Salvador Sobral
Salvador Sobral - REUTERS

Salvador Sobral permanece conectado a un corazón artificial

El equipo médico de Salvador Sobral recurre a esta solución temporal en un hospital cercano a Lisboa

CORRESPONSAL EN LISBOAActualizado:

El equipo médico que cuida de Salvador Sobral en el Hospital de Santa Cruz, en Carnaxide (a 10 kilómetros de Lisboa), ha tenido que recurrir a un corazón artificial para dar al cantante una solución temporal a causa de su insuficiencia cardiaca grave.

Transcurren las semanas y todavía no llega el tan ansiado órgano vital apto para un trasplante, de modo que los doctores se han visto obligados a echar mano de esta vía de urgencia en forma de un aparato colocado en el exterior de su cuerpo, junto a su delicado corazón.

Al ganador de Eurovisión con «Amar pelos dois» se le garantiza así el correcto suministro sanguíneo, en vista de que la fatiga le estaba pasando factura y esa función cada vez le resultaba más complicada de forma natural. El corazón artificial, llegado desde Estados Unidos, ha tenido un coste de unos 110.000 euros, de acuerdo con la información apuntada por el diario portugués «Correio da Manha».

Su vida mejora con este implante momentáneo, en el sentido de que su cuerpo se puede mostrar más equilibrado, pero esta circunstancia hace que deba permanecer postrado en una cama por ahora. Y todo en espera del ansiado trasplante definitivo, que lleva semanas demorándose. Tanto es así que hace ya un mes que se encuentra en el Hospital de Santa Cruz, donde hubo de ingresar porque era incapaz de seguir el ritmo normal en su día a día.

El hermano de Luisa Sobral, compositora del éxito eurovisivo, estuvo sometido a una vigilancia constante por los especialistas del centro, quienes decidieron que solo enchufándolo a una máquina se pueden mitigar en parte los riesgos que corre.

Una máquina para ayudar a ese corazón tan debilitado, especialmente porque su triunfo en el festival celebrado en Kiev le sumió en un maremágnum promocional y de conciertos que lo dejó exhausto. Cuando él acudió a la competición en Ucrania, ya conocía las advertencias de su equipo médico, que insistió el pasado mes de enero en que el nuevo corazón no debería tardar más de un año en aparecer.

Orgullo nacional

Estaba claro, por tanto, que se imponía un alto en su carrera musical para descansar, en vista de que el estrés de las actuaciones y demás le estaban perjudicando. Fue así como urdió una despedida masiva ante una verdadera legión de fans el 8 de septiembre en los Jardines del Casino de Estoril, a 25 kilómetros de la capital portuguesa.

Allí no pudo evitar las lágrimas, mientras su hermana Luisa le abrazaba y cientos de globos blancos en forma de corazón se desplegaban en una explanada donde las manos se alzaban al cielo con el signo de la victoria en los dedos. Los adeptos de Sobral, que se extienden por su país tanto como en España, apenas podían contener las lágrimas. Ni él mismo sabía si aquel concierto podía calificarse como un mero «hasta luego» o, en el peor de los casos, o un adiós definitivo.

La gravedad de su salud es evidente, de modo que su internamiento en el Hospital de Santa Cruz continúa afianzándose como el baluarte de una tímida esperanza, incluso aunque implique atravesar duros instantes. Mientras tanto, no cesan los mensajes de apoyo a Salvador Sobral, otra prueba más de que cuenta con el respaldo de todao Portugal, una nación orgullosa del hecho histórico que protagonizó: vencer en una cita hasta entonces esquiva con los sonidos de la patria del fado.

El paso por la Unidad de Cuidados Intensivos, que hizo disparar todas las alarmas pocos días después de la velada en Estoril, se convirtió en la antesala para una cierta estabilización (dentro de la gravedad) y su traslado al ala de Enfermería.

Eso sí, la tensa espera no cesa en el centro hospitalario de las afueras de Lisboa, donde se han hecho realidad sus propias palabras de hace menos de dos meses: «No es un secreto para nadie que mi salud es frágil. Tengo un problema y debo entregar mi cuerpo a la ciencia, y retirarme de los escenarios y de la música en general. Ir a un mundo en el que se resuelvan mis problemas. Seguramente, ese problema quedará resuelto, pero no sé cuándo».

Ahora, más que nunca, la mención a la «ciencia» se circunscribe a la máquina que lo mantiene, con el fin de que su corazón no realice demasiados esfuerzos. Todo Portugal ansía que este trance pueda ser meramente transitorio, aunque la verdad es que las circunstancias no terminan de dar la alegría de un desenlace satisfactorio.

Lo que está claro es que ya se ha ganado un lugar en el corazón de sus compatriotas, los mismos que se conmueven cuando escuchan su voz de terciopelo, tan frágil como su salud y curtida en las enseñanzas de los mejores ‘crooners’, habitualmente junto a su pianista favorito, Júlio Resende. Como aquella noche en Estoril.