Raquel Sánchez Silva
Raquel Sánchez Silva - ABC

Raquel Sánchez Silva: «No me siento menos mujer por haber necesitado la ciencia para ser madre»

La popular presentadora tuvo mellizos gracias a la reproducción asistida. El martes presenta nueva novela en la clínica donde se gestó su «milagro»

MADRIDActualizado:

La clínica IVI de Madrid, uno de los mejores centros de reproducción asistida en España, es un escenario poco convencional para presentar una novela. Pero Raquel Sánchez Silva no es una mujer convencional. El 30 de mayo de 2013 la presentadora y bloguera de «Mujer Hoy» perdió a su marido, Mario Biondo, en trágicas circunstancias. Sumida en un dolor inenarrable, no solo tuvo que lidiar con el duelo, sino también con el acoso mediático y, peor aún, con el hostigamiento de su propia familia política, que hasta el día de hoy intenta mantener abierta la investigación sobre la muerte del cámara italiano.

Dos años y medio después de aquella pesadilla personal, Raquel es una mujer nueva. Ilusionada con el productor Matías Dumont, acaba de dar a luz a sus mellizos Bruno y Mateo, y ahora se incorpora al nuevo canal #0 de Movistar+. Por si eso fuera poco, el martes presentará su tercera novela, «Tengo los óvulos contados» (Planeta), en la que aborda la reproducción asistida, un tema que conoce muy de cerca. Lo hará en la mencionada sede madrileña de IVI, de la mano de su director, el doctor Juan Antonio García Velasco. Fue allí donde comenzó a gestarse su sueño de ser madre.

«No soy ejemplo de nada, de esto tampoco», aclara Sánchez Silva en conversación con ABC. «Pero por mi experiencia puedo decir que para volver a ser feliz hay que ser muy disciplinado, hay que levantarse con ese objetivo. Hay que desearlo, intentarlo y sobre todo currárselo...», añade. La periodista habla de todo, salvo de su nueva etapa profesional en Movistar+ -«no puedo contar nada, me lo han prohibido»- y de sus hijos -«no puede existir ni el menor indicio que lleve a pensar que quiero mostrarlos. Eso significaría tener a treinta fotógrafos en la puerta de casa»-. El dolor ya es pasado, pero el acoso mediático sigue escribiéndose en presente.

—En «Tengo los óvulos contados» se anima a hablar sobre su experiencia con la reproducción asistida. Recuerdo que los paparazis la seguían hasta las puertas de la clínica...

—A nadie le ayuda sentirse perseguido. No sé si habrá alguien que disfrute con ello, desde ya yo no soy esa persona. Ha sido incómodo y violento, y más cuando estaba en un momento delicado del embarazo. Soy muy alegre y optimista, pero ahora salgo a la calle con mis hijos y los paparazis me persiguen, me preguntan cosas, me provocan, me chantajean, se ponen delante de los niños y los miran. Esas horas de paseo a las que tengo derecho no puedo disfrutarlas como debería. Eso me entristece.

—¿Le preocupa el acoso a sus hijos?

—Cuando mis hijos vayan en una silla, porque quiero que vean el mundo, lo primero que verán será a un hombre que no conocen con una cámara. Ese señor se llevará fotos de ellos a su casa, las tendrá en un ordenador, las venderá y yo no podré hacer nada al respecto, nada. Estoy vendida.

—Obviamente, no habrá exclusiva de por medio...

—Yo no vendo mi vida ni la de mis hijos, no participo de ese mundo.

—¿Se ha planteado mudarse fuera de la capital para protegerlos?

—Espero no tener que hacerlo. No quiero mudarme a una urbanización, como hacen tantos famosos que conozco. Te voy a poner un ejemplo muy sencillo: yo disfruto mucho dándoles el pecho a mis hijos. En mi vida normal no tendría ningún problema en hacerlo en el parque o en la calle, pero eso me lo pierdo porque siempre habrá un señor que querrá hacerme una foto en ese momento.

—¿Los mellizos ya empiezan a tener cada uno su personalidad?

—De los bebés no voy a hablar. Lo único que puedo hacer para evitar que me sigan o me persigan es dejar de alimentar el morbo sobre el tema. Si yo ahora te hablo de mis hijos, lo que estoy haciendo es despertar el interés sobre ellos. Y eso es lo último que quiero.

—¿Esta novela es la más personal de las tres que ha escrito hasta ahora?

—Tiendo a escribir muy personal. No entro en detalles de mi vida, pero no tengo capacidad de distanciarme de lo que escribo. Ha sido más personal porque hablo de una historia sobre la reproducción asistida, siendo yo madre de mellizos gracias a un método de reproducción asistida.

—Con este libro intenta tumbar el tabú social sobre los métodos de reproducción asistida. ¿Ha sentido el prejuicio en carne propia?

—Está muy instalado, es como ese olor raro que se percibe en Madrid cuando hay mucha contaminación... lo hueles aunque no lo veas. Me hace ilusión que a la presentación del libro vengan mujeres que puedan preguntar y sentirse libres para hablar del tema delante de otras mujeres. Quiero que se sientan cómodas y que sepan que no se es menos mujer por someterse a un tratamiento. Yo nunca me he sentido menos mujer por haber necesitado la ciencia para ser madre.

—¿Nota la incomodidad de otras mujeres cuando les habla del tema?

—Algunas personas todavía me preguntan: «¿Eres la primera de la familia en tener mellizos?». Naturalmente, yo les respondo: «Mis hijos son de reproducción asistida». Y hay gente que reacciona raro. Parece que eso solo se lo pudieras contar a tu mejor amiga...

—¿La paternidad de solteros es una cuenta pendiente en España?

—Hay que regular muchas situaciones, todas las que se presenten. Hay una ciencia joven, que es la reproducción asistida, que todavía está muy verde en muchas cosas. En el momento que la ciencia ofrece nuevas posibilidades aparecen nuevas demandas. La paternidad subrogada es una cuenta pendiente en España. Los políticos prefieren postergar el debate porque es un tema delicado, pero la sociedad avanza y demanda. Y si existe demanda, tiene que legislarse y regularse.

—¿Dejaría de trabajar por sus hijos?

—Me han ofrecido proyectos profesionales relacionados con mi perfil viajero, y justo ahora no puedo. Antes decía a todo que sí, pero por ahora las cosas son de otra manera. Digo «por ahora», porque cuando puedan viajar no tendré ningún problema en que me acompañen. Lo intentaré.

—Será una madre «Angelina»...

—(Risas). No me quiero comparar con alguien como Angelina Jolie, una mujer muy valiente en todo lo que hace. Pero sí me atreveré a llevarme a los niños a mis viajes por el mundo.

—Cambia Mediaset por un nuevo proyecto en Movistar+. ¿Vértigo?

—Vértigo sí, miedo no. Vértigo de una nueva etapa, de mirar hacia adelante y ver que todo es nuevo. Y eso es maravilloso. He sido muy feliz en el lugar en el que he estado. Todavía no he ido a despedirme de mis compañeros, y cuando hablo de mis compañeros me refiero a los presentadores, maquilladores, peluqueros, estilistas y a toda la gente que trabaja en la recepción y detrás de las cámaras. No me he atrevido a ir porque me tocará un rato largo de llorera. Estoy feliz por lo que voy a vivir, pero siento mucho la despedida.

—¿Imaginaba que iba a volver a ser tan feliz?

—No me gusta exhibir nada, ni la tristeza ni la alegría. Así soy. Pero como decía antes, nunca hay que dejar de intentar ser feliz.