Raquel Welch levanta el premio honorífico «Lady Harimaguada», durante la clausura del II Festival Internacional de Cine de las Palmas de Gran Canaria. Efe

Raquel Welch: «Mae West y yo no tuvimos oportunidad de sacarnos los ojos»

Por José Eduardo ARENAS
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Tiene cerca de cincuenta películas en su filmografía y algunas de ellas ya son historia: «Viaje fantástico», «Hace un millón de años», rodada aquí, en Canarias; «Cien rifles», «El fin de Sheila», «Los tres mosqueteros» («donde descubrí lo mucho que me gusta la comedia»), «Fiesta salvaje» o «Ana Caulder», títulos que Raquel Welch destaca entre otros muchos rodados exclusivamente para lucir su impresionante anatomía.

Hoy Raquel ya tiene sesenta años y no es que sea guapa, es que es una preciosidad que mantiene intacto el halo de estrella intemporal que siempre conseguirá cortar la respiración del personal a su paso. Buena muestra de esto se ha podido disfrutar, en directo, en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, en el que recibió un homenaje durante la clausura. Raquel es ocurrente, supercuidadosa con la imagen que se espera de ella, divertida aunque no graciosa... Es una estrella que tiene respuestas para todo y en el tono que el interlocutor marque. ¿Que le recuerdan que fue un transexual en la prohibidísima en España «Myra Breckinridge», donde compartía cartel con una Mae West de setenta y siete años, y que la relación, tirante, por supuesto, entre ambas fue más que comentada? Ella se sitúa en 1970, año del rodaje, pone dos o tres posturas de aquellas que le hicieron famosa, y contesta: «No tuvimos demasiadas escenas juntas, aunque supongo que yo no le hacía demasiada gracia, ya que era la chica joven de la época. La verdad es que no tuvimos oportunidad de sacarnos los ojos, pero de haberlo hecho, estoy convencida de que hubiese ganado yo».

Luego, hablando tranquilamente para ABC, recordó que uno de sus filmes más respetados, aunque en su momento tuviera sus más y sus menos en las taquillas, fue «Fiesta salvaje». «Era una película de James Ivory, antes de que fuera tan famoso y premiado como ahora. El personaje principal recordaba al cómico del cine mudo Fatty, una estrella de entonces importantísima, y en la película se reflejaba que con la llegada del cine sonoro empezaba la decadencia de muchos de aquellos personajes. Todo eran fiestas, y en la película se trataba de reflejar un premio que este actor tenía que recibir por su última película, pero toda la gente que le rodeaba aquella noche sabía que era el principio del fin para muchos de ellos. Yo hacía el papel de su novia, pero terminaba enamorándome de un galán joven porque mi relación con el actor no era buena, ya que se trataba de una persona insegura que, como toda esta gente, siempre termina atacando a quien quiere. Fue muy interesante para mí interpretar una historia situada en 1929, porque nadie apostaba que aquella chica pudiera hacer un buen papel. De manera que me lo tomé como un reto porque personalmente necesitaba afianzarme en la idea de que podía aspirar a cosas más importantes como actriz y era un buen trabajo. Se quiso distribuir como la historia de Fatty, cosa que no era cierta. Había algunas similitudes, pero en ningún momento aparecía una violación y la muerte de una menor como en la vida real. A la crítica y al público no se les puede decepcionar, y una publicidad engañosa puede conseguir un efecto no deseado para una productora que quiere acaparar demasiado. Aunque había escenas de orgías, no existía ni sexo ni violencia. ¡Ah!, recuerdo lo guapo que era Perry King».

—Hace tres años coincidí con su hija, Tahnnee, en el Festival de Sitges.

—Ah, ¿sí? ¿Y qué hacía? ¿Reponían «Cocoon»?

—No, el que presentaba una película era el novio que la acompañaba.

—Ah, ya. Hum... (risas). Es guapísima, ¿verdad?

—¿Sabe que usted ha interpretado ya cuarenta y siete películas?

—No. Unas cuarenta.

—Que no, cuarenta y siete.

—Seguro que es que hay alguna que no quiero recordar, por eso no llevo la cuenta.

—Pues, pese a lo que puedan decir algunos, tiene títulos interesantes, donde destacan las dotes de actriz que nunca le dejaron mostrar.

—Supongo que se refiere a «Los tres mosqueteros», «Cien rifles», «Kansas City bomber», «Ana Caulder», «El fin de Sheila»...

—¿No volverá a hacer teatro?

—La verdad es que siempre me ha gustado; lo hice con mucho placer en Broadway y con gran éxito cuando intervine en «La mujer del año».

—¿Y en «Víctor o Victoria?

—Bueno, no tengo demasiadas cosas que decir sobre esa obra. Está hecha y ya está.

—Por cierto, su última película la ha protagonizado a las órdenes de la española María Ripoll.

—Es un guión muy divertido, de un viudo con tres hijas. Yo voy de visita a la casa con el fin de cuidar a uno de sus nietos, pero entre mis planes está el relacionarme con este hombre... Como le decía antes, una comedia, que es lo que me gusta.

—¿Está satisfecha de su carrera?

—Siempre se pueden mejorar las cosas, pero en el futuro. El pasado no hay quien lo modifique. En un momento determinado de mi vida me perjudicó seriamente un contencioso que tuve con la MGM. El tema se alargó durante seis años, un largo tiempo en el que pude haber hecho otras muchas cosas. Además, me ocurrió a los cuarenta años, una edad peligrosa para una actriz. De modo que me perjudicó doblemente.