Un obispo del Concilio Vaticano

José María CirardaEl Arzobispo Emérito de Pamplona y Obispo de Tudela, José María Cirarda, ha fallecido ayer en Vitoria.Cirarda fue Obispo de la Diócesis de Santander entre los años 1968 y 1972. El

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José María Cirarda

El Arzobispo Emérito de Pamplona y Obispo de Tudela, José María Cirarda, ha fallecido ayer en Vitoria.

Cirarda fue Obispo de la Diócesis de Santander entre los años 1968 y 1972. El prelado de la Iglesia de Cantabria, Vicente Jiménez Zamora, ha manifestado en su nombre y en el de la Diócesis de Santander, clero, miembros de vida consagrada y fieles laicos, que se une a la familia de Cirarda «en el dolor y la esperanza». También señala que ha «elevado a Dios, Señor de la vida y de la muerte, oraciones por su eterno descanso». Al mismo tiempo, da «gracias a Dios por la vida y ministerio» del monseñor fallecido, al que define como un «pastor bueno y fiel», expresando su deseo de que «descanse en paz».

La misa funeral de corpore insepulto se celebrará este viernes, en Mundaca (Vizcaya), a las 12 de la mañana. A ella asistirá el Obispo de Santander acompañado de algunos sacerdotes.

Además, Jiménez Zamora celebrará próximamente una misa por el eterno descanso de José María Cirarda en la Catedral de Santander. Por su parte, el Obispo de Córdoba, ha manifestado su condolencia, en nombre de toda la comunidad diocesana.

José María Cirarda Lachiondo fue Obispo Auxiliar de Sevilla en 1960, con residencia en Jerez, y nombrado prelado de la Diócesis de Santander en 1968.

Nació en Baquio (Vizcaya) el 23 de mayo de 1917. Sus estudios sacerdotales los realizó en Comillas y los finalizó como licenciado en Filosofía y Sagrada Teología. Ordenado sacerdote el 5 de julio de 1942, más adelante dio el paso a la docencia, convirtiéndose en profesor de Teología dogmática del Seminario de Vitoria, además se alzó como consiliario de la Juventud Católica, director de cursillos de Cristiandad y magistral de la Catedral.

En el Concilio Vaticano II dirigió las relaciones con los periodistas de España. En la Diócesis cántabra estableció diez zonas pastorales y reestructuró los Arciprestazgos, para después trasladar a Madrid los estudios teológicos y formar el segundo Consejo presbiteral. En julio de 1968 fue nombrado Obispo de Santander y, en noviembre del mismo año, Administrador Apostólico de Bilbao. Tuvo como Obispo Auxiliar a Monseñor Rafael Torija de la Fuente.

El 4 de diciembre de 1971 se le encomendó a su ministerio pastoral la diócesis de Córdoba. Por último tomó posesión en 1978 de la diócesis Pamplona como arzobispo, a la vez que se hacía cargo de la diócesis de Tudela como Administrador Apostólico. En marzo de 1993 el Papa aceptó su renuncia de la Archidiócesis de Pamplona presentada por razones de edad y le fue aceptada con el nombramiento de Monseñor Fernando Sebastián como Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela.

Inés Medina

«Una auténtica luchadora, una mujer vitalista, con una gran fortaleza, que fue sorteando con dignidad y elegancia los muchos avatares que tuvo en su vida». Así definían ayer sus amigos la trayectoria vital de Inés Medina, fallecida el domingo en la clínica Andersen de Madrid.

Hija de Fernando Medina Benjumea, conde de Campo Rey, y de Mariana Atienza Benjumea, Inés Medina nació en Sevilla y estudió en las Irlandesas. Como toda señorita de la época que se preciara, una vez concluido el colegio se marchó a París y a Londres, donde estudió con aplicación los dos idiomas que luego le abrirían las puertas de los distintos trabajos que desempeñó; los idiomas, pero también su innata inteligencia que delataban sus vivos ojos claros.

Directora de Protocolo del Pabellón de España en la Exposición Universal de Sevilla de 1992, seis años después y con el bagaje adquirido en la Muestra, es contratada para desempeñar el mismo cargo en el Pabellón de España de la Exposición de Lisboa, cuya temática giró sobre «Los océanos: un patrimonio para el futuro». En 1999 volvió a demostrar su impronta de cotizada profesional en el campo del protocolo al ser «fichada» para trabajar durante el Campeonato Mundial de Atletismo de Sevilla.

Viuda de Alfonso de Borbón Pérez del Pulgar, con el que tuvo tres hijos: Alfonso, Fernando y Jaime, sufrió uno de los mazazos más duros de su vida cuando su primogénito falleció en un accidente de tráfico en Madrid. Meses después de esta desgracia familiar, le fue diagnosticado un cáncer de hígado, que se sumaría al de mama que ya padecía y con los que luchó a brazo partido hasta el final de sus días.

Mujer de refinada elegancia, aseguran los suyos que conseguía lo que se proponía aunque tuviera que trabajar las veinticuatro horas del día, sobre todo si el objetivo era sacar adelante a sus tres hijos. Su arrolladora personalidad le hizo mantenerse firme hasta el último momento, llevando incluso el control de los medicamentos que debía ingerir. En una ceremonia íntima, sus cenizas han sido depositadas en el panteón familiar del cementerio sevillano de San Fernando, y en fecha próxima está previsto un funeral por su alma en la iglesia de la Caridad.

CLARA GUZMÁN