Los políticos apuntan a la Diana (Krall)

ROSETA L. DEL VALLE
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Las noches se ponen políticas. Está de moda. Si antes los reclamos utilizados para atraer el interés de la Prensa en las diferentes convocatorias eran actores, cantantes o cutrefamosillos (que de todo hay), ahora los políticos se llevan la palma. Da igual que sean entrantes o salientes, en funciones o futuribles. Lo único que se tiene en cuenta es que responda a un color o a unas siglas.

Y si la pasada noche, en el estreno de la última película de Antonio Banderas, fue Felipe González el que dejó a los medios compuestos y sin foto (aunque por allí pululaban Barrionuevo y Almunia), ayer ZP aprendió del estilo de su compadre e hizo lo propio en el concierto que Diana Krall ofreció a un grupo selecto de invitados. La asistencia de Zapatero estaba anunciada, confirmada y pregonada a los cuatro vientos. Pero de nuevo un chasco. Tras el plantón, le tocó dar la cara a Jesús Caldera, que no cabía en su traje cuando le llamaban «superministro». Quizá para compensar colores acudió un esquivo Rodrigo Rato, que no quiso posar ante las cámaras. Más accesible estuvo José María Michavila, acompañado por su esposa, Irene Vázquez, que tan sólo un mes después de dar a luz a su cuarto hijo ya está totalmente recuperada. Irene habló maravillas de su pequeña, mientras el ministro de Justicia en funciones hacía sus declaraciones políticas: «Hoy hemos venido a disfrutar, pero a partir de ahora vamos a tener que trabajar más». Pero además de rostros de telediario, también hubo otros muchos del resto de la parrilla. Como aficionados al jazz de Diana Krall -recién casada con Elvis Costello- estuvieron Emilio Aragón y su esposa, Aruca; Icíar Bollaín, el actor Juan Diego Botto, SantiagoSegura, el líder gay Pedro Zerolo, Miguel Ríos (que se ha dejado de teñir el pelo) o Antonio Carmona. El aún líder de los Ketama quiso hablar de su colega Farruquito: «No puedo justificar lo que hizo, pero él es buena gente. Fue un accidente, no es un delincuente». Son palabras de un amigo, pero no consolarán a la familia de la víctima, ya rota para siempre.