Tamara Rojo, una pica en Londres

Por Julio BRAVO
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Tenía que ocurrir. La irresistible y cuidada ascensión de Tamara Rojo dentro del competitivo mundo del ballet tiene una inapelable lógica, y se ha desarrollado con absoluta naturalidad. De la escuela a su primera compañía, el entonces Ballet de Víctor Ullate; su primer salto internacional, con el premio en el Concurso de París y sus primeras galas en el extranjero; sus actuaciones como invitada en conjuntos de nivel; su marcha a Londres, para abrirse camino allí desde el English National Ballet; su cambio de acera, para hacerse estrella en el mucho más prestigioso Royal Ballet... Que ahora le otorguen el premio a la mejor bailarina del año 2001 que otorga el Critic´s Circle de Gran Bretaña (ya estuvo el año pasado entre los candidatos) no es, por tanto, sino una consecuencia lógica de este desarrollo. Lo que no quiere decir que la concesión de este galardón, uno de los más acreditados reconocimientos en la escena británica, no tenga una extraordinaria importancia para la bailarina española. «Significa mucho para mí; es una recompensa por el trabajo realizado, y una confirmación de que voy por el buen camino».

Tamara Rojo, sin duda una de las bailarinas más importantes de nuestros días, lleva cerca de año y medio en el Royal Ballet, un espléndido escaparate para cualquier artista, por su tradición, su nivel y su público. «Es un verdadero privilegio poder trabajar en esta compañía; por los medios que tiene, el repertorio tan amplio y distinto que maneja;, los maestros, los bailarines, el público: hay verdaderos seguidores que van a ver las actuaciones de determinados bailarines, que compran las entradas sólo para el día en que baila uno de ellos, que asisten a los ensayos generales. Todo ello envuelto en un ambiente cultural extraordinario. ¿No es una fortuna poder ver en el Covent Garden a Pavarotti cantando en una maravillosa producción de «Tosca», y luego cenar con él? ¿O que sea la misma Natalia Makarova la que trabaje contigo una producción? Y eso se nota tanto para lo bueno como para lo malo, porque te exige una concentración constante, no te permite ni un solo minuto de relajación, porque constantemente estás a la vista del público y de la crítica; una crítica, por otra parte, que tiene una gran tradición y que ha visto pasar ante sus ojos lo mejor de lo mejor».

Aunque en los últimos años se ha podido ver con relativa frecuencia a Tamara Rojo en España, no va a ocurrir así en este 2002. No ha habido ninguna oferta que le haya interesado, y aprovechará sus vacaciones en Londres para irse unas semanas a Nueva York, donde preparará los papeles que ha de afrontar la próxima temporada. En ella hay muchos alicientes para Tamara, porque se celebrará un prolongado homenaje al coreógrafo Kenneth McMillan, uno de los grandes renovadores del ballet en la segunda mitad del siglo XX. «Uno de los motivos que me trajeron al Royal Ballet fue, precisamente, poder bailar las obras de McMillan, y la temporada que viene no voy a parar».

Ahora, de momento, prepara su próxima obra: «La bayadère», una de las cumbres del repertorio clásico, en la que interpretará los dos papeles femeninos principales, Nikiya y Gamzatti. «En España se me consideraba una bailarina esencialmente técnica, pero aquí me destacan más una bailarina dramática». Es, en cualquier caso, una bailarina española que triunfa en el extranjero. La eterna canción.