En su punto: La duquesa sigue en sus trece

Beatriz Cortázar
Actualizado:

Desde que anunció vía comunicado su separación matrimonial, la duquesa de Montoro no ha cambiado de postura. Esta semana reapareció ante los medios de comunicación en Lisboa con motivo de la inauguración de la primera tienda de Tous en Portugal, firma a la que presta su imagen para actos de este tipo o campañas publicitarias. Eugenia Martínez de Irujo mostró ante los invitados que es una mujer simpática, tímida y bastante discreta. También mostró algo más íntimo y más revelador: su ombligo. Muy delgada, muy trabajada (allí hay horas de gimnasio) y muy morena, con sus vaqueros y su ombligo demostró que nobleza no siempre obliga a cubrirse y que es tan moderna y juvenil a la hora de vestir como lanzada y personal ha sido siempre su madre, la duquesa de Alba. Interrogada por todos sobre su posible vuelta con el torero Francisco Rivera, Eugenia insistía en que de momento las cosas están como están y añadía que aún no ha comenzado los trámites legales (abogados, juzgados, papeles, firmas...) pero que tampoco tiene prisa. Toda una madraza con su hija Cayetana, la duquesa no entró a matar en cuanto a los detalles de su separación, pero sí dejó entre líneas algunas frases reveladoras donde se entendía que en estos momentos no tiene intención de dar marcha atrás, que nadie es imprescindible y que ella no es de esas mujeres que necesitan tener un hombre al lado para vivir (y menos para malvivir, apostillo). En contra, parece ser que quienes cada día se encuentran más son el duque de Huéscar y su ex mujer, Matilde Solis a quienes últimamente se les ha visto juntos en varias ocasiones. Una de las más recientes fue cuando cenaron con unos amigos en un restaurante japonés de la capital. Entre sushis y yakitoris quién sabe si la pareja decide recuperar el tiempo perdido.

Los mil dolores de Coloma F. Armero

Con el título de «Mil dolores pequeños» (Plaza y janés), la escritora Coloma Fernández Armero - Premio Contradiction de literatura por «Querida yo»- publica su primera novela inspirada en la soledad que sintió durante una larga estancia en Nueva York y que ha sabido acompañar de inteligentes dosis de humor. Da la casualidad de que la directora de cine Chus Gutiérrez fue quien le presentó este trabajo, y digo casualidad porque las dos han sido compañeras de colegio sin que los organizadores supieran de su amistad. Coloma confesó que lo había pasado fatal escribiendo este libro, ya que «el esqueleto de la novela es autobiográfico». Valiente, con un estilo muy personal y con muchas frases geniales de cosecha propia, la autora ha sabido bucear en su fondo más duro para sacar a flote esa «verdad escondida» que pocos quieren desnudar públicamente.