La novia era un perro de color rosa

POR ROSA BELMONTEFOTOS ÁNGEL DE ANTONIOMADRID. Maxibolsos, maxigafas, tocados para ponerse peluca y un perro de algodón de azúcar. La novia de Jesús del Pozo era un perro. Un caniche gigante pasado de

POR ROSA BELMONTE
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MADRID. Maxibolsos, maxigafas, tocados para ponerse peluca y un perro de algodón de azúcar. La novia de Jesús del Pozo era un perro. Un caniche gigante pasado de tinte (o spray) rosa como la Frenchy de «Grease». En la colección que abría Cibeles, Jesús del Pozo se mostró muy Jesús del Pozo y a la vez muy otra cosa. Otra cosa era el mono negro ceñido tipo «Los Vengadores». Muy Del Pozo iba Lucía Jiménez. De la colección, los pantalones, tanto pitillo como anchos. Los colores, crudos, grises, fucsias o naranjas fuertes, como el vestido de Marina Pérez, que ya no anda con las piernas un metro por delante del tronco.

La colección de Duyos tenía de título Tótem. Para verla, un David Delfín pelirrojo. La América de Diane Arbus, trazos de Georgia O´Keefe, cultura indioamericana. Una colección india. Jaqquards, plumas, flecos, mezclas de estampados. Y un pantalón largo con short superpuesto. Al final se oyó «Un mundo raro», en una versión casi susurrada. El de Duyos no es un mundo raro pero sí diferente. Y quizá, como escribió Cathy Horyn en «The New York Times» a propósito de Marc Jacobs, a lo mejor, dijo, digo, habría que reflexionar sobre lo que es sexy. A lo mejor lo sexy son los vestidos de Duyos.

Continuó la jornada Lemoniez. Con los colores de parchís (unos vestidos amarillos que parecían de «Los paraguas de Cherburgo») y con morados y túnicas de muselina con cuellos de pasamanería. Su primera fila, con señoras como Sonsoles Díez de Rivera. La de Francis Montesinos, valenciana. Un «front row» de pelos rojos. Los de Consuelo Ciscar, los de Carmen Alborch, los de la mujer al lado de Marc Ostarcevic (es como valenciano de vocación). Los clarines anunciaron el comienzo. Inspiración taurina. Una línea de vestidos sol y sombra (blanco y negro) fue lo más sobrio. Después, los arreglos florales. En el pelo. Y nada de jazmines. Flores gordas, trozos de esparraguera y algo que parecía brócoli. De cuello para abajo, María Montez. De cuello para arriba, Carmen Miranda. Y acabó con Laura Sánchez vestida de torero. Con el traje que Montesinos hizo a César Jiménez. Ni que decir que la primera fila requeteaplaudió de pie. No era taurina la colección del cántabro, pero la primera modelo de Ángel Schlesser hizo de alguacilillo para despejarse el camino de cámaras. Al desfile acudió el todo-todo. De la Infanta Elena (en blanco y negro) a Ana Botella, de Lydia Delgado a Purificación García. La propuesta de Schlesser, «un lujo que nos hace mirar hacia el legado de Halston». La moda de antes de ayer.

Cerró el día Ágatha Ruiz de la Prada (con Gallardón entre el público). La novedad fue la ropa de gimnasia (que igual que la de esquí, es de Mito). Por lo demás, piezas confortables, divertidas y futuristas. «Barbarella» y así. Es decir, el futuro del pasado.