Quiero ser como Dylan

ROSA BELMONTE
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En capítulos anteriores teníamos a Bob Dylan demostrando serlo y a una atleta sudafricana que no se sabe si es carne o pescado jurando ser hembra. La última estrella invitada de la comedia de identidades es Lindsay Lohan. En un sucedido que podría haber acabado como la reciente batalla campal de las gafas en un barrio de Palma si hubiera habido dos bandos peleones, pero acabó en modo Bob Dylan en Nueva Jersey.

La actriz se dejó su teléfono en una tienda (un deli) de Nueva York y volvió para recuperarlo. No tan rápido, guapa. Y no es que alguien se hubiera hecho con el preciado objeto sabiendo de quién era (como aquella vez que a Paris Hilton le pirateraron la sideckik dando a conocer sus fotos y su agenda). Cuando Lohan reclamó su teléfono, el concienzudo empleado quiso comprobar la grabación de las cámaras de seguridad para asegurarse de que el móvil era de la ahora rubia, cosa que cabreó mucho a Lindsay. Tanto que se puso entre gremlin mojado y Gloria Swanson en «El crepúsculo de los dioses» (yo soy una estrella) y acabó pidiendo a los muchos testigos de la afrenta que llamaran a la policía. El tendero dijo que no tenía ni idea de quién era esa chica.

Es verdad que también le pasó a Dylan (y hace muchos años, Said Aouita, siendo una gran estrella del atletismo, pidió por la calle de una ciudad española que le indicaran un hotel y, al verle la pinta de moro, lo mandaron a un tres estrellas).

Pero estas cosas lo que hacen es demostrar que Lindsay no es nadie (ni ella ni Sienna Miller ni Ashton Kutcher ni muchos con los que llenamos páginas de periódicos con la mayor naturalidad, como si estuviéramos hablando de Cary Grant o de Mies van der Rohe). Aunque la gente no conozca a Rafael Sánchez Ferlosio o a Thomas Pynchon a primera vista (o a cualquiera), se podrían enumerar sus obras completas y la importancia de las mismas. ¿Pero qué dices de Lindsay Lohan o Sienna Miller para convencer al personal escéptico de su celebridad homologable?

Una amiga mía (todavía está riéndose) coincidió en una comida con una chica que dijo ser periodista y actriz. «¿Y qué has hecho?», preguntó interesándose por el trabajo de actriz. «Puedes ver en youtube unas escenas mías en «El comisario», le contestó Bette Davis. Y vale que Lindsay ha trabajado con Altman o con Meryl Streep (o que «Chicas malas», con ese guión perverso de Tina Fey basado en el libro de Rosalind Wiseman, es un trueno, o al menos una debilidad mía). Pero aunque se citen todas las películas no hay proporción entre su carrera y su presunto grado de fama (de Sienna Miller, ni hablamos).

Si hasta Heather Locklear es Elisabeth Taylor a su lado. Heather está pensando incorporarse a la nueva versión de «Melrose Place» que está preparando la CW, donde ya se han embarcado antiguos inquilinos como Laura Leighton o Thomas Calabro (dos buenas piezas también). Un productor ejecutivo ha dicho que el criterio seguido para volver a contratar actores de entonces es que parezcan orgánicos. Claro, algunos estarán tan orgánicos (y mohosos) como el trozo de pastel de boda encontrado entre los trastos de Andy Warhol que se están catalogando (y que se van a enseñar a las esposas de los jefes de Estado del G20 cuando se reúnan en Pittsburg en septiembre).

Otro de los tesoros hallados en las cajas es un póster de Jackie Kennedy desnuda autografiado y dedicado a Warhol. Lo importante es que esté autografiado porque la fotografía es la que Larry Flint publicó en su revista «Hustler» en agosto de 1975 (las imágenes se tomaron en 1971, estando casada con Onassis, y se publicaron a los cinco meses de morir el griego).

Qué hija de su madre, qué pinta. Acaba de darse un baño, lleva una toalla en la mano y está inclinada tratando de recoger algo del suelo. Pero ni pecho descolgado ni nada (vale, también es dimuto). Decía Cecil Beaton que la elegancia es agua y jabón. Viendo a Jackie, la elegancia es agua y una toalla. Bueno, la elegancia es ella (y si es un lugar común, me da igual). Lindsay Lohan quiere ser como Dylan; yo quiero ser como Jackie. El tendero del deli tampoco sabrá quién es.