Doña Sofía
Doña Sofía - EFE

La Reina que sigue haciendo en la sombra lo mismo que antes

Doña Sofía, que hoy cumple 79 años, solo echa de menos los viajes de Cooperación

MadridActualizado:

«Todo va a seguir igual». Así respondía Doña Sofía a los periodistas que le preguntaban tras el relevo en la Corona «y, ahora, qué va a pasar». Desde entonces, ha habido muchos cambios en el Palacio de La Zarzuela, pero la vida de Doña Sofía sigue siendo prácticamente igual.

Hija, hermana, esposa, sobrina, nieta y madre de Reyes, Doña Sofía no sabe vivir de otra manera y, aunque ahora no asista a las grandes ceremonias del Estado –solo sigue acudiendo a la entrega de los premios Princesa de Asturias– y, aunque tenga que ver por televisión a sus nietas Leonor y Sofía en el desfile militar del 12 de octubre, ella continúa yendo a muchos actos sencillos, que apenas salen en la prensa, como hizo durante los 39 años que fue la Consorte del Monarca. La única diferencia es que ahora lo hace de forma privada y la mayor parte de sus actividades no figuran en la agenda de la Familia Real que Zarzuela envía todas las semanas a los medios de comunicación.

Reina vocacional, la vida privada de Doña Sofía es muy parecida a la pública, aunque ahora dispone de más tiempo que antes para dedicarse a lo que más le gusta: aprovechar la oportunidad que la vida le ha dado para ayudar a los demás. Una labor que canaliza a través de la Fundación Reina Sofía, creada hace cuarenta años con un pequeño capital privado aportado por ella misma –dice que no se acuerda cuánto– y que ha aliviado –y sigue haciéndolo– el sufrimiento de decenas de miles de personas en España y en el resto del mundo.

Según el Rey, la Fundación es «una de esas pequeñas historias que se convierten también en grandes historias». Y es que Don Felipe, que creció a la vez que la Fundación, confesaba recientemente que de niño fue testigo en numerosas ocasiones de «la preocupación de mi madre por encontrar los medios» para cuadrar unas cuentas imposibles entre las ilimitadas peticiones de ayuda que se recibían y la limitada capacidad de atenderlas.

El deseo de ser útil desarrolló en Doña Sofía una habilidad especial para vencer la indiferencia de la sociedad y despertar el lado solidario de instituciones, empresas y particulares. Y, con no demasiados recursos pero con mucha ilusión y trabajo, la Reina también pudo sacar adelante su obra más ambiciosa, el Proyecto Alzheimer, que se ha convertido en un centro de referencia internacional y suscita admiración en todo el mundo.Inconformista por naturaleza, cuando se trata de aliviar el sufrimiento, Doña Sofía está inmersa en otro gran proyecto: «Nos queda lo más importante, vencer la enfermedad», dice. Y, para ello, hace falta dedicar muchos recursos a la investigación.

Entre la fundación y los sencillos actos a los que asiste (congresos de enfermedades neurodegenerativas, entregas de banderas y de premios, conciertos, amadrinamientos de animales y algún viaje para asistir a bodas y funerales), Doña Sofía está satisfecha con su vida. «Solo echo de menos los viajes de Cooperación», afirma. Y es que la Reina se mostraba feliz en aquellos viajes agotadores, tanto física como emocionalmente, en los que nunca se cumplían los horarios porque Doña Sofía no encontraba el momento de decir adiós a las personas que compartían con ella situaciones desgarradoras. Vestida con pantalones vaqueros y calzada con alpargatas, la Reina sacaba su lado más auténtico subiendo por caminos embarrados para visitar a los más humildes del planeta. Ella les llevaba la solidaridad española y aquellos viajes le recargaban las pilas. A su regreso, solo una cosa le preocupaba: «Espero haber sabido aprovechar la oportunidad de ayudar a los que más lo necesitan».