El día a día de Penélope en Hollywood
Halle Berry y Penélope Cruz, en el show de Oprah Winfrey. / Archivo

El día a día de Penélope en Hollywood

ABC.es | MADRID
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Han pasado 12 años desde que Penélope Cruz aterrizara en Hollywood con un pequeño papel en Hi-Lo Country, de Stephen Frears.

«Diez años, una docena de películas 'made in Hollywood', un Oscar y dos nominaciones después, poco queda de aquella chica desvalida que se quejaba de lo duros que fueron sus inicios en la meca del cine», publica la revista Vanity Fair. Y es que, en efecto, cuando nuestra Pe llegó a Los Ángeles no sabía una palabra de inglés, no conocía a nadie y sentía la meca del cine como un lugar hostil. Hoy, Hollywood no sería igual sin Penélope, a la que le sobran la fama, los amigos y los planes. Un Oscar y otras dos nominaciones avalan su conquista.

«Lo mismo queda para comer con Nicole Kidman que celebra Acción de Gracias en casa de Sean Penn. O comparte 'front row' con Demi Moore y alterna con Diane Lane y su marido, Josh Brolin.» Inluso fue la novia oficial de Tom Cruise y se rumoreó algo más que colegueo con Matthew McConaghey. Está considerada la mejor vestida de los últimos 20 años de la gala de los Oscar. Es amiga de Sofía Loren, Kate Hudson, Salma Hayek o Bono.

Penélope ha sabido ganarse a los americanos, con su estilo entre exótico y clásico, y se la rifan en todos lados. Ha sido la invitada estrella de «shows» tan influyentes como el de Jay Leno, David Letterman, Ellen DeGeneres e incluso Oprah Winfrey. A todos les gusta Penélope.

Natural, relajada, fresca y elegante. Así «se vende» la de Alcobendas en Estados Unidos. Más cercana que en España, donde su relación con la prensa siempre ha sido un tanto fría.

El truco de la actriz es saber siempre lo que quiere. Rita Watnick, la dueña de Lily et Cie, la tienda donde Penélope compró el Balmain «vintage» blanco con el que subió a recoger su Oscar el año pasado, asegura en VF que «el gran acierto de la actriz es que tiene personalidad para vestirse. 'Ella sabe lo que quiere. Se había enamorado de ese vestido hace unos años y volvió a por él'. Hay quienes cifran en 100.000 dólares el precio de aquel traje. Watnick dice que 'jamás revelaría lo que ha pagado una clienta'. En cambio, sí cuenta que poner a punto el Balmain de Pe le costó unas 200 horas de trabajo

A principio, sin amigos ni lllamadas

El camino para convertirse en una estrella no es fácil. Y Hollywood no recibe con los brazos abiertos. Con los deberes hechos en España, Penélope quería llegar más alto. Así que se fue a Los Ángeles, una ciudad en la que nunca se ha sentido demasiado cómoda. Tanto que el año pasado, se mudó a Nueva York.

De sus incios «yankees», recuerda la soledad. «En mi teléfono móvil nunca había llamadas. Simplemente porque no tenía amigos». Pasó de ser famosa a convertirse en una desconocida. Su gran amigo y director fetiche, Pedro Almodóvar, solía visitarle mucho en aquella época.

Penélope tuvo que luchar contra un idioma que desconocía, el prototipo de mujer latina, los papeles tontos de películas tontas y el reducido círculo social «del star system». Pero si hay algo en lo que Penélope no ha cambiado, es en luchar por sus sueños.