La respuesta de Gallardo

Por Beatriz CORTÁZAR
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Menuda la que se ha liado tras el escándalo vivido en el último premio Mayte de Teatro y del que ya dimos buena cuenta ayer en estas mismas páginas. La decisión del jurado al elegir a la directora Mara Recatero ganadora del trofeo levantó las protestas del actor Manuel Gallardo, invitado a una cena donde también figuraba como candidata su hija, la actriz Nuria Gallardo. Ayer, el propio Gallardo dio la versión de los hechos en una llamada telefónica que realizó al programa de Telecinco de María Teresa Campos donde aclaró que él nunca pronunció la palabra «tongo» y que su respuesta al veredicto del jurado fue un sonoro «no» «dentro del uso de mi libertad de expresión». Gallardo confirmó también que justamente al día siguiente de los Mayte, el pasado martes, salió la sentencia a su favor tras el pleito que tenía en el juzgado número 8 de Madrid contra el Ayuntamiento por despido improcedente del Teatro Español. «Que conste que yo no tengo nada en contra del Ayuntamiento y sí de Gustavo Pérez Puig y Mara Recatero, pero jurídicamente había que poner la demanda así porque el Español depende de ese organismo», puntualizó. Cinco millones cuatrocientas mil pesetas es la cantidad estipulada como indemnización. Por su parte, su hija Nuria, que rueda la serie «Un chupete para ella», me confirmó que respeta la actitud de su padre «ya que cada cual es libre para expresarse como quiera» a la vez que niega rotundamente que estuviera bebido.

EL NUMERITO DE LA PRINCESA

No acudió al Baile de la Rosa de Mónaco y no importó. La repetida ausencia de la princesa Estefanía de Mónaco en los pocos actos oficiales del Principado (siempre y cuando un Baile pueda ser considerado como un acto oficial) ya no alarma ni preocupa. Desde que salió a la luz su último romance, con un domador de elefantes, a Estefanía de Mónaco ya no la pasea papá Rainiero ni en broma. Mientras Carolina y Alberto marcaban el paso, la benjamina alternaba con los payasos, enanos y domadores de su nueva vida en el Circo. Estos días, las televisiones emiten sin parar imágenes de la princesa acariciando la trompa de los elefantes de su amor, la misma trompa en la que tantas veces hemos visto subida a su hija Paulina sin que a nadie parezca importarle el peligro que corre la niña al formar parte de ese espectáculo. Que el amor arrastre a Estefanía a una apasionante vida en el circo no debería ser excusa para que la niña exponga su integridad bajo la pata de un elefante. Caprichos de princesa enamorada.