Boda de Cris Lozano y Jacqueline de la Vega
Boda de Cris Lozano y Jacqueline de la Vega

Sucedió en «Archy», se vio en «Oh! Madrid»

Esta semana fallecía Cris Lozano. Emblemático empresario de la noche madrileña, sus locales fueron el santuario de los famosos

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En la discoteca Archy, el entonces Príncipe Felipe de Borbón bailaba salsa los viernes en la noche, entre maniquíes maravillosas del barrio, y algunas otras exóticas mujeres al borde un ataque de nervios, que podían ser incluso del reparto de las pelis en curso de Almodóvar. Hablamos de cuando los años ochenta se acababan, y amanecían los despreocupados noventa, en un Madrid inolvidable que repartía sus noches de aventura entre Joy Eslava y el mismo «Archy», dos clásicos históricos de la mejor jarana del foro.

«Archy» era un templo de primera copa, o de segunda, salvo los que iban a pasar ahí mismo la noche completa, un cupo de guapos o guapas donde se anudaban el pijerío de apellido y los profesionales del cine, o la música, o del recreo, que en Madrid, por aquellos tiempos fue un esforzado empleo. «Archy» quedaba en Marqués de Riscal, y no entraba cualquier peatón. Resultó un dorado club de éxito, en Madrid, y lo llevaban entonces los hermanos Lozano, y tenía sigilosa mano maestra en el sitio Cris Lozano que entonces no era un empresario con foto obligada en las revistas, porque aún no había cundido su matrimonio con Jacqueline de la Vega (58 años), una mexicana de morena lámina que tuvo su momento de podio en la tele.

Cris Lozano siempre fue un hombre quieto, ceñido, discreto por vocación, y por convicción. Incluso en las épocas en las que la popularidad de su mujer tronaba, él sostuvo el perfil de tipo que sólo está a lo suyo, y esquiva el flash. Pudiera decirse que lo de Cris y Jacqueline sucedió en «Archy», porque ahí se conocieron, y porque en «Archy» se anudaban inevitablemente los amores o los desamores de los más famosos del momento. En «Archy» se inauguró la costumbre de convidar a los famosos de vitola. Ahí se cuidaba también una zona vip, que luego ha sido imitada en sucesivos locales de tronío de la ciudad, una zona a resguardo de paparazis, o de otras especies curiosonas.

El retiro balinés

Cris Lozano ha muerto a los setenta años de edad, en Bali, su último paraíso terrenal, que fue asimismo retiro espiritual, porque llevaba muchas temporadas alejado del tajo del negocio del ocio, que fue lo suyo, tanto tiempo. Iba tocado del corazón, y un nuevo infarto resultó definitivo. Ha dejado viuda, Jacqueline de la Vega, porque Jacqueline y él llevaban unos años separados, pero como si no lo hubieran estado. Tuvo Cris el «Archy», pero tuvo también la discoteca «Buddha del Mar», que antes fue «Oh! Madrid», y aún antes «Oh! Cabaret». «Buddha del Mar», donde se desempeñaba con esmero su sobrino, Óscar Lozano, fue la última discoteca principal de los famosísimos nacionales, empezando o acabando por los futbolistas del Real Madrid. También ahí hubo una zona a salvo de flashes incómodos y miradas delatoras, para el recreo de los populares de entonces, que son populares de un álbum no remoto, como Guti, Figo o Sergio Ramos, incluso. Los chicos del Mundial de Sudáfrica celebraron ahí el éxito, y hasta tuvo su rato de asueto Belén Esteban, pareja, en su día, del propio Óscar Lozano, que la definió como «un diamante en bruto».

A diario

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que el gentío de provincias, venía a Madrid a ver La Cibeles, y a ver el «Archy», primero, y el Buddha, después, que han sido el otro Bernabéu, el Bernabéu del cubata, las Ventas del ligue. El «Archy» y el «Buddha» solventaron la juerga insomne, enseguida tan madrileña, porque fueron los primeros locales que abrían todos los días de la semana. Siempre tuvieron una mitad de farmacia de botillerías de urgencia, para los que frecuentan el alba en lunes, y una mitad de gran templo de celebridades internacionales. Cris Lozano tuvo mucha culpa de tan irrepetible derroche, de fiestas tan fastuosas.