Parecer o no parecer, esa es la cuestión

Parecer o no parecer, esa es la cuestión

Personajes reales de todas las épocas inundarán las pantallas en los próximos meses. Se buscan dobles

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Cuenta una leyenda urbana (y hasta campestre) que todos tenemos un doble exacto en algún lugar del planeta. Gurruchaga estuvo a punto de demostrarlo cuando encontró a un pequeñín clavado a Felipe González, pero si quería dar vida en la pantalla al entonces presidente, el jamesbondiano actor tenía un problema severo. Hervé Villechaize, que en paz descanse, solo se atrevió a disfrazarse de mini-yo del sevillano en los estrechos márgenes de la tele. Llega ahora un aluvión de películas en las que actores famosos se travisten de personajes históricos e invariablemente se asoman al mismo abismo, porque entre la imitación y la parodia media una membrana tan fina como la que separa el terror de la risa.

En España, donde el último grito son los telefilmes de no ficción, hemos visto que los intentos por aproximarse al personaje pueden llegar a caer en la comedia involuntaria y convertirse en la comidilla de la afición «tuitera». Un exceso de celo a la hora de imitar el acento o los gestos puede resultar fatídico, sobre todo si el original es tan reciente que permite ejercitar el músculo de la comparación sin esfuerzo. En Estados Unidos, con un «parque» actoral mucho más amplio, es matemáticamente más sencillo encontrar a la persona idónea, al menos desde el punto de vista físico. Cualquier político, deportista o artista digno de merecer una película, vivo o muerto, tiene su sosias en Hollywood y aledaños. Por lo general, dicho sea de paso, si el «homenajeado» ya tiene uno o los dos pies en la tumba se acelera el proceso de producción y se evitan situaciones incómodas, aunque aquí, como en todo, hay excepciones.

Para un actor del imperio, auxiliado por impresionantes departamentos de maquillaje, es más fácil meterse dentro de cualquier personaje, pero también es cierto que los hay con una capacidad innata para transformarse. Anthony Hopkins es uno de estos Zelig o Mortadelo de la actuación. Además de acongojar al público pese a estar atado de pies y manos y embozado con una careta mítica, el galés ha sido capaz de emular casi sin peinarse a Nixon y a Picasso, a Hitler y a Dickens, y hasta de tocar la fibra cómica del señor Kellogg, el de los cereales.

«La dama de hierro»

Meryl Streep, otro ilustre ejemplo, no solo tiene un oído único para imitar acentos. Las fotografías y el tráiler de «La dama de hierro», próximamente en las mejores pantallas, demuestran una prodigiosa capacidad de mimetización con Margaret Thatcher, algo no tan evidente como ahora parecerá a todos. La cinta de Phyllida Lloyd («Mamma Mia!») apenas incluye otros actores de renombre, quizá para evitar el peligro de que la estrella tape al personaje, como tantas veces ocurre, porque hay que acercarse a la brillantez de Streep para hacerse invisible con la cara casi lavada.

Otro actor capaz de transformaciones que rayan el suicidio dietético es Robert de Niro. El viejo Jake La Motta, Al Capone unos años después, producirá y protagonizará una cinta de la HBO sobre Bernard Madoff, magnate de las financias condenado a 150 piramidales años de prisión.

Aproximadamente al otro lado de la ley, Leonardo Di Caprio dará vida a John Edgar Hoover, controvertido fundador y director vitalicio del FBI, cuyo poder superó a menudo al de los presidentes americanos que coincidieron con su mandato. «J. Edgar» es la última película del grandísimo Clint Eastwood, quien ha contado además con actrices de la talla de Naomi Watts y Judi Dench. No falta tanto para que podamos ver la cinta, en enero de 2012.

No menos camaleónico, Daniel Day-Lewis será «Lincoln» para Steven Spielberg en lo que tarda en dejarse barba y afeitarse el bigote. Tommy Lee Jones, Joseph Gordon-Levitt («Origen»), Sally Field y David Strathairn reman en el mismo barco. Al Pacino, en cambio, tendrá que meter la cabeza en la centrifugadora para encarnar al músico y productor Phil Spector, arquitecto del pop que descansa entre muros, no precisamente de sonido, por el asesinato de la actriz Lana Clarkson. Los planos y la dirección de la obra corren a cargo de otro gigante, David Mamet. Pacino-Padrino aparecerá además en otro biopic, sobre el mafioso John Gotti, papel que recae, de adulto, en las manos de John Travolta (y sí, con Joe Pesci chapoteando entre mafiosos).

Dejamos para los postres cuatro personajes que son un dulce para cualquier actriz. Katie Holmes-Cruise es Jackie Kennedy en la controvertida miniserie «Los Kennedy», que pone el acento en la fogosa vida privada del clan; Eva Mendes dará la nota como María Callas, papel para el que también sonaba Penélope Cruz; Diane Kruger acaba de hacer de María Antonieta en «Les adieux à la reine», del francés Benoît Jacquot; y Julianne Moore le ha arrebatado a Tina Fey un personaje de actualidad casi rabiosa, el de Sarah Palin, ex gobernadora republicana de Alaska, en el telefilme «Game Change».

La guinda la pone Sacha Baron Cohen, ex-Borat, quien rueda «El dictador» a partir de un libro escrito, dicen, por Sadam Hussein. Megan Fox, John C. Reilly y hasta Ben «Gandhi» Kingsley ayudarán en la producción de armas de diversión masiva.