Pitita Ridruejo, en 2013, en uno de los salones de su casa de Madrid
Pitita Ridruejo, en 2013, en uno de los salones de su casa de Madrid - A. DE ANTONIO

Un palacete lleno de recuerdos en el centro de Madrid, el legado de Pitita Ridruejo

Omnipresente en las listas de las más elegantes y fervorosa creyente hasta rozar el misticismo, vivía desde hacía años enclaustrada en su casa del Madrid de los Austriasl

MADRIDActualizado:

Ana, Carlos y Claudia Stilianopoulos Ridruejo quisieron esta semana que el velatorio a su madre tuviera lugar en la intimidad del palacete de la madrileña calle de Fomento, donde Esperanza «Pitita» Ridruejo siempre tenía las puertas abiertas para todo aquel que la necesitara. Hasta allí llegaron durante la tarde del lunes flores, coronas y mensajes de condolencias. Las amigas de Pitita estaban «destruidas», tal y como contó Tessa de Baviera a ABC, Paloma Segrelles apuntó que Pitita siempre «estaba pendiente de sus amigos». La Reina Sofía mandó un mensaje de pésame a los hijos, al igual que Don Felipe y Doña Letizia.

Quienes compartieron tiempo con ella destacan que, aunque podía parecer una persona frívola -por su peinado o por esa forma elegantísima de andar-, Pitita era una mujer muy espiritual. En la sección «Declaraciones íntimas» del semanario «Blanco y Negro» afirmó la propia Pitita que el principal rasgo de su carácter era «la paciencia», que «la bondad» era la cualidad que prefería del ser humano, que su ocupación en sus ratos libres eran su marido y sus hijos y que quería llegar al final de sus días «en gracia de Dios».

En este periódico se recordaba esta semana los fines de semana que pasó Pitita con Isabel II y su hermana Margarita de Inglaterra en Windsor, o la amistad que le unía a Pat Kennedy, Aline Griffith o Cayetana de Alba. Federico Fellini le propuso un papel en «Roma» y Salvador Dalí intentó retenerla durante su viaje de novios para retratarla. La belleza egipcia de Pitita, y su gran personalidad, cercanía y discreción, le hacía proyectar una energía muy especial hacia la gente de su alrededor. Y quiso irse de la misma forma: sin hacer ruido y dejando un recuerdo que sus amigos califican de «maravilloso». Sus restos mortales fueron trasladados el martes por la mañana al panteón familiar del cementerio de El Espino, en Soria. Allí también descansa su marido Mike Stilianopoulos, ex embajador de Filipinas en España y Reino Unido, quien murió en 2016 tras sufrir una larga enfermedad. Entonces, tras compartir 59 años con él, según comentó una amiga suya a ABC, Pitita «perdió las ganas de vivir». Se sumió en una tristeza que le llevó a recluirse en su casa del Madrid de los Austrias, que estos últimos años se convirtió para ella en una «trinchera» repleta de recuerdos.

Pitita y Mike Stilianopoulos compraron este palacete en 1977 a veintiocho propietarios en un proindiviso. Contaba Pitita en 1988 a «Blanco y Negro» que adquirieron el edificio con «miedo» -porque se encontraba en unas condiciones «deplorables»-, pero juntos asumieron el reto de salvarlo del deterioro al que estaba condenado y, a su vez, convertirlo en su hogar.

Una de las estancias más conocidas de la casa es el salón rojo, donde Pitita recibía a sus visitas sentada en un sofá con almohadones de colores. Ahí promocionó en 2013 su último libro, «La Virgen María y sus apariciones» (Espasa), una edición de 2.500 ejemplares que se vendieron en un suspiro, donde relató las «apariciones marianas» que comenzó a ver en 1985.

Pitita Ridruejo, en una imagen del archivo de ABC
Pitita Ridruejo, en una imagen del archivo de ABC

El saloncito de la rotonda de estilo inglés; el oratorio con vidrieras de Santa Isabel de Portugal y San Lorenzo de El Escorial coronado con un fresco y el comedor para veinticuatro comensales con azulejos sevillanos, son los salones de la planta principal, comunicados con puertas correderas. Las paredes enteladas de la biblioteca -presidida por un cuadro de María Estuardo- disimulan la entrada al dormitorio principal, donde un biombo chino hace las veces de cabecero de la cama. En la habitación, una puerta da acceso a un espacio de grandes dimensiones dividido en tres zonas: el vestidor, el tocador y el aseo. A la planta superior se accede desde la primera planta a través de una escalera de caracol en hierro, donde se encuentran el resto de los dormitorios y una terraza con piscina.

Una mujer solidaria

A parte de otras dos propiedades en San Lorenzo del Escorial y en Soria, el palacete de la calle Fomento y los recuerdos que hay en él -ornamentados con sedas, buenos muebles y lienzos del siglo XIX, que compró su marido durante sus viajes por todo el mundo- son el principal legado de Pitita.

«Ella no era muy coleccionista ni compradora. En su casa también tenía muchos muebles de su familia. Pitita sobre todo ayudaba a los demás. La podías ver en el rastrillo de Nuevo Futuro, y estaba metida en muchas causas sociales que nunca comentaba», afirmó una amiga cercana a ABC. « La caridad es hacer cosas y que no se entere nadie. Esa era la misión de Pitita», explicó Tessa de Baviera, quien comentó que en una zona de la casa, la escritora instaló un pequeño taller: «Le encantaba pintar, era una mujer muy alegre y tenía una vitalidad bárbara... todo le interesaba».

«Pitita era Pitita y la recordaremos siempre», concluyó Tessa de Baviera. El 28 de mayo, sus amigos y familiares se reunirán en Madrid para despedir a una de las grandes damas de la sociedad Española.