BELÉN DÍAZ

Teresa Rivero, el ocaso de la primera dama del fútbol

La viuda de José María Ruiz-Mateos se enfrenta a 11 años de prisión por delitos fiscales. «El marido la colocó como parapeto en la presidencia. Ella no tomaba ninguna decisión», aseguran en su entorno

Ana Mellado
MADRIDActualizado:

Cuando María Teresa Rivero ponía un pie en el césped del Campo de Fútbol de Vallecas, con su melena cardada y su abrigo de visón, la afición de la grada estallaba en júbilo y le concedía un saludo casi reverencial. Un ama de casa y madre de 13 hijos, que suplía su manifiesta ignorancia sobre fútbol con su arrolladora personalidad y pasión desatada. Si había que injuriar contra el equipo visitante, su voz desgañitada desde el palco resonaba más fuerte que la de cualquier otro hincha. En la mueca de su cara, acompañada de sus gestos histriónicos, prácticamente podía leerse el resultado del partido. Corría el año 1994 y Teresa Rivero marcaba un hito en el fútbol al convertirse en la primera mujer en presidir un club de la Primera División de España. Un nombramiento inesperado, con el que su marido José María Ruiz-Mateos, máximo accionista del Rayo Vallecano, quiso situarla en la primera línea.

Fue, sin duda, su época más dulce. La afición la adoraba y los jugadores la contemplaban como una segunda madre que en cualquier momento abría el bolso para repartir flanes y natillas. «La nombraron presidenta en un momento en que estaba deprimida. Era una forma de que saliera y se animara. Cayó en gracia tanto en Vallecas como ante la prensa. Ella estaba encantada con la pleitesía que le rendía el mundo del fútbol y encontró el protagonismo y la atención que necesitaba», relata un amigo cercano a la familia Ruiz-Mateos, que siguió de cerca su ascenso social.

Probablemente, todos estos recuerdos de su época al frente del Rayo Vallecano le vinieron ayer a la cabeza a la matriarca de los Ruiz-Mateos cuando a las 9.30 horas subía la escalera de acceso a la Audiencia Provincial de Madrid, del brazo de su nuera, Lavinia Mateos de Bonilla, la esposa de su hijo Javier Ruiz-Mateos. Ayer se celebró la primera sesión del juicio contra Rivero por varios delitos contra la Hacienda Pública. Se enfrenta a una pena de 11 años, según le pide la fiscalía por no haber declarado el IVA ni el IRPF del club durante los ejercicios de 2009, 2010 y 2011. En el banquillo de los acusados se sentaron también sus dos hijos, Javier y Álvaro Ruiz-Mateos, trasladados desde la cárcel de Navalcarnero donde cumplen condena por un delito contra la Hacienda Pública y otro de alzamiento de bienes, el mediático abogado Joaquín Yvancos Muñiz (secretario consejero), Zoilo Pazos Jiménez (sobrino del patriarca, que también estaba encartado en la investigación); Jesús Fraile Delgado (gerente y apoderado); Manuel Sánchez Marín y las propiedades mercantiles Rayo Vallecano de Madrid Sociedad Anónima Deportiva y Senero S.L., como responsables subsidiarias. La cantidad defraudada supera los diez millones de euros.

ASIA MARTÍN

El fallecido patriarca Ruiz-Mateos, según el fiscal, articuló mecanismos con su hijo Javier, asesorado por los letrados Yvancos y Sánchez «para procurarse un ahorro fiscal ilícito en un encubierto ejercicio de actividad económica». Montaron varias sociedades limitadas en las que no aparecían formalmente, sino que, supuestamente, administraban testaferros. De todo ello eran conocedores, además del finado empresario jerezano (era propietario del 95% del Rayo), el resto de los acusados.

«La madre no controlaba los temas jurídicos ni fiscales. El marido la colocó como parapeto en la presidencia, pero a las oficinas del Rayo no iba nunca y si lo hacía, era para saludar a la gente. Era un cargo a modo decorativo. Pero poca importancia tiene que supiera o no, porque al final ella lo consintió. Intuiría que sí había algunos movimientos turbios, pero ella no tomaba allí las decisiones. Lo manejaba todo el padre y los hijos y ella miraba hacia otro lado», declara otra fuente, muy ligada a José María Ruíz-Mateos.

A pesar de sus 82 años, Rivero se mostró ayer bastante entera y tranquila. Su declaración ante el juez tendrá que esperar al menos hasta el próximo lunes o martes. Los magistrados de la Sección Diecisiete de la Audiencia Provincial de Madrid atendieron ayer las cuestiones previas planteadas por las partes.

Este varapalo judicial no es el único mal trago que ha tenido que digerir la matriarca en los últimos años. La irrupción de Adela Montes de Oca (Chicago, 1991) y su lucha por ser reconocida como la hija número 14 del clan Ruiz-Mateos la sumió en una profunda tristeza y rabia, a partes iguales. El fallecimiento del empresario gaditano en 2015, y la negativa del resto de los hijos a colaborar con la prueba de ADN, llevó a los abogados de la joven a pedir la exhumación del cadáver de Ruiz-Mateos y los resultados fueron concluyentes: el ADN de Adela y el empresario jerezano son compatibles al 99,9%. El drama de Teresa Rivero continuó con el fallecimiento de su hija mayor Socorro Ruiz-Mateos, a los 57 años, en enero de 2017, después de librar una dura batalla contra el cáncer.

Ahora habrá que esperar para ver si finalmente entra en prisión. Ni en sus peores sueños, imaginó Teresa Rivero que su papel de mujer de paja al frente del Rayo Vallecano le saldría tan caro.