El Santo: La cara enmascarada más famosa de México

El Santo: La cara enmascarada más famosa de México

RAMÓN R.CARRERO. MADRID
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Con la posible excepción de El Zorro, pocos iconos populares mexicanos han calado tan hondo como El Santo: el enmascarado de plata. Pero si el mito del espadachín californiano no es más que un refrito de La Pimpinela Escarlata adaptado al México colonial, El Santo ha conseguido la inmortalidad gracias a un delirante y original cóctel de terror gótico, ciencia-ficción y lucha libre mexicana.

Y una inmortalidad doblemente meritoria porque a diferencia de El Zorro, el Santo fue de carne y hueso. Rodolfo Guzmán Huerta nació en 1917 en Tulacingo, en el corazón de México, aunque poco más tarde su humilde familia se mudaría a México DF. Desde joven destacó por su habilidad para los deportes y pronto se convertiría en luchador profesional. Reclutado por un empresario local, Guzmán comenzó a vestir las mallas plateadas y una máscara que cubría toda su cabeza. No tardaría en destacar sobre la lona precisamente por la máscara (que jamás se quitaba) y su enigmática personalidad, que alentaba el morbo del público.

Ya en los 50, un editor de literatura barata decidió convertir a El Santo en el protagonista de una serie de fotonovelas con elementos de cómic que tuvo un tremendo éxito entre las clases populares mexicanas. Las fotonovelas de El Santo le caracterizaban como un justiciero, que sin abandonar el traje de lucha libre ni las técnicas de este deporte, combatía a malvados y bizarros malhechores en argumentos importados de las películas de serie B estadounidenses. Se publicaron ininterrumpidamente durante 35 años y en ellas ya están presentes algunos de los elementos que elevarían al personaje a la categoría de leyenda en el siguiente paso de su carrera: el cine.

Las películas de El Santo

Tras un par de películas en las que interpretaba papeles menores, Guzmán debutaría como actor protagonista en El Santo contra los zombies (1962) cinta fundacional que resume a la perfección estilo del cine de El Santo. Títulos impactantes que anunciaban la clase de amenaza a la que iba a enfrentarse el héroe enmascarado, producciones de bajo presupuesto con decorados de descarado cartón piedra y guiones sin mucha lógica y menos explicaciones que en cambio rezumaban un delirante sentido del espectáculo que obligaba a insertar en el metraje de cada film (ya unos extraterrestes con acento de mariachi amenazasen la Tierra, ya unas vampiresas intentasen morder a una inocente jovencita) al menos tres escenas de El Santo peleando en el cuadrilátero contra otros luchadores de máscara y malla. Así, además de la nombrada, 51 películas.

En su larga filmografía, El Santo se enfrentaría con entusiasmo estajanovista a toda una horda variopinta de villanos pulp. Hombres-lobo, leprosos ladrones, momias aztecas, vampiros con patillas, zombies regordetes, marcianos improbables, verdugos que viajan el tiempo, científicos locos, brujas criollas, asesinos histéricos, mafiosos tex-mex… todos tuvieron la oportunidad de acabar con El Santo, pero el héroe mexicano siempre acababa anulando sus planes entre llaves inmovilizantes y patadas voladoras.

Pese a la violencia coreografiada, El Santo era un héroe de los de antes, con una bondad a prueba de hipnosis, incorruptible, parco en palabras y católico santurrón. Se apuntaba a cualquier causa noble con el fin de proteger a los más desfavorecidos y practicaba una lealtad hacia los amigos que ya quisieran para sí Los Tres Mosqueteros.

Para millones de mexicanos, sobretodo los más pobres, el enmascarado de plata se convirtió en su héroe favorito. Un público agradecido y fiel que allí dónde la crítica y las clases altas sólo veían producciones de ínfima calidad, disfrutaba con verdadero placer de la desbordante imaginación de las películas de El Santo y el aura mística de ese justiciero de corpachón forjado tanto en el gimnasio como en ollas de humildes frijoles.

Legado

Tras rodar medio centenar de películas y luchar durante medio siglo en combates de lucha libre, El Santo decidió retirarse, ya convertido en una leyenda mexicana. En una entrevista para la televisión azteca en 1984, Rodolfo Guzmán se quitó la máscara en público, la primera vez desde que saltase al estrellato. Como si su vida dependiese de ocultar su rostro, la semana siguiente moriría de un infarto. En un multitudinario funeral, Rodolfo Guzmán fue enterrado, por deseo propio, con la máscara plateada cubriéndole la cara.

Los ecos de El Santo en la cultura popular mexicana y mundial son innumerables. Desde películas turcas que fusilaron sin misericordia al personaje, hasta un borrador de guión firmado Billy Wilder inspirado en su figura que nunca llegó a rodarse. El Santo exportó la lucha libre mexicana al resto del mundo y goza de la popularidad que hoy en día tiene, en gran parte por este héroe de ficción. En la actualidad, diseñadores gráficos como Shepard Fairey toman su imagen para crear sus piezas, se producen series de dibujos animados basadas en el personaje y numerosos textos cinematográficos reivindican la validez de El Santo como icono fílmico moderno. Y para los nostálgicos de la llave “de a caballo” y otras lindezas que se gastaba en el ring, siempre quedan los combates de El Hijo del Santo, que comparte un chat con nostros.