hairspray», la brillante adaptación de la subversiva película dirigida por John Waters, la que desde muy temprano se adueñó de la noche del domingo en el Radio City Music Hall: fueron ocho Tonys los que cosechó «Laca de pelo», no sólo el de mejor musical sino los de actores protagonistas del género que es sinónimo de Broadway: Marissa Jaret Winokur, quien desbordada por la emoción dijo que si una chica de Nueva York bajita y regordeta como ella podía acabar de protagonista en un «show» de Broadway y ganar un Tony, «los cuentos de hadas pueden hacerse realidad», y Harvey Feistein, que añadió un cuarto Tony a los que ya atesoraba como autor y director y que gracias a su formidable transformación en dama opulenta derrotó a un Banderas que se ha ganado el atributo de «Mr. Encanto». Aunque el actor malagueño se fue con las manos vacías, su notable interpretación del cineasta en crisis Guido Contini (que revalidó cantando en el gran escenario del Radio City rodeado de las 16 actrices del reparto de «Nine» tras ser presentado por su esposa, Melanie Griffith), contribuyó de forma decisiva a que esta recreación teatral del «Ocho y medio» de Federico Fellini ganara el Tony a la mejor reposición de un musical y llevó a manos de Jane Krakowiski un merecido galardón a la mejor actriz de reparto por su tórrido trabajo como una de las amantes de Contini/Banderas.

No hubo grandes sorpresas en una temporada que ha confirmado el buen momento económico que vive Broadway (con una recaudación récord de casi 721 millones de dólares) y la falta de innovación artística: al igual que hace dos temporadas con «Los productores», el cine se ha convertido en fuente de inspiración para el teatro musical. «El largo viaje del día hacia la noche», de Eugene O´Neill, sin duda el más impresionante montaje de la temporada, se llevó con todo merecimiento el Tony a la mejor reposición dramática y llevó a las manos de una Vanessa Redgrave en estado de gracia su primer galardón y a un no menor Brian Dennehy su segundo, tras el que obtuviera con el reestreno hace cuatro años de «Muerte de un viajante».

Twila Tharp se llevó el premio a la mejor coreografía por su brillante trabajo en «Movin´ Out», mientras que «Take me out», un drama acerca de un jugador de beisbol que en la cima de su carrera admite que es homosexual, no sólo obtuvo el premio a la mejor pieza teatral y al mejor actor de reparto (Denis O´Hare), sino que otorgó a un perplejo Joe Mantello el Tony al mejor director, dejando en la estacada a Robert Falls, responsable de la puesta en escena de la dolorosa obra de Eugene O´Neill.

El beso en la boca que se dieron en directo tras prometerse amor eterno después de 25 años de relación Scott Wittman y Marc Shaiman (Tony por la partitura de «Hairspray») y la apasionada forma en que Bernardette Peters interpretó su canción «La hora de Rosa», del musical «Gipsy», pusieron al teatro al rojo vivo.