Un récord de boquilla

PABLO M. PITA/ROSETA L. DEL VALLE
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«Por un beso, ¡yo no sé que te diera por un beso!». Así clamaba Bécquer a sabiendas de lo complicado que es conseguir semejante privilegio por parte de la persona amada. Pues multiplíquese la dificultad si lo que se pretende conseguir es la cifra de 18.000 ósculos. Tal era el récord que la firma Cacharel intentaba batir ayer en Las Ventas, con o sin cuernos. Debía ser «el mayor beso del mundo», aprovechando que allí se celebraba el multitudinario concierto MTV Day. Sin embargo, la propuesta se quedó en mucho ruido y pocos besos. Y eso que Álex Ubago se había encargado de calentar el ambiente con aquello de «besarnos hasta desgastarnos, nuestros labios». La noche prometía. Primer día de vacaciones y las hordas adolescentes andaban sueltas, y de celebración. Botaron, gritaron y se desgañitaron, pero se achucharon más bien poco. Hubo, pues, mucho morro y poco morreo, ya que una buena parte de los tendidos del coso estaba destinada a gente invitada, con barra libre incluida, que disfrutaron figuras de la enjundia de Belén Esteban, Malena Gracia, Yola Berrocal o Marc Ostarcevic. En otro orden de famosos, también se dejó caer María Zurita, con nuevo acompañante.

Más importante era el trasfondo solidario de la cita, ya que el dinero recaudado estaba destinado a las víctimas del 11-M, como bien se encargó de recordar el cantante donostiarra, que incluso les dedicó su emotiva canción «Aunque no te pueda ver». La tarde comenzó con un inspirado Xoel López, que al frente de su proyecto Deluxe, puso la nota más de pop independiente cuando faltaba aún mucho público por llegar. Sus guitarras sonaron potentes (casi demasiado) para aprovechar la ocasión que se le presentaba. Todo un telonero de lujo.

Después apareció el pop de acento argentino de Coti, un músico que poco a poco va ganándose el favor del público español, y cuyo momento más estelar llegó cuando compartió micrófono con Dani Martínez, cantante de El Canto del Loco. El siguiente fue Álex Ubago, quien consiguió emocionar al joven auditorio, sobre todo con los temas de su primer álbum. Después llegaron unos lanzados The Rasmus, quienes volvieron a encender los ánimos un tanto confusos por aquel entonces, ya que acababa de tener lugar el vano intento de que la concurrencia uniera sus labios en amoroso regodeo. La Oreja de Van Gogh, por último, cumplió con su papel de grupo estrella, y demostró que sabe como afrontar una cita en Las Ventas.