No habrá tarta en la boda Aznar-Agag

Por BEATRIZ CORTÁZAR
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Ni se lleva, ni se estila. Sólo así se entiende que los novios y ya prometidos Ana Aznar Botella y Alejandro Agag (los invitados presentes en la petición de mano anunciada en ABC dieron su palabra de que no comentarían nada de lo visto y oído en esa cena a la que no acudió ningún ministro) no tendrán el día de su boda -el 5 de septiembre en El Escorial- la tradicional tarta nupcial de varios pisos y mucho chantilly y con los muñecones en el ático coronando este rascacielos que los novios, sable en mano, inauguran al partir la primera ración. Esa foto, que figura en el álbum familiar de la mayoría de los matrimonios, no estará en el que protagonicen Aznar-Agag, puesto que las tendencias en las mesas finas la han descartado y ahora lo chic es servir el postre individual y sin tarta. Una tartaleta rellena de frutas silvestres con sorbete o unos lingotes de chocolate con hojas de menta, ocuparán el lugar de esas tartas de pastelero que ya sólo vemos en las bodas americanas o en las de grandes salones donde los novios ocupan tronos y se subastan a los postres la liga y la corbata.

Prueba de menús

Como la propia familia ha decidido, conocer cualquier detalle de esa ceremonia es de lo más complicado. Sí es seguro que el restaurador José Luis será quien se encargue de servir la cena (y eso que en la Casa de los Arcos del Real tiene la exclusiva del «catering» el Buffet Real) puesto que José María Aznar tiene debilidad por su cocina, no en vano fue quien sirvió la merienda del día de su comunión cuando el presidente tenía 7 años. El menú se decidirá durante los próximos días ahora que Ana Aznar ha terminado de examinarse de 3º de Psicología (con buenas notas, según oigo) y que dispone de más tiempo. La semana que viene los novios y sus respectivas madres se dedicarán a probar los diferentes menús que José Luis tiene para estas ceremonias. Un factor determinante en la elección son los 1.050 o 1.100 invitados que acudirán, que elimina casi de entrada un segundo plato de pescado, optando por la carne, seguramente algo de caza, que es más fácil tanto para los gustos como para dar con el punto. Lo normal es que el primero sea un plato frío. Ahora uno de los que más se cotizan en esa casa es un hojaldre realizado con foie y mango. Lo que sí es seguro es que se servirán los clásicos aperitivos de ese establecimientos cuya tortilla de patatas es inmejorable, sin olvidarnos del jamón, de sus croquetas, los fritos, los lomos de merluza a la romana, los muslitos de codorniz... En cuanto a los caldos, apunto el blanco Rueda de Viña Mocén y el tinto favorito de Aznar, el Pesquera. En esta boda no se oirán gritos de ¡viva los novios! ni brindis por el estilo. ¿Cava o champán? That´s the question.